GRILLO VILLEGAS: “Estamos construyendo un país donde no se puede decir lo que a uno no le gusta”

Gutierrez / Página Siete.
El compositor, guitarrista y cantante de rock Grillo Villegas dice que se sintió "crucificado y lapidado” por el simple hecho de haber opinado que le gustaba más la canción de la representante chilena que la de los concursantes bolivianos en el reciente Festival de Viña del Mar.


"Es un síntoma de que está pasando algo muy peligroso en el país”, afirmó en el Desayuno de Trabajo de Página Siete, al comentar el debate que provocó sus opiniones sobre el nuevo folklore boliviano, al que él califica de "decadente”. "Me preocupa el hecho de que estemos construyendo un país en el que uno no pueda decir que no le gusta una canción o un ritmo”, agregó.

Animador y protagonista indiscutible del rock boliviano desde hace un cuarto de siglo, Rodrigo Villegas Jáuregui, más conocido como Grillo, dijo que el concepto de libertad de expresión parecería consistir en que se diga lo que otros quieren que se diga.

El impacto de tu artículo sobre el chauvinismo, con más de 38.000 visitas en la página web de Página Siete, demuestra que el interés por tus opiniones excede al que existe por cualquier otro artista o líder de opinión. ¿Qué opinas al respecto?

Creo que es un síntoma de muchísimas cosas que están pasando y que estamos viviendo actualmente como país, pero honestamente no me imaginaba que pudiese explotar tan fuerte. Sí sabía que iba causar escozor, que iba a provocar un debate. En realidad fue la respuesta a las reacciones por una nota que escribí en mi Facebook, luego de haber visto el Festival de Viña, en la que comenté que me gustó más la canción chilena que la boliviana. La escribí después de haber leído una ola de comentarios xenófobos, violentos, contra Chile, puro chauvinismo, y una enorme victimización. Tras escribir la nota en Facebook, casi instantáneamente comencé a recibir insultos. Esa nota en Facebook tuvo casi 4.000 comentarios, que no pienso leerlos todos, y fue compartida más de 500 veces. Cada uno de esos clones tuvo sus propios comentarios.

Resulta alarmante que no puedas decir a mí me gusta más esta canción que la otra. Lo mismo ocurrió con el conjunto que fue a trabajar a Puno, a cuyos integrantes los trataron de "traidores a la patria”…

Me dijeron cosas peores, irreproducibles, traidor a la patria fue una más, me exhortaron a que me fuera de Bolivia, me daban semanas para salir del país; por supuesto, amenazas contra mi vida, contra mi integridad. Pienso que es un síntoma de varias cosas que va más allá de la canción y del nuevo folklore que yo lo llamé decadente. Se puede hablar de fanatismo, de enfermos.
Creo que se está imponiendo una identidad pero de un solo canal de distribución, se está imponiendo algo que maneja la identidad de la gente boliviana, donde se le dice que yo soy menos boliviano por el hecho de que no me gusta, por ejemplo, ese nuevo folklore. Creo que la gente no está consciente de que le están imponiendo algo. Me preocupa el hecho de que estemos construyendo un país en el que uno no pueda decir que no le gusta una canción o un ritmo. Eso ya me parece alarmante. El concepto de libertad de expresión aquí consiste en que se diga lo que quieren que se diga.

Has sufrido ataques y agresiones, pero también un gran apoyo…

Eso ha sido muy importante. En los primeros días, los ataques, en algunos casos anónimos y muchos con nombre y apellido, fueron en las redes sociales. Nunca vi un ataque formal en un medio de comunicación, sí de algunos mercaderes de la noticia en algunos programas, pocos, de gente que le interesa solo su rating, gente que inclusive alentaba a que se me haga un juicio por racismo y discriminación, así sin pies ni cabeza, como el que le hicieron a la comunicadora de Santa Cruz. Pero días después empezó el apoyo también masivo. También hubo apoyo en algunos editoriales de periódicos grandes, artículos de columnistas muy conocidos y de gente importante. Eso demuestra que tampoco estamos dispuestos a aguantar ese fanatismo y esa visión de las cosas, que no tenemos por qué vivir con miedo. Hay gente que piensa que me metí con un tema muy delicado, el tema chileno, marítimo, pero yo no creo que esa sea una buena lectura, porque yo no estoy en guerra con Chile, yo no odio a los chilenos, tengo un montón de amigos chilenos. Analicemos cuatro casos muy notorios recientes, como el de la comunicadora Milena Fernández, el del caricaturista Alejandro Salazar, el de la banda Poopó, que parece que gritaron "Viva Puno” en un acto de libre desempeño de su trabajo, y el mío. En esos cuatro ejemplos, el tema común no es Chile ni el mar, sino el fanatismo, y me atrevería a decir que es un fanatismo identificable geográficamente. Por eso digo que lo mío es un síntoma, no relacionado al Festival de Viña ni a Chile, sino de algo que está pasando y algo muy peligroso.

Y, ¿qué está pasando?

Después de la publicación de mi artículo, leí varios en los que se dice que esta imposición viene de este proceso de cambio y del afán de lograr una identidad. Yo creo que eso es parcialmente cierto. Me explico, yo mentiría si dijera que en la gestión del Ministerio de Culturas del actual Gobierno he sentido una imposición, por ejemplo, del uso y difusión exclusiva de este nuevo folklore. Yo no soy un gran cliente del Estado como artista, pero sí he participado en algunos eventos, unos cuatro trabajos, como los dos Dakar, la inauguración del campo ferial y alguno más. Conciertos masivos con ocho, diez grupos por noche. Se veían grupos de folklore, por supuesto, pero también de rock, grupos tropicales. Había diversidad. En TV Culturas también se puede notar esa diversidad. A mí me parece que este fanatismo está relacionado con otras cosas, me imagino que tiene que ver con los inmigrantes, con la educación, con la falta de lectura, con la falta de diálogo, con nuevos grupos de poder. Es algo complejo. Lo digo por lo que había escrito del caporal. Habría que analizar por qué causa tanta reacción. Estoy seguro de que si yo hubiera dicho que no me gustaba la rueda chapaca o los tobas no me habrían crucificado ni lapidado. ¿Qué grupos de poder están detrás de todo esto? Yo creo que fue muy duro decirles que el nuevo folklore me parece decadente y que quieren hacerlo parecer como algo ancestral, milenario. No es tal. De hecho, el caporal empieza en los 70 en el Gran Poder. El nuevo folklore pop me parece que ofende a la historia brillante de folklore de nuestro país. Yo no soy menos boliviano por decir eso. La gente que vive afuera se siente muy identificada con esos saltos y esos trajes galácticos. Yo tengo todo el derecho a decir que no me gustan. Mi pertenencia a este colectivo nacional no pasa por esas botas con cascabeles.

¿Eso tiene algo que ver con el cambio que vive el país, un cambio evidente no sólo político, sino social y económico?

Sí, seguramente pasa por ahí, y es normal que un gobierno haga uso de eso, que en un intento de hacer una revolución cultural quiera revalorizar algunas cuestiones culturales, en este caso la música, la danza, pero no creo que el camino sea, por ejemplo, copiar un festival mediocre y prescindible como el de Viña del Mar, no me parece necesario haberle dado el Cóndor de los Andes a un grupo porque supuestamente ha tenido un mal árbitro en su partido. Me parece tremendamente peligroso el haber nombrado héroes nacionales al grupo que ha perdido este año y que haya sido recibido por el alcalde y el gobernador, llenado las primeras planas de los periódicos. Yo me siento en el deber de decir a los jóvenes y a los no jóvenes que esto no es folklore, es un invento, no es la grandeza que quieren defender como folklore, decirles que si conocieran el trabajo de Simeón Roncal, Mauro Núñez, Alfredo Domínguez, Ernesto Cavour, Los Jairas, de la Luzmila, estarían de acuerdo conmigo. Los festivales sí me interesarían pero para ofrecer la diversidad y no para homogenizar una cultura, porque de lo contrario perderemos el camino. El folklore no es todo. A mí me parece que hay que dialogar sobre identidad nacional conociéndonos en la diversidad. Festejar nuestra diversidad.

El Gobierno habla de revolución cultural. ¿Existe esa revolución?

No estoy seguro, aunque me parece que hay un intento importante. Yo aplaudí la gestión del ministro Groux. También recibí con mucho optimismo a Marco Machicao. Yo nunca había sentido un trabajo como política de Estado en la cultura como el realizado estos años y no lo digo porque me hayan contratado, porque eso pasó en contadas oportunidades. Yo vivo de mis propios conciertos, pero sí he sentido logros importantes. Creo que se está haciendo algo, con sus luces y sombras. Me parece que la cultura nunca antes estuvo cerca de la política prioritaria del Estado y eso es importante desde todo punto de vista, incluso como generador de riqueza y de industrias culturales, como generador de espacio de diálogo y de acercamiento entre diferentes.

Al Grillo le gusta hablar del tema cultural, pero también de los ingresos que recibe La Paz y el país, saber cómo se transfiere esos ingresos a la gente: "Yo quiero interpelar a los que están al mando, quiero que me hablen de mi seguridad, de empleo, de salud, de la educación”, dice.

Piensa en la cultura como un espacio de encuentro y como un ámbito para la creación de empleo y recursos. Y ha formulado varias iniciativas en ese sentido. "Me imagino que por ese tipo de propuestas me han invitado los dos partidos fuertes para ser candidato a concejal, pero, por supuesto, no acepté, ni voy a aceptar, porque la política no está en mis planes”, subraya.
Si le gustan los espacios de opinión, pero "la política jamás”. Tiene una columna en LetraSiete y ha sido invitado como comentarista por algunos programas, como el Pentágono. "Hay como una apertura a nuevas voces”, comenta.
También le gusta el ejercicio democrático, como el de hoy. "No sé cuántas veces he votado, pero sí me gusta el hecho de emitir mi voto. He sido dos veces jurado, sin ningún problema. De hecho, lo he disfrutado mucho. Yo salgo muy temprano a votar porque después me gusta caminar, palpar lo que está pasando”.
Sin embargo, dice sentirse desalentado por la actual campaña porque no vio que los candidatos expusieran programas. "Yo quería saber más acerca de lo que proponen”, lamenta.


"Ha llegado la hora de hablar sobre el tema del alcohol”

Grillo dice que ha descubierto una nueva la vida y tiene nuevas pasiones. ¿Con qué tiene que ver? "Obviamente con mi rehabilitación, el haber dejado el consumo de alcohol y drogas, que tenían mi vida totalmente secuestrada”, comenta.
"Yo estaba encerrado y no podía hacer absolutamente nada. Haberme podido librar de eso me hace amante de la vida y muy optimista ante lo que vendrá. En términos futboleros, estoy en el minuto 10 del segundo tiempo de mi partido, así que todavía hay tiempo para disfrutar y dar la vuelta el resultado. De eso se trata”, subraya.
Por eso mismo plantea la necesidad de abrir un debate sobre el tema del alcohol. "Yo voy a respetar mucho más las tradiciones, el folklore, si me sacan el trago de ahí. Hay un montón de actividades disfrazadas de tradiciones que son simples borracheras”, subraya.
"Yo creo que ya es hora de hablar sobre el tema. No tengamos miedo. La ciudad debe ser multicultural, la calle debe ser segura. El exceso de entradas y fiestas patronales, sumado al comercio en vía pública, genera inseguridad”, afirma al recordar que La Paz tiene más de 140 fiestas.
"De hecho, estoy tocando más en teatros y en espacios abiertos, donde no hay consumo de alcohol. Me parece que los músicos caímos en una trampa, somos la excusa, la carnada para que los bares vendan alcohol. Voy peleando contra eso, soy como un activista”, concluye.

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