Gran Bretaña teme que Rusia realice un ciberataque como represalia por las sanciones

El Centro Nacional de Seguridad ha puesto en alerta a bancos, centrales nucleares y servicios públicos.

María Laura Avignolo
Clarín
Cuando Gran Bretaña se apresta a adoptar duras sanciones contra los oligarcas rusos pro Vladimir Putin, a sus propiedades, fondos y quitar visas de estudiantes a sus hijos que asisten a colegios y universidades británicas, el reino espera una ataque ruso cibernético de represalia. La presunción ha puesto sus centrales nucleares, sus bancos -incluidos el Banco de Inglaterra-, las compañías aseguradoras, proveedores de agua y el CCHQ, el mayor puesto de escucha británico de sus agencias de inteligencia, en máxima alerta.


El Centro Nacional de Seguridad trabaja con estas instituciones cuando el gobierno de Theresa May analice con su Comité de seguridad y sus aliados las próximas medidas a adoptar. Los cancilleres europeos se reunirán en Bruselas este lunes con Boris Johnson, el ministro de relaciones exteriores británico. También se encontrará con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

Los servicios de inteligencia británicos evalúan que Putin tratará de ridiculizar a Gran Bretaña dejándolo sin luz, atacando sus centrales nucleares, sus plantas de agua y sus sistemas eléctricos, en el más hostil de los actos. Todos estos sectores están fortaleciendo sus defensas contra un ataque cibernético.

Poco antes de que la Organización de Armas Químicas Prohibidas aterrice oficialmente este lunes en Gran Bretaña para investigar el gas nervioso utilizado en el ataque contra Sergei Skripal y su hija Yulia, el pasado 4 de marzo, Boris Johnson participó en los programas dominicales de televisión británicos para acusar a Rusia de haber hecho un stock durante los últimos 10 años de Novichok, el gas nervioso utilizado contra el doble espía en Salisbury.

“Nosotros tenemos actualmente evidencias de que, en los últimos 10 años, Rusia no solo ha investigado agentes nerviosos con el propósito de asesinatos, sino además que ha creado y stockeado Novichok”, dijo el canciller en la televisión británica.

La declaración coincidió con el anuncio de la llegada a Gran Bretaña, este lunes, de científicos de la organización para la prohibición de armas químicas, que tomarán muestras del gas nervioso utilizado en el intento de asesinato al doble agente en Salisbury y lo enviará “a reputados laboratorios internacionales”. Los resultados se van a conocer en dos semanas más. Los científicos visitarán Salisbury y el laboratorio de Port Dawn, que detectó el gas nervioso.

Las acusaciones de Boris Johnson son el primer paso británico para buscar una coalición europea contra Rusia, que hasta ahora no ha dado más que apoyos retóricos a Gran Bretaña. Ningún país europeo ha anunciado sanciones contra Rusia. Mayoritariamente han recomendado dirimir este conflicto del gas nervioso en el marco de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas, que tiene sede en La Haya.

Las represalias que se esperan contra los oligarcas pro Putin podrían afectar al billonario Roman Abramovicih, dueño del Chelsea Fútbol club. Creen que ellos y sus hijos, que estudian en Gran Bretaña y no quieren cambiar su estilo de vida, serán las más dolorosas sanciones para el régimen, cuando muchos de sus familias residen en Londres, están internados en el colegio de Eton o estudian en las universidades de Cambridge, Oxford y LSE.

Los oligarcas rusos y sus inmensas fortunas de dudoso origen alimentan la City, que va a sufrir con las sanciones y el aislamiento que implica el Brexit para ella.

“El gobierno no se va a apurar en las acciones. Hay una decisión colectiva de que Putin debe tomar seriamente las medidas”, dijo una fuente de Downing St, la residencia de la primera ministro. El ex procurador Lord McDonnald confirmó que una “agresiva estrategia financiera” contra los ricos rusos cercanos a Putin “será la más efectiva arma británica en las actuales circunstancias”.

Los gobiernos de la Unión Europea le exigen a Gran Bretaña que “ponga la casa en orden” y no permita estos fondos de origen de la corrupción, el lavado de dinero y el crimen organizado en el reino. Europa sancionó a Rusia tras la anexión de Crimea, en 2014, y sorprendió a Vladimir Putin. Esas sanciones continúan vigentes y son dolorosas para el régimen.

Rusia Today, la televisión rusa que tiene una licencia para transmitir desde Gran Bretaña, podría perderla. Putin se tomaría revancha expulsado a los medios británicos en Rusia.

Lo desertores y ex espías en Gran Bretaña han recibido mails del “Special Branch” antiterrorista británico, advitiéndoles que tomen medidas porque ellos podrían ser los próximos. Pero no se sienten protegidos suficientemente por los servicios de seguridad británicos.

Los laboristas se quieren distanciar de Jeremy Corbyn, su líder, que se negó a condenar a Rusia en el ataque y exigió “evidencias” al gobierno. El chancellor en las sombras laborista, John McDonnell, propuso una serie de medidas como el “impuesto oligarca”, que se cobraría a todos los que han comprado propiedades en Gran Bretaña, a través de trusts “off shore” o en paraísos fiscales.
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“Si nosotros queremos llevar la pelea a los políticos gánsters y a las elites rusas escondiendo su dinero en Gran Bretaña, necesitamos adoptar medidas serias que les peguen donde más les duele: su billetera”, dijo. Y llamó a transparentar por ley esas compras que llegan de paraísos fiscales.

Gran Bretaña busca legislar en emergencia para confiscar los bienes y dinero de gente que vive en Rusia, pero tiene su dinero en Gran Bretaña. Al mismo tiempo va a revisar el sistema de visas para que no puedan viajar a Londres y cerrará el centro ruso de Highgate, en el norte de Londres, que es considerado un nido de espías rusos.

Van a tener como objetivo lista de oligarcas viviendo en Londres y publicará una lista de los diplomáticos y espías expulsados del reino.
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La razón es simple: los servicios de inteligencia creen que Rusia va a publicar la foto, los nombres y los cargos de los diplomáticos y espías británicos en Moscú para impedir que sean enviados a otro destino.

La salud de Sergei Skripal y su hija Yulia se ha agravado en las últimas horas. Ahora la policía considera la hipótesis de que el gas nervioso con el que intentaron asesinarlos podría haber sido distribuido por el ventilador de aire del automóvil BMW del doble espía, en forma de polvo. Los investigadores buscan testigos para reconstruir su itinerario.

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