La Copa, una final de doble filo para el Barcelona
Barcelona, Goal.com
Un título siempre es un título, de ello no cabe ni la más mínima duda, aunque la Copa del Rey sea, con toda probabilidad, el que menos ilusión le hace a la afición del Barcelona de los tres grandes. Va fetén para redondear las temporadas de éxito pero a la vez puede servir para cerrar una campaña exitosa con mal sabor de boca. Esta es la inquietud que azota en estos momentos al barcelonismo.
La 'copa del borbón', como muchos aficionados barcelonistas se refieren a la Copa del Rey, no es un objetivo del Barcelona pese a ser el equipo que más veces ha levantado el título y quien lo revalorizó con el primer triplete del año 2009. Si acaso, el mayor estímulo de los fans del Barcelona no es otro que el de silbar la marcha real borbónica en los prolegómenos del encuentro, que ejerce de escaparate global para una reivindicación política como es la independencia de Catalunya y el rechazo a la monarquía.
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Más allá del contexto de prohibición de símbolos independentistas frente a la plana mayor del Estado, pues no hay que olvidar que nos encontramos en tiempo de precampaña a las elecciones presidenciales españolas, el barcelonismo espera que la imagen de su equipo el próximo domingo se asemeje a la ofrecida en los últimos seis partidos, con 24 goles anotados y ninguno encajado, que a la del mes de abril, cuando los azulgrana fueron eliminados de la Champions League ante un Atlético que todavía espera que le presenten oposición en cuartos de final.
De ello dependerá, en buena medida, doblegar al flamante tricampeón de la Europa League. Los azulgrana subieron el telón de la presente temporada que el domingo llega a su fin precisamente contra el Sevilla, que estuvo muy cerca de sorprender a los hombres de Luis Enrique Martínez en la Supercopa de Europa. La función acabará frente al mismo rival, contra el que además perdieron en su visita al Sánchez Pizjuán.
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"El Sevilla siempre nos complica mucho la vida" resumía el miércoles Gerard Piqué, aunque también advertía que "estamos a muy buen nivel, tanto física como mentalmente". Una victoria supondría el cuarto título de una temporada de éxito tras las victorias en la mencionada Supercopa de Europa y también en el Mundial de Clubes y la Liga. Perderla supondría volver a abrir la caja de Pandora justo antes de ir al mercado tras dos ventanas sin poder hacerlo.
Las prisas nunca fueron buenas consejeras, menos en un club tan pendiente de gustar al socio -por aquello de que los presidentes todavía dependen del veredicto social-. Por lo tanto, haya silbada o no, guste más o menos jugar ante la mirada de Felipe VI, o se pueda sumar un nuevo título a los veinticuatro que el Barcelona ha levantado en los últimos diez años, conviene ganar para que el triunfo no acabe comprometiendo un club que de un año a esta parte se ha acostumbrado demasiado a precipitarse.


