“Esto va a ser difícil, pero va a terminar”

Los críticos con Maduro vuelven a salir en masa a la calle y celebran la presión internacional para mantener el pulso al oficialismo

Alonso Moleiro
Caracas, El País
La oposición venezolana ha vuelto a abrazar la esperanza y ha cargado de simbolismo sus dos marchas contra Nicolás Maduro en poco más de una semana. Si la del 23 de enero estuvo marcada por la juramentación como presidente interino de Juan Guaidó, la de este sábado, también multitudinaria, contó con un cierre musical, más típico de los actos chavistas: sonó El himno de la alegría mientras Guaidó saludaba a los seguidores y ponía punto final a una marcha que el joven político de 35 años había calificado de “demostración pacífica” de fuerza.


“Hoy se respira un ambiente de felicidad. La esperanza es lo último que se pierde, yo creo que estamos cerca de lograr el cambio. No sé cómo va a terminar esto, se lo dejo a los expertos, pero creo que no falta mucho para recuperar la libertad”, aseguraba Leonardo di Martino, un corredor de seguros de 32 años, mientras recorría las calles del este de Caracas hacia Las Mercedes, la zona donde tendría lugar la intervención de Guaidó. Las Mercedes es una zona en la que han proliferado las oficinas públicas, como la sede del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime), la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) y el Ministerio de Vivienda, que otros años solían estar fuertemente custodiadas. La avenida principal fue en 2017 campo de batalla frente a los órganos policiales. En esa misma calle fueron asesinados por lo menos dos de los más de 160 muertos de las jornadas de protesta de hace más de un año. Esta vez, al igual que el 23 de enero, no hubo ningún tipo de piquete policial en los alrededores. Guaidó logró otra copiosa manifestación de la oposición que terminó pacíficamente.

"Estoy dispuesta a salir a la calle todas las veces que sea necesario. Sé que esto puede durar, el Gobierno va a jugar a cansarnos. Tengo la ilusión de que la dictadura caiga muy pronto", decía Sheyna Uzcategui, arquitecta de 27 años. "Es primera vez que el respaldo internacional se hace tangible. Es importante que podamos mantener la calle caliente, como un espacio de encuentro, para reconocernos. No tengo dudas de que vamos a salir de esto", se mostraba esperanzado Iván Zambrano, comunicador social de 29 años. "El año pasado pensaba emigrar porque me sentía cercado profesionalmente. Siento que ahora el cambio es inminente y tiene sentido haberme quedado para saber que el chavismo tiene cura", insistía.

"Sabemos que tendremos que hacer un mayor sacrificio, pero estamos dispuestos. El Gobierno no va a aguantar el bloqueo de los países y la gente tampoco. Esto va a ser difícil, pero va a terminar", aseguraba Elsa Orta, administrativa de 60 años, cuya hija emigró a Madrid. Como ingeniera de sistemas solo podía lograr el sueldo mínimo en su país.

De Venezuela, sin acabar la universidad, también se fue el hijo de Rosa Mary Soto, de 47 años, que se mantiene con su ayuda, pues el salario mínimo apenas le alcanza. "Tengo fe en que salgamos de esto ya. Los que nos quedamos en Venezuela no podemos seguir así, sin medicinas, una clase media sin seguro médico, sin agua, sin que el dinero alcance", lamentaba.

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