No hay sucesor en el MAS porque Evo concentra las lealtades

Las condiciones para que haya un heredero en el MAS no están dadas, según los analistas, a diferencia de lo que ocurrió en Ecuador, que creó un líder alternativo. Hay estudios que señalan los problemas que causa la prórroga en el poder

Javier Méndez Vedia
El Deber
Si se toma en cuenta un estudio (Amherst College, Universidad Javeriana y el IESA de Venezuela) sobre las reelecciones presidenciales y los cambios constitucionales en América Latina, ser un presidente en ejercicio aumenta un 62,78 por ciento las probabilidades de ganar la reelección. La economía, según el investigador Michael Penfield, que conoce el caso boliviano, ayuda al candidato. Un aumento del gasto público se relaciona directamente con los votos conseguidos, según un análisis realizado en 117 elecciones en 18 países sudamericanos. Por cada 1% de aumento del gasto público, produce en los votos un efecto favorable del 1,32%.



No son muchos los presidentes que han buscado cambiar la Constitución para ser reelegidos. El intento de repostulación de Evo Morales es parte del 9,45% de las ocasiones en que un mandatario ha intentado modificar las restricciones para seguir en el poder.


El economista e investigador social afín al MAS, Armando Ortuño, dice que el problema no es el segundo o el tercer mandato, sino tener la capacidad de proponer, escuchar a la gente y no ser soberbios. “La alternancia en sí no es buena ni mala, pero genera incentivos para buenos resultados. Renueva a la gente, surgen nuevas ideas”, considera.


En el contexto sudamericano, según su análisis, el electorado se ha vuelto más exigente. Por eso es que Dilma Rousseff en Brasil, Mauricio Macri en Argentina y Lenin Moreno en Ecuador ganaron por un margen inferior a dos puntos. “Eso, en política, es un empate”, complementa el politólogo Luis Andia. Hay un ganador formal, que se sienta en la silla del poder, pero sociopolíticamente no hay un ganador: “Si bien hay elecciones reñidas en Latinoamérica, aún hay un electorado que respalda los gobiernos progresistas (a excepción de Brasil, en el que intervino el factor de la corrupción).


Si Andia fuera asesor de Evo Morales, le diría que hay que seguir nomás. “La política es hoy. El mediano plazo no existe. Por eso la oposición está concentrada estratégicamente en que no haya reelección. El político que está en el poder tiene vigencia, y el que está en la oposición, está triste”, resume. Hace un mes, Andia consideraba que una probable retirada –aunque sea momentánea- de Evo Morales implicaría una división en el Movimiento Al Socialismo. Ha cambiado de opinión. “Con la popularidad de Evo y de García Linera, creo que el vicepresidente es la alternativa, el plan B si Evo Morales no se postula”. El vicepresidente, considera Andia, ha dejado de ser el hombre sin consenso de la primera gestión de Gobierno. Ninguno “ni los más indígenas ni los menos indígenas” pueden disputarle ese puesto, aunque reconoce que en eso influye el hecho de que el MAS se ha urbanizado, es decir, aumentó su presencia en las ciudades. Eso acerca el proceso boliviano al de Ecuador.

“No somos progresistas”
Hugo Moldiz, exministro de Gobierno del MAS y experto en asuntos internacionales, prefiere llamar ‘gobiernos progresistas’ a las experiencias de Brasil con Lula y Dilma, y de Argentina con Néstor Kirchner y Cristina Fernández.


La diferencia con los procesos en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua es que se trata de revoluciones por la vía de una Constituyente. “En Brasil y Argentina lograron el Gobierno pero no el poder. Tomaron el Ejecutivo pero no hubo procesos de transformación estatal y social. Aunque es un momento difícil, los gobiernos donde hubo revoluciones tienen mejores condiciones de salir adelante que aquellos gobiernos donde no se registró una revolución”, considera. El carácter revolucionario de Bolivia, asegura Moldiz, se debe a que es un proceso colectivo sostenido por un triángulo conformado por liderazgo histórico, proyecto alternativo y fuerza organizada. “Todo eso es ahora una trinidad victoriosa. Pienso que la revolución boliviana necesita todavía un periodo más del presidente Evo. Hay un proceso profundo en Bolivia, a diferencia de Argentina y Brasil, y el ritmo que le imprime Evo a la gestión, el sello que le pone, es un sello particular. La revolución necesita su impronta”.


El analista y también exministro Gustavo Fernández no encuentra elementos suficientes para decir que hay un frente cohesionado que pueda derrotar al MAS y su candidato. Hay movimientos colectivos de nuevas generaciones que están dispersos, cohesionados en torno al rechazo. “No hay todavía una propuesta en torno al liderazgo, pero puede ser que madure. Es muy prematuro emitir una opinión”, dice.


Si bien en Ecuador funcionó la fórmula de la continuidad con Lenin Moreno, eso no significa que va a funcionar en Bolivia, porque la política no es mecánica. “Tenemos que esperar los tiempos. Las elecciones serán en tres años. Hay margen, además, para una oposición emergente formada por una nueva generación. Moldiz lamenta que, en 11 años, la actitud de la oposición haya sido reactiva, no propositiva, en desmedro de la democracia. “Las actitudes reactivas pueden lograr un efecto momentáneo, incluso afectar, como el 21-F, pero con actitudes reactivas no se gobierna. ¿Qué van a hacer? El país no sabe qué propone la oposición. Haría lo que hacen Temer o Macri, privatizar y botar a la gente. No es una oposición programática”


“Archipiélago disperso” le dice el analista Jorge Komadina a la oposición. En todo proceso, dice, el líder es importante pero no insustituible. “Un movimiento fuerte puede crear nuevos liderazgos para que el proceso pueda reproducirse. No es la realidad boliviana”. El caso de Ecuador es distinto porque el movimiento de Correa fue estructurado desde el Estado, por lo tanto es diferente al MAS. En el MAS, Evo ocupa un lugar central, imprescindible. No han crecido alrededor suyo otros líderes.

No hay diversidad de corrientes ideológicas que actúen como contrapeso, desde la óptica del profesor cochabambino. “Como el propio García Linera dijo, es un movimiento que gira y se nutre en torno a Evo Morales. Si quita esa pieza, se va a derrumbar. El MAS se ve impotente por su propia conformación orgánica y su cultura política para encontrar un sustituto para poder hacer una nueva gestión, mientras espera la habilitación constitucional”.


Según la investigadora María Teresa Zegada, la democracia tiene como fundamento la alternancia en el poder, a diferencia de la vieja monarquía. La continuidad “encubre problemas, no permite que venga otra opción política que pueda fiscalizar, y además la alternancia hace que tengan mayor responsabilidad en la gestión pública, porque otro puede revisar los actos públicos. Las razones políticas externas señalan que en Bolivia habría sido mejor tomar la decisión de ir con otro candidato, como lo que Correa hizo en Ecuador, al mantenerse como figura de recambio. Se quiso hacer con Lula en Brasil, pero no prosperó por la descomposición del sistema político.


Zegada piensa que lo que ha impulsado al MAS a insistir en la reelección es la reproducción del poder del proyecto. “El personaje que es capaz de mantener la cohesion organizativa interna es Evo Morales. Sacarlo puede significar fraccionamiento, tensiones y resquebrajamiento”. El problema del MAS consiste en que la red de lealtades se ha tejido con Evo, no con el partido.
Remata Carlos Toranzo: “Morales es dueño del MAS, no hay un segundo visible y viable. Pero los vacíos políticos siempre son llenados. El cementerio está lleno de insustuibles”

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