Conozca las tres atractivas estrategias que usa el mercado para llevarte a consumir

Curiosidades
¿Cómo es que el mercado convence a las personas para que no dejen de consumir? Ideológicamente, tiene sus estrat por la necesidad incontenible de comprar de “forma masiva” objetos superfluos.
egias, algunas más simples que otras, pero todas generadoras de preocupaciones excesivas
Esto, conocido como compras compulsivas, afecta a gran parte de la población en su mayoría al 80% de las mujeres. Por esta razón, aquí te diremos cuáles son esas insólitas tácticas que utiliza el mercado para lograr sus objetivos.

De todos los modos de producción económica que han existido en la historia, el mercado es el único que ha impuesto su propia lógica y dinámica de manera exitosa y persistente. Producir, circular, acumular, explotar, consumir, desechar, son algunas de sus acciones elementales que varían en función de las circunstancias históricas en las cuales que se desenvuelve.
El mercado tiene a su favor una profunda naturaleza dialéctica, quizás esa es la clave de su supervivencia, por la cual convierte sus contradicciones en su empuje y su vía para mantenerse vigente. Hasta la fecha, no ha existido una crisis suficientemente profunda para hacer evidente a la humanidad cuán necesario es encontrar otras formas de vivir en el mundo y habitar la realidad.
Nuestro tiempo, en relación con el mercado, está signado por el consumo. Las mercancías circulan como nunca antes en la historia, y es posible que igualmente algunas personas tengan un poder adquisitivo del que no habían gozado antes.
Consumir puede ser satisfactorio, no cabe duda, y hasta cierto punto es inevitable, pero este impulso también beneficia a otros que están en la punta de la pirámide y que, incluso sin hablar de personas específicas, contribuyen a reproducir y perpetuar un modo de producción.
En términos generales, podría decirse que el mercado tiene como principio fundamental considerar al ser humano como un individuo que busca llenar vacíos con bienes, mercancías y posesión. Por esta razón muchas personas resuelven su angustia existencial consumiendo.
A continuación compartimos tres observaciones sobre formas muy particulares que tiene el mercado para hacernos comprar, incluso cuando no queremos.
1. Algo que no puedes dejar pasar
La idea de “oportunidad” es relativamente sencilla dentro del aparato ideológico del consumismo. Todos comprendemos de inmediato leyendas como “2×1” o “Todos los productos por tan sólo este precio”, y casi siempre llama nuestra atención. Esto de alguna forma hace creer a la mente que nos “conviene” comprar cosas, aunque estas no sean del todo necesarias.
Tras esta explicación, cabe una interrogante: ¿Quién no ha comprado algo que no necesitaba sólo porque “estaba en oferta”? y entendemos que es un hipótesis afirmativa, donde los terrenos más probable para que el mercado controle nuestra mente sean los grandes centros comerciales o supermercados.
2. Cualidades del producto
En nuestra época hay muchísimas opciones para conseguir una satisfacción. Es ahí donde juega la trampa del mercado como pretexto para atraer la atención del consumidor.
Es decir, un desodorante promete cuidar nuestra piel mientras que otro, por su fragancia, asegura potenciar nuestra seducción; una pantalla se distingue por la nitidez con que proyecta las imágenes y quizás alguna otra por la duración de su vida útil.
Sin embargo, el mercado vende algo que puede o no tener las cualidades que esperamos y tampoco nos tomamos la molestia de comprobar la veracidad del discurso que procesamos. Esto hace que sientas deseos de adquirir un producto por considerarlo mejor que otro, sin darte cuenta que es exactamente lo mismo.
3. El deseo impostado
Al menos desde mediados del siglo XX, la ideología del consumismo comenzó a refinar la precisión de una maniobra enfocada a uno de los núcleos vitales del ser humano: el deseo. Sin duda, este es uno de sus recursos más sofisticados y ambiciosos del mercado.
Nos formamos en una cultura que nos enseña a callar lo que deseamos, a reprimirlo, a conformarnos con un sucedáneo y también a no esforzarnos por lo que queremos. El mercado posee una narrativa que aprovecha tanto dicha ignorancia con respecto a nuestro propio deseo como esa pereza nuestra con que miramos cualquier trabajo que requiere un esfuerzo disciplinado.
¿No sabes lo que deseas? El mercado tampoco, pero te hará creer que sí. ¿No estás de acuerdo con esforzarte por lo que deseas? Tampoco importa, el mercado te lo ofrece de inmediato, a crédito si hace falta. Pero esto evitará que te des cuenta que nadie más que tú puede saber qué deseas en realidad, y solo tú debes hacer lo necesario para obtenerlo.

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