Benítez se queda a cero


Madrid, As
Entre los géneros de acción y de aventura se dibujó el primer pinchazo del Madrid. El fantástico ajetreo de El Molinón acabó, increíblemente, con el marcador rapado al cero, lo que deja al equipo de Benítez a la espalda del Barça desde los tacos de salida. Cristiano vació el cargador sin hacer blanco, su equipo tiró un tiempo y se reabrió el debate sobre si se precisa goleador de vocación.

Merece, en cualquier caso, agradecimiento el arrojo del Sporting, cuya disposición a la pelea ofreció un partido de arrebatos, a campo abierto, con pasión copera, idas y venidas, ocasiones y escenas de tiroteo y de moviola. Más movimiento del que le gusta a Benítez, aunque a ratos aquello le conviniera al Madrid.

Bale amaneció en la banda izquierda y pareció encontrar su lugar en el mundo, encadenando tres intentonas que en eso quedaron. En parte porque dos le cayeron en la derecha, pierna maldita, y porque en la tercera perdió el ángulo en el quiebro a Cuéllar. Luego le pareció pequeña la finca, hurgó en el centro y ya no fue tanto. Cristiano no acaba de volver, aunque en los últimos minutos de la primera mitad y en la segunda acabó por encontrar el sitio. Le detuvo el meta del Sporting un remate lejano y le quitó Estrada un penalti poco discutible de Sergio Álvarez en la primera mitad. Después dejó ir un cabezazo a bocajarro tras pase de seda de James y a puerta vacía no metió bien la puntera en entrega de Danilo. Cuéllar hizo el resto para que se marchase en blanco. Jesé gastó mucha energía en el desmarque y la presión y no le quedó margen para el remate.

El Madrid, en cualquier caso, resultó un equipo irregular. Estuvo fantástico Modric y medio desaparecido Kroos, que sigue en el cuarto menguante que le despidió en junio. A ratos pareció un objeto perdido. Extrañó que no fuera el relevado por Kovacic, cuyo estreno fue cuesta arriba. Isco apareció mucho y desde lejos estuvo dos veces al borde del gol. Marcelo parece amordazado y Danilo corre y corre sin provecho. A los centrales les fue mejor, aunque Sanabria les superó en un cabezazo que acabó en gol fantasma (la televisión inclina la balanza al no) tras toque en el larguero.

En cualquier caso, jugó mejor con James, que empezó en el banquillo, que sin él, aunque es verdad que el colombiano entró a favor de obra, con el rival devorado ya por la fatiga. Entonces jugó el Madrid sin nueve y regresó el debate sobre si se precisa un Chicharito de última generación.

El Sporting y su adrenalina le molestaron mucho al Madrid. El equipo de Aberlardo resultó siempre admirable por su entusiasmo, su furia bien entendida y su gran puesta en escena. Tuvo laterales largos, centrocampistas ordenados, extremos profundos, dos puntas de combate y la pericia para alejar al Madrid de su área salvo en el asalto final. Casi todo lo que paró Cuéllar o lo que oyó silbar sobre su cabeza vino de lejos. Benítez tendrá que tomar nota.

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