Tres puntos de sutura

Los rojiblancos se redimieron de la eliminación de Copa. Marcaron Griezmann, Torres y Thomas. El Atleti aventaja en seis puntos al Valencia. Bien Las Palmas la primera parte.

Patricia Cazón
As
La batalla de la Copa perdida en Nervión ya tiene sutura. Tres puntos le dio ayer el Atleti ante un Las Palmas que tuvo la posesión (55%) pero sólo le resistió una parte. El hilo lo llevaban Griezmann, Torres y Thomas en la bota. La venda la pondría otro, sin embargo, un Correa que resultó providencial nada más comenzar a rodar el balón. Una cicatriz le parte en dos el pecho. Sabe bien de levantarse, curar y sanar. Y salvar, como aquí.


Una galopada suya a lo Bolt, de área a área, para evitar que Jairo rematara una contra conducida por Toledo, fue uno de los pocos vestigios que dejaría la primera parte. Bajo la tarde fría y ventosa, se citaban en el Metropolitano dos equipos con heridas y ganas de olvidar. Pero sólo lo hacían a ratos, con flashes de fútbol que iban y venían. Esa ocasión desbaratada para Paco Jémez por Correa fue el primero. Después asomó la zancada de Torres. En el once por problemas de estómago de quien iba a ser titular, Gameiro, se presentó como un soplo al que agarrarse para espantar las ganas de siesta.

Primero le filtró un balón a Gabi que se quitó como pudo de encima Chichizola. Después marcó el camino del Atleti al área canaria con una arrancada potente entre tres rivales. En esa oleada de dominio, pudo Griezmann colarle a Chichizola un balón con una exquisitez de espuela de las que sólo sus botas imaginan. El disparo se estamparía en el travesaño, entre signos de exclamación. Al francés le libera jugar junto a otro 9 como Torres. Su capa estaba en todas partes, aquí y allá.

Pero no descompondría a Las Palmas, empeñada en tejer una tela de araña en su área que enredara al Atleti y le impidiera volver a rondar a su portero. Los balones en largo fueron, durante un buen rato, el único ataque rojiblanco. La posesión era repartida, la intensidad similar. Si en Las Palmas insistía Toledo, en el Atleti todos los balones iban a Gabi: robaba y, en seguida, lanzaba a su equipo hacia el área contraria. Pero a Correa se le fueron cegando los caminos y el peligro que Griezmann llevaba, en sus carreras, disparos y desmarques, seguía siendo un tanteo. Duraría toda la primera parte.

Al regresar el partido, Koke se había quedado bajo la ducha. Otro aviso a un jugador que hace no tanto era intocable, tras otra tarde gris, incapaz de encontrar un pasillo entre las piernas. Carrasco ocuparía su lugar y el campo se convertiría en una rampa directa a Chichizola. Los minutos pasaban y pesaban en las piernas de Las Palmas. Un quintal, dos. El Atleti dominaba. Pronto lo haría también en el marcador. La bota de Griezmann fue como la cuchara con la que Andy Dufresne cavó su túnel en Cadena Perpetua: el camino a seguir. Error de Las Palmas, robo y contra. Todos los goles llegarían así. La mitad de este primero fue de Juanfran, que le quitó el balón a Castellanos y lo lanzó, telemétrico, para la carrera de Grizi. Toque sutil del francés, 1-0 y cosido el primer punto.

El segundo llegaría trece minutos más tarde, tras un palo de Griezmann y un puñado de ataques canarios que hacían cosquillas más que inquietar. De nuevo apareció esa zancada, El Niño. Robo a Navarro y contra conducida entre Correa y Grizi que finalizó Torres. Balón a la escuadra, puño al aire, su flequillo al viento. Y ese grito de celebración que al Metropolitano le sale del alma. Lolololo. Porque cada gol de Torres hasta el hormigón lo siente propio.

El The End lo pondrían entre Vitolo, Carrasco y Thomas, los tres cambios. Robó el primero, corrió el segundo y marcó el tercero. Recuperó el Atleti la sonrisa y se asienta sobre esa segunda plaza en LaLiga. Con el Valencia a seis puntos y esa herida del martes ya cosida, ya cicatrizando.

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