James se comporta mejor de lo que juega

EEUU, Goal.com
Los colombianos lo aman, lo adoran, quieren su foto: y él, ídolo responsable, se toma todo el tiempo del mundo para darles una alegría
No queda muy claro qué siente. Si emoción, alegría, nervios, empatía o indiferencia. Pero parece disfrutarlo. No lo hace de compromiso, es evidente. Se baja del autobús sin prisa y mira de reojo a la multitud.



Agolpados sobre las vallas que impuso la seguridad del Hotel W, en una zona de lujo de Nueva Jersey, unos 500 colombianos se desesperan por él: quieren tenerlo, pedirle un autógrafo, sacarse una foto, besarlo. Hasta los estadounidenses que no entienden demasiado de fútbol le reconocen: "¡Ah! Es el que juega en Real Madrid, ¿no?".
James Rodríguez sonríe en cada foto. Toma los teléfonos móviles para hacerse un selfie con el fanático que haya quedado en la primera fila de las vallas. Firma lo que se le cruce por el camino. Es uno de los primeros en relacionarse con los hinchas. Y es el último en irse junto a Juan Cuadrado.
No hace gestos ampulosos ni pretende ser más canchero que el resto. Sugiere tranquilidad y conocimiento de dónde está parado, pese a que le gritan y lo acarician como si fuera una especie de dios.

El 10 de la selección colombiana no deja a todos contentos. Un nene de unos doce años llora porque a él no le tocó. Y un padre se ve obligado a abrazar a su hija para que se deje de lamentar. 

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