Nicolás Fernández, el más chiquito de una familia que tiene el gol como hábito

Defensa y Justicia remontó un 0-2 en la Fortaleza ante Lanús con dos tantos del delantero de 22 años, hermano de Brian y de Leandro.

Clarín
Porta un apellido común, sin embargo este Fernández -Nicolás, 22 años, 24 partidos, 12 goles- sabe marcar identidad propia. Cada vez que aparece en cancha, como viene reiterando en su corta trayectoria, intensifica el poder ofensivo de Defensa y Justicia.


Volvió a celebrarlo El Halcón para equilibrar un partido que había comenzado sumamente adverso. Y, simultáneamente, lo sufrió Lanús, que había arrancado con todo y al final casi se quedó sin nada.

Venía de un desgarro Nicolás Fernández, por eso se sentó en el banco de suplentes. La idea era darle media hora de acción, pero ante la anemia goleadora de Defensa y Justicia, el delantero tuvo más minutos: entró al comienzo del segundo tiempo. Y vigorizó el ataque del equipo de Beccacece. Fue factor fundamental para inquietar a la segura defensa de Lanús y se complementó bien con Togni. Antes de su doblete goleador -un zurdazo, tras centro de Togni, a los 34 minutos y un frentazo, ganándole el salto y la posición a Monteseirín y Pasquini, a los 37- había pegado un disparo en un poste. Con presencia y potencia de un definidor experto.

Lanús, lejos en nombres de aquel Lanús que paseó su calidad y potencial por canchas argentinas y americanas hace poco tiempo atrás, reflotó esa feliz esencia en el inicio del partido. Con refuerzos y con pibes del club, desplegó la vieja y conocida fórmula: buena circulación, utilización de los espacios para terminar en forma vertical hacia el arco de enfrente, triangulaciones y toques, destellos de talento individual y colectivo.

Y a los 12 minutos ese dominio tenía correlación con el resultado. Un penal convertido por Sebastián Rivas -ex Patronato-, tras una infracción de Barboza a Pereyra Díaz, abrió la cuenta. Un golazo desde afuera de Tomás Belmonte la estiró. Dos a cero y tranquilidad absoluta.

A esa altura del partido, lejos podía presagiarse lo que sucedería. Lanús manejaba el partido a voluntad. Tenía todo bajo un estricto control.

Hasta que ingresó Nicolás Fernández y torció el destino. El menor de la dinastía Fernández -es hermano de Leandro Fernández, ex Godoy Cruz y ahora en Independiente, y de Brian Fernández, ex Defensa y Justicia, Racing, Sarmiento, Metz, Unión La Calera y actualmente en Necaxa- hizo lo que parecía imposible.

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