Soberanía 'light' para Escocia

CARLOS FRESNEDA
Londres, El Mundo
Escocia dará un paso firme hacia un modelo federal o una independencia "light". Según el preacuerdo firmado por los cinco partidos con representación parlamentaria y presentado ayer por lord Robert Smith, Edimburgo recibirá el mayor paquete de transferencias en la historia del Reino Unido, incluida la capacidad para fijar los tipos y recaudar su propio impuesto de la renta.


Pese al empeño de los partidos unionistas en destacar el acuerdo como un hito histórico, la ministra principal escocesa Nicola Sturgeon se desmarcó diciendo que el compromiso final es "decepcionante" y que los votantes tendrán la última palabra en las próximas elecciones de mayo del 2015.

En cualquier caso, el informe de la Comisión Smith (a tiempo para la festividad de San Andrés) sirvió para reavivar la hoguera del independentismo. Pese a la derrota del "sí" en el referéndum del 18-S, el Partido Nacional de Escocia (SNP) vive el momento más álgido de su historia, con un respaldo popular de hasta el 52% y con la firme intención de avanzar de una u otra manera hacia la secesión del Reino Unido.

Según el informe de la Comisión Smith, Escocia logrará de momento no sólo el total control sobre el impuesto de la renta, sino también competencias para fijar su política social, para conceder licencias de explotación de gas y petróleo en su territorio, para controlar directamente el 10% de la recaudación del IVA y para extender la edad de voto a los 16 años.

El preacuerdo, contenido en 28 páginas, servirá de borrador para la Ley de Escocia que deberá ser aprobada el 25 de enero y que cuenta inicialmente con el respaldo de los tres grandes partidos unionistas (conservador, laborista y liberal-demócrata).

El "premier" David Cameron se mostró "encantado" con las conclusiones del informe: "Hemos sido fieles a la promesa que le hicimos al pueblos escocés". Las negociaciones han sido especialmente tensas para los laboristas, reacios a abrir las puertas a "un modelo cercano al federalismo" (en palabras del ex primer ministro Gordon Brown).

El Partido Nacionalista Escocés (SNP) y el Partido Verde, que han formado también parte de la mesa negociadora, admitieron ayer que las nuevas competencias suponen un paso adelante, pero advirtieron que aún están aún lejos de la promesa realizada durante la campaña del referéndum por los grandes partidos.

Se estima que la transferencia de competencias supondrá una inyección anual de unos 15.000 millones de euros "extras" para el Parlamento escocés, frente al total de 60.000 millones de euros recaudados en impuestos en Escocia por diferentes conceptos (IVA, contribuciones a la seguridad social, impuesto de sociedades, impuestos al alcohol y al tabaco).

Lejos de celebrar las nuevas trasferencias como un acuerdo histórico, la ministra principal escocesa Nicola Sturgeon aseguró que el paquete final propuesto por la Comisión Smith es "en último extremo decepcionante".

"El 70% de nuestros impuestos siguen siendo fijados por Westminster y el 85% de nuestra seguridad social está también controlada desde Londres", dijo Sturgeon durante una intervención en el parlamento de Holyrood. "Lo cierto es que al final vamos a ser responsables de admistrar menos de la mitad del dinero gastado en Escocia... Esa no es la autodeterminación que nos habían prometido. En muchos aspectos, seguimos estando a expensas de lo que determine Westminster".

"Espero que al menos estas propuestas salgan adelante", reconoció Sturgeon. "Aunque al final será el pueblo escocés quien tenga la última palabra y el que votará el próximo mes de mayo. Creo que la mayoría de los escoceses estará conmigo en que no es suficiente".

A la pregunta sobre qué más competencias querría ver en manos del parlamento escocés, Sturgeon respondió claramente: "Lo que realmente me habría gustado es que pudiéramos tener más control sobre la creación de empleo, sobre el salario mínimo, sobre las contribuciones a la seguridad social, sobre el crédito universal para las ayudas sociales... En fin, el tipo de competencias que nos harían falta para fijar nuestra política de empleo y combatir la desigualdad económica".

Ayer no lo dijo en el Parlamento, pero Nicola Sturgeon ha dejado claro que Escocia seguirá avanzando hacia la independencia y que aspira a asumir lo antes posible todas las competencias, salvo las de política monetaria, política exterior y defensa (con la espina clavada de los misiles Trident).

La repuesta uniforme del SNP -impulsado por la "trasnferencia de poderes" de Alex Salmond a Nicola Sturgeon- contrastó con las nuevas fisuras dentro del frente unionista y con las divisiones internas dentro del Partido Laborista, que ha pasado de ser la fuerza mayoritaria en Escocia a convertirse en testigo de cargo del ascenso imparable de los nacionalistas.

Ni el ex primer ministro Gordon Brown, ni el ex secretario del Tesoro Alistair Darling respaldaban en principio la transferencia de poderes fiscales que recomienda la comisión Smith. Los dos destacados miembros laboristas alegaron que ceder a Escocia el control total del impuesto de la renta es socavar el espíritu de la unión.

"Muchos diputados han pensado más en su rivalidad con los candidatos del SNP en las elecciones de mayo que en el futuro del país", declaró a 'The Times' un parlamentario laborista crítico con las conclusiones del Comisión Smith. "Los parlamentarios ingleses se van a levantar de un día para otro en un mundo que ha cambiado, y no precisamente a mejor para ellos".

Los laboristas han librado también su pulso personal con los conservadores, que aspiran a compensar a los parlamentarios ingleses con una ley ("English votes for English Laws") que puede restar aún más influencia a la debilitada oposición en Westminster y falta de apenas seis meses para las elecciones generales.

El laborista Ed Miliband ha transigido al final con la recomendación de más poderes fiscales para Escocia, consciente también del declive del partido y de las críticas por su falta de liderazgo antes, durante y después del referéndum. Tras la dimisión de su portavoz, Johann Lamont, los laboristas viven las horas más bajas en Escocia.

El nuevo rostro de los laboristas escoceses, Jim Murphy, se esforzó ayer en correr un tupido velo sobre los errores del pasado: "Es cierto que hemos cambiado de opinión. Hemos escuchado a los escoceses, que quieren un cambio real dentro del Reino Unido y quieren también que trabajemos juntos. Creo que muchos de los votaron "sí" en el referéndum pueden estar satisfechos por el acuerdo alcanzado".

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