Elecciones legislativas en Estados Unidos: los 9 estados y 43 distritos clave para el futuro de Donald Trump

Los estadounidenses votarán el 6 de noviembre para renovar el Congreso. El Partido Republicano mantiene el control de ambas cámaras desde hace cuatro años, pero los análisis indican que podría perder al menos una. Si fueran las dos, el Presidente tendría que completar su mandato acechado

Darío Mizrahi
dmizrahi@infobae.com
Estados Unidos empezó a transitar el camino hacia las elecciones de medio término más dramáticas de las últimas décadas. Comicios que históricamente reciben menor atención, por ser exclusivamente legislativos a nivel nacional, se convirtieron en un plebiscito que podría resultar decisivo para el futuro de Donald Trump en la Casa Blanca.


El ambiente ya venía recalentado por las investigaciones judiciales contra el entorno presidencial, en el marco de la trama de la injerencia rusa en las elecciones de 2016. La carta abierta publicada esta semana en The New York Times, en la que un alto funcionario nombrado por Trump dijo —sin revelar su identidad— que al interior del gobierno hay una resistencia contra el Presidente, y que evaluaron acudir a una enmienda constitucional para destituirlo, terminó de exasperar los ánimos.

"Les gusta usar la palabra impeachment. 'Impeach Trump', dicen. ¿Cómo le pueden hacer un impeachment a alguien que está haciendo un gran trabajo? Pero, si termina sucediendo, va a ser culpa de ustedes, por no haber ido a votar", dijo el mandatario durante un acto proselitista en Montana. El mensaje que le transmitió a sus enfervorizados seguidores revela la gravedad que él mismo le está asignando a las elecciones.

Con la misma intensidad lo vive la oposición. "Este es uno de esos momentos pivotales en los que nosotros como ciudadanos estadounidenses tenemos que determinar quiénes somos. Tienen que ir a votar, porque nuestra democracia depende de ello", afirmó este viernes el ex presidente Barack Obama.

El 6 de noviembre se elegirán 39 de los 50 gobernadores, además de miles de autoridades legislativas y ejecutivas de nivel subnacional. Pero lo verdaderamente decisivo es la renovación del Congreso, que actualmente está bajo control del Partido Republicano.

Se elige a la totalidad de los miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio de los senadores. Las proyecciones indican que es muy difícil que el oficialismo pueda retener la mayoría en la cámara baja, pero tiene altas probabilidades de conseguirlo en la alta. De un puñado de estados y de distritos que están muy peleados depende el resultado final, que podría tener un impacto trascendental en los próximos años de la política norteamericana.

"Los estados clave son aquellos en los que se eligen senadores, particularmente los que tienen competencias muy parejas. También son muy importantes los distritos legislativos con elecciones competitivas. Ellos son los que van a determinar quién obtiene la mayoría en cada cámara", explicó Joseph Bafumi, profesor de gobierno en el Dartmouth College, consultado por Infobae.

Las batallas que definirán el nuevo Congreso

La Cámara de Representantes está compuesta por 435 legisladores, y el país se divide en 435 distritos legislativos, de modo que cada uno elige a un solo representante. En un sistema marcadamente bipartidista, la disputa suele ser entre un candidato republicano y uno demócrata.

Un rasgo distintivo del Parlamento estadounidense es la altísima tasa de reelección. En cada ciclo electoral cerca del 90% de los candidatos son congresistas que buscan un nuevo período. Como las identidades partidarias son muy estables, y quienes están en el cargo cuentan con múltiples ventajas, tiene éxito una proporción similar de los que buscan la reelección. Eso explica que los legisladores pasen, en promedio, muchos años en sus escaños.

Esta dinámica permite proyectar con alto grado de exactitud cuál será el resultado en la mayor parte de los distritos. Por ende, los cambios que se producen en las mayorías de un período a otro se explican, en gran medida, por lo que sucede en un pequeño número de batallas. Son aquellas en las que el legislador que busca la reelección se vio involucrado en algún escándalo que dañó su imagen, o aquellas en las que quien está en el poder decide retirarse y deja vacante su lugar.

En la composición actual, los republicanos tienen 241 bancas y los demócratas 194. Para tener la mayoría se necesitan al menos 218. Si hay muchas chances de que la Cámara cambie de manos es, en primer lugar, porque 37 miembros del oficialismo no irán por la reelección, contra sólo 18 representantes de la oposición, menos de la mitad.

Según el promedio de las principales encuestas que realiza RealClearPolitics, 392 de los 435 escaños tienen un favorito muy claro, que le saca mucha diferencia a sus competidores. Entre ellos, 201 son demócratas y 191 son republicanos.

Eso significa que la clave estará en el resultado de los restantes 43 distritos, en los que hay paridad. Con la excepción de dos circunscripciones en Minnesota, las otras 41 están en manos de republicanos. Considerando que los demócratas ya tendrían 201 bancas "seguras", para llegar a 218 sólo necesitarían defender las dos que están muy parejas y que ya están en su poder, y robarles a sus rivales 15 de las 41.

"La Cámara representa la mejor oportunidad para los demócratas, y el grueso de los sondeos apuntan a que habrá significativas derrotas republicanas. Esos resultados serían un espejo del histórico patrón de que el partido del presidente pierde un número importante de bancas en las elecciones de medio término", dijo a Infobae Cindy Simon Rosenthal, directora del Centro de Estudios e Investigaciones Parlamentarias de la Universidad de Oklahoma.

Entre los 43 distritos clave se destacan seis en California —que es el que más tiene, por ser el estado más poblado del país—; tres en Minnesota, Nueva Jersey y Texas; y dos en Illinois, Iowa, Kansas, Michigan, Nueva York, Ohio, Virginia y Washington.

"Los demócratas harán foco en los distritos que están en manos de republicanos, pero que votaron por Hillary Clinton las presidenciales de 2016 —continuó Rosenthal—. De la misma manera, los republicanos se concentrarán en los que están bajo control demócrata, pero Trump ganó en 2016. Las circunscripciones suburbanas también son un objetivo, porque se asume que las mujeres blancas de los suburbios están desencantadas con el presidente".

El Senado, la gran esperanza de Trump

La historia es muy diferente entre los senadores. Son 100, dos por cada uno de los 50 estados, pero la renovación no es total como en la Cámara. Los mandatos duran seis años, de modo que en cada elección se elige a 33.

La votación también es individual, porque el recambio se hace de manera tal que en cada ciclo electoral se elija a un solo senador por estado. Sin embargo, en este caso hay dos que votarán por duplicado: son Minnesota y Mississippi, donde dos legisladores presentaron la renuncia. De todos modos, van en boletas separadas, como si fueran dos elecciones diferentes.

El Partido Republicano controla el Senado por una exigua diferencia: tiene 51 de las 100 bancas. Pero no será fácil para el Partido Demócrata arrebatárselo, porque de los 35 escaños que se ponen en juego, 26 están en su poder. Si los republicanos logran sostener los otros nueve, preservarán su dominio. Incluso podrían perder uno y seguir al mando, porque en caso de empate puede votar el vicepresidente Mike Pence.

"Que haya una mayoría demócrata en la Cámara es bastante probable, pero una en el Senado en bastante improbable. Necesitarían una demostración muy fuerte para llevarse todo. Hay que decir que el partido del presidente suele perder escaños en los comicios de medio término y que los números de aprobación de Trump están bajo el agua, dos factores que sugieren que a los demócratas les tendría que ir bien en noviembre. Pero aún falta mucho. Hay eventos que podrían modificar las prioridades de los votantes y Trump es muy efectivo para movilizar a su base", sostuvo Kathleen Donovan, profesora del Departamento de Ciencia Política del St. John Fisher College, en diálogo con Infobae.

Los datos de RealClearPolitics muestran que hay 24 estados con un favorito claro —entre ellos, Minnesota y Mississippi, así que suman 26 bancas—: 22 para los demócratas y cinco para los republicanos. En otros nueve estados hay bastante paridad y el resultado es incierto. Cinco de ellos son azules y cuatro son rojos. Para quedarse con el Senado, los opositores tendrían que defender exitosamente esos cinco estados y sacarle dos de los cuatro al oficialismo. Muy difícil.

En Texas, uno de los nueve en disputa, Ted Cruz, ex precandidato a presidente republicano, busca un nuevo período como senador. Aventaja por 4,4 puntos a su rival demócrata, Beto O'Rourke, y todo indica que vencerá, aunque la campaña está más pareja de lo que se esperaba.

Los demócratas harán foco en los distritos que están en manos de republicanos pero que votaron por Hillary Clinton las presidenciales de 2016

Los demócratas tienen mayores chances en los otros tres estados bajo control republicano: Arizona, Tennessee y Nevada. En el primero, el senador Jeff Flake decidió no presentarse, y su candidata, Martha McSally, está 5,4 puntos por detrás de la opositora Kyrsten Sinema, que podría quedarse con el escaño.

En Tennessee, Bob Corker tampoco volverá a postularse. El ex gobernador Phil Bredesen, demócrata, aventaja por 1,3 puntos a Marsha Blackburn. En Nevada, Dean Heller sí tratará de retener el escaño, aunque perdió terreno porque en un primer momento había dicho que intentaría ir por la gobernación y luego se arrepintió. Jacky Rosen tiene una luz de 0,6 puntos.

Pero los demócratas están en problemas en tres de los cinco estados que deben defender. En los otros dos, que son Montana e Indiana, los sondeos les otorgan una diferencia superior a cinco puntos, así que están un poco más tranquilos.

En Florida, el senador Bill Nelson enfrenta a un duro rival, el actual gobernador Rick Scott, que está 1,3 puntos arriba. En Missouri, Claire McCaskill está 0,6 por debajo de su contendiente, Josh Hawley. En Dakota del Norte, la senadora Heidi Heitkamp está medio punto abajo de Kevin Cramer.

Hay un antecedente poco alentador para el partido: en 2016, Trump se impuso en los tres estados. Entonces, aunque recupere Arizona, Tennessee y Nevada, lo cual parece factible, no sería extraño que pierda Florida, Missouri y Dakota del Norte. Así, todo quedaría como está ahora.

"Es más probable que los republicanos pierdan la mayoría en la Cámara que en el Senado. A los demócratas les costará mucho ganar nuevas bancas e incluso mantener las que ya tiene. Dicho eso, parece haber una ola azul que explica por qué son favoritos a quedarse con la Cámara, con probabilidades que oscilan entre 55% y 75% dependiendo del modelo que se use. Si la ola se vuelve realmente grande, esas chances se incrementarán también en el Senado", dijo a Infobae Christopher Wlezien, profesor del Departamento de Gobierno de la Universidad de Texas en Austin.

Los escenarios posibles después de las elecciones

Si el Partido Republicano retiene el Senado y lograra la hazaña de conservar también la Cámara de Representantes, la dinámica de la política estadounidense daría un vuelco. Se vería fortalecido —como nunca desde su asunción— un presidente que viene golpeado por una sucesión de denuncias e investigaciones que acechan a su círculo íntimo, por la revelación de una presunta resistencia interna en la Casa Blanca y por el fantasma incesante del impeachment.

Ante semejante legitimación, seguramente quedaría descartada la posibilidad de que avance un juicio político en el Congreso, porque tendría que ser impulsado por su propio partido. Además, Trump se sentiría con el aval para redoblar los esfuerzos en algunas de sus políticas más cuestionadas en materia comercial, migratoria y diplomática.

Las cosas serían muy distintas si se diera el escenario más probable, que los demócratas copen la Cámara, pero los republicanos conserven el Senado. "Se verían más audiencias y mayor supervisión parlamentaria —dijo Donovan—. Por ejemplo, con revisiones sobre los negocios de Trump y citaciones en el marco de la investigación rusa. También es posible que avancen algunas iniciativas de impeachment, aunque, como muchos estadounidenses olvidan, el Senado es el que absuelve o condena".

La probabilidad de un impeachment, que es una cuestión política, se incrementaría sustancialmente si los demócratas obtienen un gran triunfo el día de la elección

Perder la Cámara sería un problema para el gobierno. En un contexto de creciente polarización política, le costaría mucho aprobar leyes, sobre todo teniendo en cuenta la dificultad de esta administración para alcanzar acuerdos bipartidistas.

"El Senado es aún más importante para el presidente, porque es el que aprueba o rechaza los principales nombramientos, como está pasando ahora con la nominación de Brett Kavanaugh para integrar la Corte Suprema", indicó Wlezie.

Perder las dos cámaras sería una terremoto. No sólo porque casi no podría impulsar nuevas leyes ni cubrir vacantes en los tribunales federales ni en otros cargos clave. Sería un golpe verdaderamente inesperado, que dejaría muy debilitado a Trump hasta el final de su mandato.

"A la Administración le resultaría muy dificultoso cumplir sus objetivos políticos —dijo Bafumi—. Adicionalmente, tendría que soportar investigaciones más rigurosas y cargos por corrupción. La probabilidad de un impeachment, que es una cuestión política, se incrementaría sustancialmente si los demócratas obtienen un gran triunfo el día de la elección".

No obstante, el proceso de juicio político es largo y complejo. La Cámara aprueba por mayoría simple su realización en caso de considerar que hay argumentos válidos, pero luego es el Senado el que emite la sentencia definitiva, y para destituir al presidente se necesita una mayoría calificada. Es decir que al menos parte de su propio partido tendría que acompañar.

"La sentencia y la remoción requieren 67 votos en el Senado. Entonces, los demócratas no podrán hacerlo sin los republicanos, que no lo van a condenar, a menos que algo dramático suceda", concluyó Donovan.

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