Trump y Putin se reunirán en Alemania bajo la sombra de la trama rusa

En pleno escándalo por la injerencia electoral rusa, los presidentes se verán por primera vez y tratarán la guerra en Siria

Jan Martínez Ahrens
Washington, El País
Al final, se verán las caras. Donald Trump y Vladímir Putin mantendrán este viernes en la cumbre del G-20 de Hamburgo una reunión bilateral. Habrá asistentes, notas y tiempo para la discusión. Un encuentro que en cualquier otro caso entraría en la normalidad diplomática, pero que ante los dos machos alfa de la política mundial adquiere aires explosivos. Nunca se han visto y entre ellos fluye una electricidad insólita. Casi fascinación.


La última reunión formal entre presidentes se celebró en septiembre de 2015 en Naciones Unidas. Duró 90 minutos y, pese a las sanciones por Ucrania, Barack Obama la lidió sin escándalo. Ahora todo ha cambiado. El cara a cara con Putin ha sido desaconsejado por los asesores. El poderoso sector militar de la Casa Blanca desconfía abiertamente de Rusia. Y los servicios de inteligencia consideran sin asomo de duda que el Kremlin es un enemigo hostil que orquestó una campaña de desprestigio contra Hillary Clinton durante las elecciones. Una injerencia destinada a favorecer a Trump y que alimenta la madre de todos los escándalos en Washington: la trama rusa.

La investigación de este caso apunta al propio presidente. Tanto el FBI como el fiscal especial, Robert Mueller, tratan de averiguar si hubo coordinación entre el equipo de campaña de Trump y Moscú. Las pesquisas avanzan sin tregua y en el camino ha caído abrasado el primer consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, y ha resultado parcialmente inhabilitado el fiscal general, Jeff Sessions.

Bajo estas coordenadas, cualquier error del republicano al tratar con Putin se le volvería en contra. Un paso en falso y el incendio será casi imposible de controlar. No es algo nuevo. Ya ocurrió con la visita el 10 de mayo a la Casa Blanca del ministro de Exteriores ruso. Trump, eufórico, le comunicó información secreta sobre terrorismo. El desliz no se ha olvidado y es por ello que la Casa Blanca teme el espinoso escándalo ruso y aunque ha admitido que el mandatario puede sacarlo a colación, también ha destacado que no hará hincapié en él.

Para el presidente, el punto neurálgico es Siria y la lucha contra el terrorismo del ISIS. Ahí espera lograr avances, aunque sea a costa de encerrarse con Putin en una burbuja. A su favor juega que los rusos buscan un diálogo estable e insisten en que se les retiren las sanciones, incluidas las impuestas por Obama por la injerencia electoral. No es algo que esté en manos de Trump después de la decisión casi unánime del Senado de blindarlas. Pero no cabe duda de que a Putin le conviene tener acceso a un personaje que públicamente le ha manifestado su admiración. Alguien que en plena campaña electoral pidió que continuara jaqueando los correos de su rival. En Hamburgo, frente a frente, lo podrán recordar.

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