Cómo ser justo con Casillas y De Gea

Madrid, El Mundo
La palabra transición la pronunció el seleccionador, quizás porque generacionalmente es también un hombre de la Transición, del sosiego que necesitaba una vida entre las dos Españas. Habría sido difícil escuchar a Vicente del Bosque pronunciar la palabra revolución, proceso que implica la ruptura. La selección necesitaba esa agitación cuando llegó Luis Aragonés, que tomó a Raúl como exponente de ese cambio de ciclo. Las voces que reclamaban lo mismo después de Brasil, esta vez con Casillas en la pira, eran mayoritarias, pero eso sólo habría sido posible con la salida del salmantino de la selección. El entrenador, en cambio, era diferente y también lo eran las circunstancias, puesto que se trataba del primer gran fracaso de una selección campeona de todo, con excepción de la pedrea, la Copa Confederaciones.


Esa dualidad, en mi opinión, es la que hizo posible que España enlazara tres títulos (dos Eurocopas y un Mundial), porque por separado es difícil que uno de los dos seleccionadores los hubiera sumado. Antes de 2008, España necesitaba un iconoclasta como Luis Aragonés; después, un gestor del éxito como Del Bosque. En cambio, éste es un momento distinto a los anteriores, que no sólo exige decisiones técnicas, sino también emocionales, porque Del Bosque no necesita sólo la agilidad de De Gea o la habilidad de Thiago, sino también el sentido del compromiso que ha supuesto la trayectoria de Casillas. Es la combinación mágica.

La portería ha sido, precisamente, un lugar donde Del Bosque ha utilizado la inteligencia emocional. Lo hizo con Casillas cuando estaba en pleno fuego, por las tensiones de la era Mou entre Madrid y Barcelona, y con De Gea en la etapa en la que se encontraba en barbecho, a la espera de un traspaso al Madrid que jamás se produjo. Cuando todos esperaban a Valdés como titular en la Copa Confederaciones, en Brasil, porque Casillas no jugaba en el Madrid, el capitán apareció bajo los palos en el debut, ante Uruguay, y después recurrió a un carrusel en la puerta, Reina incluido. Fue la mejor fórmula que encontró para ser justo con todos, porque entendía que Casillas merecía una protección especial.

Durante esta fase de clasificación, en la convocatoria anterior a la de estas últimas semanas, el seleccionador alineó a De Gea como titular en Macedonia, donde necesitaba la victoria, después de cuatro meses inactivo en el Manchester United. La alternancia es la nueva situación nacida de la debacle de Brasil, aunque, salvo en el primer amistoso, el turno empieza por Casillas. El equilibrio escogido por el técnico mantiene a los dos porteros satisfechos. Casillas se ha sentido respaldado en el momento más difícil de su carrera y De Gea, en un trance clave ante su futuro. El capitán ha hecho llegar al seleccionador que, si existiera un futuro juntos, podría contar con él para lo que quisiera. El arquero del ManU sabe que, suceda lo que suceda, el futuro le pertenece. De aquí a la Eurocopa, todo indica que la alternancia se mantendrá en los amistosos, sin perder de vista el rendimiento global de ambos en sus equipos y sin dejarse llevar por el efectismo de un solo partido, algo que no gusta a Del Bosque. La gran actuación de De Gea en Kiev, pues, constata su categoría, pero no cambia el turno.

En adelante, se abrirá otro periodo. Si Del Bosque continúa, podrá culminar esa "transición dulce" de la que hablaba sin que ninguno de los dos porteros se haya sentido menoscabado o traicionado. Entre los futbolistas se preguntan cuál será su decisión, mientras Villar le ha ofrecido la renovación, como ha hecho con todos los técnicos después de clasificar a la selección, y no descarta pedir que esa petición la haga, de forma unánime, la junta directiva de la Federación. En la mente de Del Bosque estaba haber cumplido dos ciclos, un Mundial y una Eurocopa, y acabar en Kiev. Por dos veces, accedió a renovar. El respaldo que ha sentido siempre de Villar le hace sentirse como los porteros con él, comprometido.

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