Bombas y disparos en Kobane, la ciudad siria que asedia el ISIS

Damasco, Clarín
Aun desde tan cerca la ciudad de Kobane parece abajo, en un pequeño valle, un amasijo de edificios blancos que por momentos se tiznan por el humo negro de los incendios que causan las bombas. Desde donde observa este enviado, sobre una leve colina a sólo 300 metros del poblado, se escuchan los estampidos sordos de los explosivos y a veces otros más sonoros que se repiten esporádicamente. Entre cada bomba el espacio lo ocupa el ruido de los disparos de armas largas y de ametralladoras.


En esa ciudad siria en la frontera sur de Turquía se libra desde hace 33 días uno de los combates centrales de la guerra abierta contra la sanguinaria organización integrista ISIS. La batalla es entre los milicianos que han ocupado parte de Kobane y las brigadas peshmergas del pueblo kurd, habitante original de ese sitio. Si el poblado cae, los yihadistas que ya ocupan un tercio de Siria y otro tanto de Irak tendrán un control crucial de una zona estratégica frente a las narices turcas, cuyo gobierno se ha negado a participar en esa lucha pese a la presión de EE.UU. y de Europa.

Desde la colina se ve en perspectiva la ciudad mientras las bombas la zamarrean. Pero todo el entorno es sorprendente. Decenas de personas se han amontonado en las laderas como si se tratara de las gradas de un estadio para observar el drama que sucede allá abajo. Llegan en sus autos, con amigos, y comentan cada disparo y el humo que los sobresalta. Sobre un costado a menos de 200 metros de las primeras edificaciones se amontonan centenares de automóviles de los habitantes de Kobane que han huido espantados hacia Turquía. No pueden seguir con esos vehículos porque la policía local no lo permite, de modo que permanecerán ahí hasta que algo suceda y se serene este sitio. Lo que parece muy improbable en el corto plazo.

No es un éxodo pequeño. Los 180 mil habitantes de la ciudad han buscado refugio de este lado del mapa. Kobane quedó vacía de civiles, y sólo la dominan los combatientes de ambos lados, junto a unos 800 kurdos que decidieron quedarse para prestar asistencia a los peshmergas. En toda esta localidad fronteriza turca se han levantado gigantescas carpas para contener a ese aluvión que está ha-ciendo pedazos la economía local porque los alquileres se triplicaron y los sueldos se dividieron debido a la súbita presencia de desesperados y mano de obra regalada. El gobierno de Ankara, para atemperar el daño, ha ofrecido un premio de 10.000 liras (unos 5.000 dólares) a cada ciudadano turco que acepte casarse con las mujeres que han llegado en esta oleada.

La estancia de los curiosos en la colina, algunos acomodados en sillas detrás de los periodistas con casco y chaleco antibala, se corta cada tanto. Una sirena del ejército turco advierte el peligro de bombardeos que pueden impactar ahí y la gente obediente escapa a pie o en coche. Pero por un rato. Volverán en cuanto se silencie el alerta.

Hay aviones que cruzan el cielo lejos de la vista. Se escucha el ronroneo de los motores que serían observadores de la coalición que encabeza EE.UU. y que ha venido bombardeando por las noches los objetivos del ISIS. Decenas de tanques y blindados del ejército turco se ven estacionados en las colinas vecinas y en una ruta de tierra que pasa a menos de 100 metros de la línea de frontera. Ankara envió un contingente nutrido de tropas coequipamiento moderno para custodiar ese límite. En toda la ciudad de Suruc se ven cantidades de esos vehículos junto a móviles de la infantería de la policía. El lugar parece estar esperando una guerra.

El periodista Ibrahim Gelic, del diario Saman de Estambul, dice que los milicianos del ISIS entra ron hace más de un mes con blindados hasta el centro de Kobane y prácticamente se lanzaron a dominar la urbe. Pero los aviones de la coalición destruyeron los tanques. Ahora la batalla se libra hombre a hombre. Por eso el sonido reiterado de proyectiles RPG, una especie de bazookas sofisticadas con que cuentan los yihadistas, y las ráfagas de ametralladoras o disparos de Kalahsnikov con las que responden del otro lado. Hay 2000 integristas acantonados ahí, contra más del doble de kurdos. Pero la diferencia en número es relativa en capacidad: el armamento de los peshmergas es muy liviano y de baja capacidad de fuego, explica Gelic.

Cerca hay una ciudad pequeña, Talanbiach, controlada por el ISIS, desde donde brindan logística a sus milicias. Según el periodista, la coalición no ha bombardeado ese sitio y tampoco a las columnas de suministros. Opina que “no es eficiente” la operación de los aviones y eso lo aprovechan los yihadistas, de modo que los combates en Kobane pueden extenderse por un largo tiempo salvo que Turquía decida entrar en la batalla.

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