Kirchner no va en la listas pero coloca a su hijo y todos sus fieles

La Campora dominará un congreso pensado para controlar a Scioli, el sucesor elegido

Carlos E. Cué
Buenos Aires, El País
Hasta las doce de la noche del sábado, hora del cierre de las listas, hubo dudas y mantuvo el misterio, pero finalmente Cristina Fernández de Kirchner no irá en ninguna lista para las elecciones de octubre. Ni Congreso, ni Senado, ni Parlasur, ni candidata a gobernadora de Buenos Aires, como se llegó a especular. Después de 12 años en el poder y media vida en el Senado, Fernandez de Kirchner deja los cargos públicos aunque conservará un enorme poder en la sombra.


Para eso ha colocado en las listas a su hijo, Maximo Kirchner, que irá de numero uno al Congreso en Santa Cruz, la provincia en la que empezó el poder kirchnerista y en la que aún conservan sus crecientes negocios hoteleros. Además la presidenta, en su afán por rodear de fieles a Daniel Scioli, a quien ha aceptado como sucesor porque es el que mejor da en las encuestas a pesar que ella siempre ha dado muestras de despreciarlo, llenará el Congreso con sus hombres y mujeres más fieles para lograr algo complejo: la continuidad del kirchnerismo sin un Kirchner en el poder.

Personajes clave como de La Cámpora, el grupo de fieles a la presidenta, o su entorno como Axel Kicillof, ministro de Economía, Andrés El cuervo Larroque o Eduardo Wado De Pedro, hijo de desaparecidos, encabezan unas listas diseñadas de principio a fin para rodear a Scioli e impedir que abandone la línea sobre todo económica marcada por el kirchnerismo.

Si ya fue significativa en este sentido la imposición del candidato a vicepresidente de Scioli, Carlos Zannini, apodado el chino por su origen maoísta, el hombre de mayor confianza de la familia Kirchner durante los últimos 30 años, la lista de diputados ha sido definitiva. No hay ningún sciolista en ella salvo una ministra de la provincia de Buenos Aires que es sobrina nieta de Eva Perón.

La propia presidenta dejó claras sus intenciones en un discurso por el día de la bandera argentina en Rosario. Primero, en un país donde las fotografías son clave en política, ofreció la primera imagen de ese control: se vio en el helicóptero presidencial a Zannini y Kirchner uno a cada lado de Scioli y con la impresión de que ella le estuviera dando instrucciones. Y después, lanzó un discurso que era una exigencia al sucesor para que no pacte con los fondos buitre, una de las decisiones clave de un nuevo gobierno si quiere recuperar el crédito.

"Ahora los fondos buitre quieren más de la mitad de las reservas de nuestro banco central. Nosotros aplicamos el criterio de dignidad y soberanía. Un juez quería humillar nuestra soberanía. Le pido a todos que superen sus prejuicios frente a los grandes temas de la patria como es el ataque de los fondos buitre. Hay bases mediáticas en el continente dispuestas a bombardear los procesos populares. Con nuestros errores en estos 12 años hemos protagonizado el mayor proceso de crecimiento con inclusión social", aseguró, marcando así el camino a su sucesor.

Las elecciones son cada vez más claramente una discusión entre el kirchnerismo en su nueva versión con Scioli desdibujado a la cabeza y la oposición liderada por Mauricio Macri que propone un cambio. Si gana Scioli, con Zannini en la vicepresidencia y sus fieles dominando el Congreso y Senado, la presidenta se garantiza además un cierto control de la justicia y de los nombramientos de nuevos jueces de la Corte Suprema para evitar que las diversas causas contra su famiilia y empresarios muy cercanos que están en los tribunales le puedan explotar cuando deje la presidencia.

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