Estudiantes no lo supo aguantar e Independiente rescató un empate

El Pincha ganaba por los goles de Apaolaza y Pellegrino, pero el Rojo se lo empató por tantos de Brian y Silvio Romero.

Clarín
Puntito y aparte para dos equipos que vienen de dejar en el carretel la agenda por doble competencia internacional con, se sabe, diferentes expectativas de su futuro, en donde Independiente sigue y Estudiantes no.


La mano parda en cierto modo cicatrizó algunas heridas, independientemente del modo, porque el reparto de unidades termina justificando los merecimientos: Estudiantes jugó un más que aceptable primer tiempo e Independiente lo emparejó en el segundo. Dicho de otra forma, cada equipo ganó un capítulo.

Con un detalle decididamente indiscutible: la pésima actuación arbitral. Que no solamente involucró a Ariel Penel, sino que alcanza a sus dos asistentes Yamil Bonfa y Facundo Rodríguez, muy parejos a la hora de no observar errores determinantes en contra de Estudiantes.

De todos modos, reducir la mala tarde de la terna arbitral al destino final del resultado podría significar una ligereza, por cuanto nadie en su sano juicio debería adjudicarse el triunfo cuando, sinceramente, la igualdad les cae como premio y castigo al mismo tiempo.

El juvenil equipo que conduce Leandro Benítez fue sencillo, directo y frontal. Un 4-2-3-1 práctico que encontró la recompensa a su verticalidad cuando, por la izquierda, el tándem compuesto por Iván Erquiaga y Matías Pellegrini madrugaron la quietud de Fabricio Bustos que no pudo evitar el centro para que Pancho Apaolaza anticipara a los centrales con un cabezazo de 9 antiguo.

Los de Avellaneda persistieron en su llamativa cadencia a la hora de transportar la bola, de gastar pases horizontales.

Y así les fue. Veinte minutos después, tras un lateral por derecha de Facundo Sánchez, Gonzalo Silva pifia el rechazo, Busto salta a destiempo y el zurdito Pellegrini tuvo a merced a Martín Campaña y lo ajustició.

Tras la reanudación y para tratar de ganar por primera vez en la Superliga, Independiente recuperó la memoria, el toque, la rotación y la puntería. Lo que a priori parecen demasiadas capacidades para un equipo nada fuera de lo común suponen, sin embargo, los suficientes argumentos como para justificar la igualdad.

El gol a los tres minutos de Brian Romero fue la inyección anímica para recuperar el “estilo-Holan”, porque Independiente comenzó a interpretarse a sí mismo. Fue confiable en defensa, consistente a partir de la tenencia en la zona central y profundo a la hora de encarar los últimos 15 metros.

O sea: conforme al potencial puso a sus jugadores en donde más los necesitaba.

Releyendo el pasado Alan Franco jugó de Pancho Sá; Maxi Meza se puso la casaca del Pato Pastoriza y Silvio Romero copió la versatilidad ofensiva de Daniel Bertoni.

Así llegó el empate de Silvio Romero, con una combinación de toques rápidos y al pié de izquierda a derecha, en donde un medio giro del goleador dejó clavado a Andújar sin poder adivinar por dónde se colaría el disparo.

La expulsión de Nicolás Figal, a los 26 del complemento, otro yerro del árbitro, un apresuramiento innecesario, congeló el trámite porque Independiente estrechó las filas y Estudiantes no supo aprovechar el vacío de jugar con uno de más.

Con el diario del lunes, podría interpretarse que ambos unieron fisuras.

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