Copa Center: Wilstermann se mostró vacío ante Oriente

José Vladimir Nogales
Wilstermann no pudo con Oriente. Su fútbol, escaso de volumen pero excedido de vértigo, no alcanzó para quebrar el férreo abroquelamiento que opuso el cuadro de Erwin Sánchez. El saldo del partido (un agrio 0-0) no se explica, esencialmente, por carencias en la definición. Al menos no en el caso de Wilstermann, cuyo problema fue algo más serio (y preocupante) que errar de cara al arco. No dispuso de situaciones para anotar. Y esa carencia, más que una enfermedad, es un síntoma.
Que una hegemónica tenencia de pelota no se traduzca en una mínima proporción de situaciones para anotar significa que algo, en el proceso de producción, está fallando. O, en sí, que el sistema no carbura. Aunque, ciertamente, resulta prematuro juzgar la idea que subyace el modelo, la batalla con Oriente dejó malas sensaciones. Claro, se dirá que el equipo necesita tiempo, que el funcionamiento debe ajustarse, que los jugadores aún necesitan asimilarse para generar automatismos y que éstos materialicen la idea en el campo. Quienes así piensen estarán asistidos de razón, puesto que vago resulta un análisis temprano, sin mayores fundamentos empíricos, para emitir definitivos juicios valorativos. Sin embargo, bueno será detenerse en algunas observaciones: a) La buscada verticalidad del fútbol de Wilstermann obliga a prescindir de la elaboración e incurrir en la precipitación. b) La verticalidad exige velocidad en las ejecuciones y precisión en las entregas. Wilstermann nunca fue preciso. c) Con un único medio centro que maneje la salida (Nicolás Suárez primero y Richard Rojas después), el equipo se muestra muy propenso a partirse por el medio. d) El esquema (4-1-2-3) exhibe fragilidad en el centro del campo, donde posee un muy reducido vector de recuperación (la línea de defensa debe apretar frecuentemente hacia adelante) y escasa capacidad de generación (Zárate y Andrada aparecen dispersos, distantes de los bloques que deben enlazar. e) El sistema elegido y el estilo (de juego directo) parecen restringir en demasía a las individualidades. Zárate no funcionó como eje creativo, Andrada corrió más de lo que jugó, los puntas (Andaveris, Salinas y Cardozo), destinatarios de ese frontal aprovisionamiento, recibieron poco y mal, siempre en inferioridad de condiciones y escasos de asistencia. Sucede que la inclinación por el fútbol directo ocasionó desequilibrios en todas las líneas. Generó un vacío en el centro del campo y estacionó a los puntas en sus carriles (facilitando la detección de sus movimientos por el rival), haciendo todo previsible.
Esa propensión a la fractura era particularmente visible en la segunda mitad, cuando Wilstermann intentaba salir jugando desde atrás. Sin receptores libres en las cercanías, el balón rodaba peligrosamente entre los defensas. El resto, aquellos con vocación atacante, aguardaban perezosamente al otro lado de la muralla. Para acercarles el suministro sólo existían dos vías: una aérea (comúnmente empleada y con calamitosos resultados) y la otra por tierra, cruzando la fangosa ciénaga del centro del campo. Ninguna de las opciones prosperó y en su languidecer arrastró la figura de Zárate, el enganche argentino que erró todos los pases y agregó sombras a las carencias colectivas para generar juego.
Obviamente, parte de la defección de Wilstermann fue inducida por la eficiencia de un Oriente sólido y disciplinado. Aunque hizo poco con el balón (al menos en el primer tiempo), gobernó tácticamente la batalla. Al principio, cortó los circuitos de Wilstermann con mucha presión sobre el centro, impidiendo el abastecimiento a los puntas. En la segunda mitad (transmutando el 3-4-2-1 de la primera parte en un 5-4-1), plantó la línea de defensa entre su área y la divisoria para tener controlados a receptores estáticos, neutralizables desde la previsibilidad de envíos huérfanos. Con un Wilstermann partido en dos (cuando sus volantes se agregaron al contingente de atacantes), Oriente encontró espacios en el centro. Ahí gravitó el manejo de Mojica y el talento de Alves para encarar. Y si le faltó gol, no fue por falta de oportunidades. Robledo -que ahogó dos gritos con atajadas monumentales- explicó buena parte del cero que correspondió a Oriente. El otro cero, el que se registra en el haber de Wilstermann, tiene otras connotaciones. Más preocupantes que la simple falta de puntería o la banal carencia de fortuna.
Wilstermann: Marcelo Robledo, Axel Bejarano, Edward Zenteno, Marco Zanotti, F. Rodríguez (García), Nicolás Suárez (Rojas), M. Andrada (G. Suárez) (Castillo), Jaime Cardozo (Hinojosa), Cristian Zárate, Pablo Salinas, A. Andaveris.
O. Petrolero: Sebastián Britos, Miguel Hoyos, Wilder Zabala, Mariano Brown, J. Quiñones, Danny Bejarano, F. Saucedo, Gualberto Mojica, M. Bejarano, Juan F. Alves y Alcides Peña.
Wilstermann: Marcelo Robledo, Axel Bejarano, Edward Zenteno, Marco Zanotti, F. Rodríguez (García), Nicolás Suárez (Rojas), M. Andrada (G. Suárez) (Castillo), Jaime Cardozo (Hinojosa), Cristian Zárate, Pablo Salinas, A. Andaveris.
O. Petrolero: Sebastián Britos, Miguel Hoyos, Wilder Zabala, Mariano Brown, J. Quiñones, Danny Bejarano, F. Saucedo, Gualberto Mojica, M. Bejarano, Juan F. Alves y Alcides Peña.

