Bruno manda; el Villarreal arrasa

Villarreal, As
El Villarreal ya tiene lo que se merece. A su juego y ambición ha unido por fin los resultados. Esos que merecía desde hace tiempo y que no encontraba por la mala fortuna, autogoles o regalos variados. Ante la Real le costó por puntería, pero encontró la victoria sin perder la fe y liderado por Bruno. Un gol originado en una gran falta del internacional abrió la lata en el 64’. Él puso una rosca y Zubikarai la espalda. Tras tocar el larguero y pisar la línea, el balón se encontró al portero y acabó en las mallas. 1-0. Cheryshev sentenció poco después y Moi, con un doblete, puso la guinda. Gracias a esta goleada, el Submarino logra encadenar por primera vez en el curso tres victorias y es el único que ha batido al nuevo equipo de Moyes. Un proyecto con tan buena pinta e individualidades como con tan poca pegada y solidez.


La Real entró al partido con firmeza. Bien posicionado y mandón. Con Granero y Pardo portando la bandera del buen gusto. Y con Vela, la gran preocupación del Villarreal, a la carrera. Confirmaba el buen mes de noviembre. Sin embargo, ese mando le duró un cuarto de hora. Se desmayó al mismo ritmo de Xabi Prieto y Canales. Ese fue el tiempo suficiente para que Bruno y Trigueros calentaran. Entre ambos se adueñaron del partido y comenzaron a abordar a una defensa donostiarra lenta y dubitativa. Si no le hizo daño antes fue por una cuestión de centímetros. Vietto tuvo la mejor ocasión a los diez minutos pero su lanzamiento se fue arriba tras buscar un balón peinado de Uche. El argentino volvió a burlar a sus marcadores poco después, obligando a Del Bella a atropellarle con serio peligro de roja. Le faltó el gol para el sobresaliente. Bruno insistió más tarde con una falta casi perfecta al que le sobró un milímetro de vuelo. La Real, desbordada, pedía clemencia.

No sabía que el descanso le vendría aún peor. El segundo tiempo tuvo del lado local el mismo dominio y ocasiones pero, esta vez, acompañado de goles. Vietto avisó con dos zapatazos que acabaron en los palos. La Real no daba abasto. Su guardameta, sin ser la sobra de Claudio Bravo, le daba vida. Sólo Vela se atrevió a probar casi desde Marte. El partido era del Villarreal por ganas, fútbol y físico. La Real parecía un equipo veterano al que sólo el resultado le mantenía. Hasta que Bruno acertó (con ayuda) en una falta marca de la casa. El gol descompuso por completo a la Real y envalentonó al Villarreal. Así, en doce minutos, convirtió una simple victoria en una goleada. Cheryshev cerró el partido con una gran volea y Moi, sustituto de Uche, sacó matrícula como revulsivo. Primero tras un jugadón en el que robó, asistió y remató. Y después con un derechazo en el que Zubikarai pareció transparente. El final fue una bendición. Para el Villarreal por poder centrarse ya en Europa antes del Calderón. Y para Real para revisar este caos y preparar el derbi vasco a conciencia.

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