Fiona Apple, pop natural e inclasificable
Fernando Navarro, El País

Llega nueva Parada para repostar en este blog y lo hace para detenerse en la figura de una cantante que ha copado lo más alto de muchas listas de los mejores discos de 2012. Una artista que seduce con su música y su actitud rompedora. Nadie mejor que el compañero Toni Castarnado, un habitual en este blog y colaborador de Ruta 66 y Mondosonoro, entre otros sitios, y autor del libro Mujer y Música (66 rpm), para hablarnos de las delicias y misterios que rodean a Fiona Apple. Disfrutad.
Llega nueva Parada para repostar en este blog y lo hace para detenerse en la figura de una cantante que ha copado lo más alto de muchas listas de los mejores discos de 2012. Una artista que seduce con su música y su actitud rompedora. Nadie mejor que el compañero Toni Castarnado, un habitual en este blog y colaborador de Ruta 66 y Mondosonoro, entre otros sitios, y autor del libro Mujer y Música (66 rpm), para hablarnos de las delicias y misterios que rodean a Fiona Apple. Disfrutad.
Preguntada la escurridiza Fiona Apple en una ocasión a resultas del porqué de que pasara tanto tiempo entre la publicación de cada de uno de sus discos, ella respondía sin remilgos y sin pelos en la lengua con un argumento que no admitía ninguna duda: “Escribo sólo cuando me apetece, cuando estoy inspirada, mientras eso no sucede, me dedico a otras cosas”. Y yo, siguiendo su modo de actuar, me comporté exactamente igual que ella. Le propuse escribir este artículo sobre ella al responsable de este maravilloso blog que me permite explicar aquí, parte de mis andanzas a través de temáticas como la música y el cine que se me van pasando por la cabeza, justo cuando Fiona Apple publicó su cuarto disco de título kilométrico. Pensé que esa era una buena idea, que era la excusa perfecta.
Pero no sé porqué, mi cabeza no encontró ese momento de pausa y de inspiración divina cómo para ponerme a teclear sobre un personaje con caras tan diversas, tan distintas, con un tobogán emocional como el suyo que sube y baja como lo hace la propia vida. Y como las cosas nunca se pueden forzar, y las ideas entonces no fluían como yo quería, aparqué el asunto hasta darlo prácticamente por perdido. Era obvio que ella me gusta. Y mucho, pero no había manera. Su música y un universo que a veces parece hasta irreal, su peculiar fisonomía, todo en ella me fascina. Creo que es precisamente por eso que me costó más concentrarme y ubicarme para escribir sobre un caso como el suyo, tenía que dar en el clavo, era evidente no podía dejar cabos sueltos.
Recuerdo que cuando me lancé a la aventura de escribir mi primer libro, uno de los textos al que le di más vueltas fue al que se ocupaba de hablar de Extraordinary Machine. Quizás la razón fuese solamente una: Fiona Apple es muy especial, no es una cantante pop de base. Más bien es lo contrario a eso, ella casi siempre va en contra de las reglas, funciona sin el control de una brújula que la guíe, de un mapa que la oriente. El sistema, el propio negocio, le ha importado y le importa un carajo. Como a Chan Marshall, siendo sus circunstancias más o menos parecidas -de Cat Power también hablamos aquí en su día-. No obstante, es cierto que de Fiona se saben menos cosas. O más. Eso es según se mire.
Cancelar una gira por Sudamérica porque tu perra está enferma emitiendo un comunicado de prensa que bordea el surrealismo, sólo está al alcance de alguien tan complejo y que es tan variable. Tres discos publicados en la friolera de 16 años desde su debut, cuatro obras en total que cabe evaluar justo como lo que son: tratados musicales que te descubren nuevas materias, fórmulas con una resolución matemática de resultado incierto y que se encuentran únicamente en sus manuscritos. Ella está claro que era de letras, su pluma es el testimonio, pero también de ciencias. Seguro que le gustaba estudiar la signatura de filosofía, así como la dichosa trigonometría que a servidor le traía de joven por el camino de la amargura. Extraordinary Machine fue un álbum que si armó un gran revuelo: lo grabó primero con Jon Brion, pero no le convenció ni en la forma ni en el fondo y lo arrinconó. Su pareja entonces, el director de cine Paul Thomas Anderson le recomendó que trabajaran juntos tras colaborar junto a él y con Aimee Mann en la banda sonora de Magnolia -dicho sea de paso, mi película favorita de los últimos 15 años-.
Fiona se había prometido a sí misma que nunca más pisaría un estudio de grabación. Lo hizo por amor y por fidelidad, aunque el tiro le salió por la culata. Después del alboroto contrató a Mike Elizondo, un arreglista que venía del mundo del hip-hop, y con su estilo, él le dio una nueva dimensión a las canciones. La controversia estaba servida, ¿qué versión de las dos era mejor? La oficial obedece al disco que se podía adquirir en las tiendas, la otra se filtró por la red. Sin embrago, al final sólo fueron unos cuantos los que pudieron darle un tiento y, los afortunados que lo escucharon, no entienden la razón por la que se obcecó en cambiar toda esa estrategia de buenas a primeras. Imprevisible, mordaz, terca y perfeccionista. No hace falta añadir nada más, con eso queda todo dicho.
Imagino que ser pareja suya, todo y el morbo que la chica suscita, no debe ser fácil. Que se lo pregunten a Paul Thomas Anderson, el director de cine más atrevido y original que nos ha brindado el séptimo arte en los últimos tiempos. En la versión de coleccionista de Magnolia, en el disco extra se puede ver cómo Fiona y Paul hacen de actores en su propia casa, improvisan una escena y juguetean de forma peligrosa. El personaje del oficial de policía que encarna John C.Reilly en la película, se contaba que estaba inspirado en él mismo. Quitándole la vena más tóxica, Melra Walters vendría a ser como Fiona Apple. En ese instante la pareja estaba de dulce, aquello si funcionaba bien, se complementaban, si bien el código de comportamiento de ambos difería por su personalidad. Cuando él logró el Oso de Berlín, su discurso fue muy sincero, muy de verdad, emocionante al máximo. En cambio, Fiona Apple cargó vehementemente contra todo estamento viviente al recibir un premio en una gala de la MTV en 1997.
En común tienen que siempre van un paso más allá en sus proyectos, ellos cruzan esa línea que separa al bien del mal, llegan hasta el límite de sus posibilidades, exprimen el limón al máximo, y es la exageración, el drama, esos contrastes, las señas de identidad que les definen como artistas. Años más tarde, en Extraordinary Machine -de nuevo ese disco- el tema central era el desamor, la relación se había roto en mil pedazos, ella buscaba respuestas a su desesperada situación, ella quería saber y a toda costa cuales habían sido las causas de la ruptura, había mucha desazón y cierta contrariedad. Con el paso del tiempo cicatrizaron heridas, y al contrario de otras parejas que conviven entre la música y el cine como las formadas por Johnny Depp y Vanessa Paradís o Julia Roberts y Lyle Lovett, ellos han llegado a establecer ese punto de cordialidad culminando con éxito hace poco la filmación del video de “The Hot Knife”, el último corte de The Idler Wheel Is Wiser…
Tan aseada como desordenada que es, su mente es como una enredadera. Entonces, la pregunta clave es, ¿por qué nos atraen más las personas que están atormentadas? ¿Por qué son éstas las que nos dejan una marca más profunda? Ni ahora ni nunca sabremos de ese porqué con relativa exactitud. Y musicalmente, ¿de qué estilo hablamos? Pues la verdad, no lo hay, no existe. Ni falta que le hace. Describirlo es un desafío para cualquiera que lo intente. En Tidal, su bautismo de 1996 nos lo puso más fácil: íntima, mucho piano, y la comparación con Tori Amos que con el paso del tiempo ha ido desapareciendo. En su segunda comparecencia con título también imposible de memorizar por su longitud -When The Pawn…-, ella comenzó a imponer sus propias normas. Eso sería ya una constante.
La prueba es The Idler Wheel Is Wiser…, el primero de sus discos recibido unánimemente con entusiasmo y un absoluto respeto por parte la prensa, todo el mundo lo ha puesto por las nubes. Incluso ha entrado en listas entre lo mejor del año -también en la del suplemento cultural Babelia de este periódico-. Y es curioso, porque contra todo pronóstico, lo logra con el álbum más raro e inclasificable de su carrera, lo cuál es mucho decir. Pop sin conservante ni colorantes, simplemente al natural, un piano que suena con alma pero como desnudo, incluso destartalado a ratos, más unas baterías como único recurso extra. Sonidos de cabaret que aparecen por allí metidos entre brumas, un single que corta la respiración como “Every Single Night”, pasajes centrados sin ni tan siquiera preverlo en el blues de Nueva Orleans, otros momentos que pasan por el tamiz del folk cosmopolita de la gran manzana, música dolorosa y enérgica, magnetismo y excitación a partes iguales. Y ahora que, ¿hasta cuándo? De momento la veremos en el Primavera Sound, a no ser que se le cruce la vena y nos dejé a todos compuestos y sin novia. Aún así, la seguiríamos queriendo. Se lo ha ganado.
Texto: Toni Castarnado, autor del libro "Mujer y música" (66 rpm) y colaborador de Ruta 66 y Mondosonoro.
Pero no sé porqué, mi cabeza no encontró ese momento de pausa y de inspiración divina cómo para ponerme a teclear sobre un personaje con caras tan diversas, tan distintas, con un tobogán emocional como el suyo que sube y baja como lo hace la propia vida. Y como las cosas nunca se pueden forzar, y las ideas entonces no fluían como yo quería, aparqué el asunto hasta darlo prácticamente por perdido. Era obvio que ella me gusta. Y mucho, pero no había manera. Su música y un universo que a veces parece hasta irreal, su peculiar fisonomía, todo en ella me fascina. Creo que es precisamente por eso que me costó más concentrarme y ubicarme para escribir sobre un caso como el suyo, tenía que dar en el clavo, era evidente no podía dejar cabos sueltos.
Cancelar una gira por Sudamérica porque tu perra está enferma emitiendo un comunicado de prensa que bordea el surrealismo, sólo está al alcance de alguien tan complejo y que es tan variable. Tres discos publicados en la friolera de 16 años desde su debut, cuatro obras en total que cabe evaluar justo como lo que son: tratados musicales que te descubren nuevas materias, fórmulas con una resolución matemática de resultado incierto y que se encuentran únicamente en sus manuscritos. Ella está claro que era de letras, su pluma es el testimonio, pero también de ciencias. Seguro que le gustaba estudiar la signatura de filosofía, así como la dichosa trigonometría que a servidor le traía de joven por el camino de la amargura. Extraordinary Machine fue un álbum que si armó un gran revuelo: lo grabó primero con Jon Brion, pero no le convenció ni en la forma ni en el fondo y lo arrinconó. Su pareja entonces, el director de cine Paul Thomas Anderson le recomendó que trabajaran juntos tras colaborar junto a él y con Aimee Mann en la banda sonora de Magnolia -dicho sea de paso, mi película favorita de los últimos 15 años-.
Fiona se había prometido a sí misma que nunca más pisaría un estudio de grabación. Lo hizo por amor y por fidelidad, aunque el tiro le salió por la culata. Después del alboroto contrató a Mike Elizondo, un arreglista que venía del mundo del hip-hop, y con su estilo, él le dio una nueva dimensión a las canciones. La controversia estaba servida, ¿qué versión de las dos era mejor? La oficial obedece al disco que se podía adquirir en las tiendas, la otra se filtró por la red. Sin embrago, al final sólo fueron unos cuantos los que pudieron darle un tiento y, los afortunados que lo escucharon, no entienden la razón por la que se obcecó en cambiar toda esa estrategia de buenas a primeras. Imprevisible, mordaz, terca y perfeccionista. No hace falta añadir nada más, con eso queda todo dicho.
Imagino que ser pareja suya, todo y el morbo que la chica suscita, no debe ser fácil. Que se lo pregunten a Paul Thomas Anderson, el director de cine más atrevido y original que nos ha brindado el séptimo arte en los últimos tiempos. En la versión de coleccionista de Magnolia, en el disco extra se puede ver cómo Fiona y Paul hacen de actores en su propia casa, improvisan una escena y juguetean de forma peligrosa. El personaje del oficial de policía que encarna John C.Reilly en la película, se contaba que estaba inspirado en él mismo. Quitándole la vena más tóxica, Melra Walters vendría a ser como Fiona Apple. En ese instante la pareja estaba de dulce, aquello si funcionaba bien, se complementaban, si bien el código de comportamiento de ambos difería por su personalidad. Cuando él logró el Oso de Berlín, su discurso fue muy sincero, muy de verdad, emocionante al máximo. En cambio, Fiona Apple cargó vehementemente contra todo estamento viviente al recibir un premio en una gala de la MTV en 1997.
Tan aseada como desordenada que es, su mente es como una enredadera. Entonces, la pregunta clave es, ¿por qué nos atraen más las personas que están atormentadas? ¿Por qué son éstas las que nos dejan una marca más profunda? Ni ahora ni nunca sabremos de ese porqué con relativa exactitud. Y musicalmente, ¿de qué estilo hablamos? Pues la verdad, no lo hay, no existe. Ni falta que le hace. Describirlo es un desafío para cualquiera que lo intente. En Tidal, su bautismo de 1996 nos lo puso más fácil: íntima, mucho piano, y la comparación con Tori Amos que con el paso del tiempo ha ido desapareciendo. En su segunda comparecencia con título también imposible de memorizar por su longitud -When The Pawn…-, ella comenzó a imponer sus propias normas. Eso sería ya una constante.
La prueba es The Idler Wheel Is Wiser…, el primero de sus discos recibido unánimemente con entusiasmo y un absoluto respeto por parte la prensa, todo el mundo lo ha puesto por las nubes. Incluso ha entrado en listas entre lo mejor del año -también en la del suplemento cultural Babelia de este periódico-. Y es curioso, porque contra todo pronóstico, lo logra con el álbum más raro e inclasificable de su carrera, lo cuál es mucho decir. Pop sin conservante ni colorantes, simplemente al natural, un piano que suena con alma pero como desnudo, incluso destartalado a ratos, más unas baterías como único recurso extra. Sonidos de cabaret que aparecen por allí metidos entre brumas, un single que corta la respiración como “Every Single Night”, pasajes centrados sin ni tan siquiera preverlo en el blues de Nueva Orleans, otros momentos que pasan por el tamiz del folk cosmopolita de la gran manzana, música dolorosa y enérgica, magnetismo y excitación a partes iguales. Y ahora que, ¿hasta cuándo? De momento la veremos en el Primavera Sound, a no ser que se le cruce la vena y nos dejé a todos compuestos y sin novia. Aún así, la seguiríamos queriendo. Se lo ha ganado.
Texto: Toni Castarnado, autor del libro "Mujer y música" (66 rpm) y colaborador de Ruta 66 y Mondosonoro.

