Eurocopa: España, brava como Iniesta, sólo añora un gol de Torres


Gdansk , As
España ha tenido debuts exuberantes que no sirvieron de nada (Ucrania en Alemania 2006) o que presagiaron la gloria (Rusia en la Euro’2008). También tuvo estrenos dramáticos que hoy son bellísimas anécdotas (Suiza en Sudáfrica). Así que habrá que aceptar este empate inicial, bravo, de casta, como bueno. Se podrá pensar que España no ganará la Eurocopa andando. Pero también que no entregará el torneo al primero que pase por Polonia o Ucrania.

De este partido fantástico, digno de Eurocopa, con un rival histórico y grande como las cuatro estrellas que adornan su camiseta azzurra, nos quedará como primer sabor esa vaselina de Torres que huyó de la portería como de Navas, que esperó un pase que nunca llegó. La imagen quedará para siempre. Un no-gol, como el de Salinas a Italia, como el de Cardeñosa. Pero no-goles tiene en su currículo hasta Pelé. Pero también quedará que con Torres y Navas, cambios de Del Bosque, España fue más decidida. Y que Iniesta es inmenso y que más gigante se hace cuanto más grande es el desafío. El punto de España es de compromiso y fe. De hambre. Pero también de pies en el suelo. España ya sabe lo que le espera, un camino más duro que la primera vez que viajas a la gloria.

Nadie sabe qué ha pasado detrás de las tapias de Coverciano, la casa del fútbol de Italia, mientras el mundo del fútbol se sobresaltaba con el calcioscommese. Prandelli ha pasado por cosas peores, así que costaba pensar que Italia, por más que ese tipo de escándalos sacuden a cualquier, iba a dimitir en el partido inaugural de la Eurocopa, con lo que ama las grandes competiciones. No se trata de unirse más, de aislarse más, frases tópicas del fútbol. Se trata, simplemente, de saber prepararse y convivir con ese monstruo. Italia compareció en Gdansk como lo que es, una tetracampeona del mundo. Orgullosa y, lejos de ese ADN defensivo que se le presupone, atrevida con el balón. La puesta en escena sorprendió a España, sorprendente a su vez por su alineación. Del Bosque eludió el debate y los pronósticos y obvió a los tres delanteros de la Selección. Apostó por Cesc, sin experiencia como titular en esa posición con la Selección y con un triste final de temporada a cuestas. Cesc, jugador de sensaciones, debió dejar huellas esperanzadoras durante la semana. Del Bosque apostó por él.

Salió una primera parte competida, inquietante para España. El despliegue de Italia sorprendió a Del Bosque, que defendió tan lejos de la portería como bien. España, sin la pausa en la primera parte de Xavi, futbolista que sufre como pocos si no se relaciona con el balón, no tuvo brújula y metió el partido durante momentos en un correcalles peligroso porque no está entrenado ni preparado para defender contragolpes y correr detrás del balón. El fútbol que le ha llevado a la estrella es recuperación y toque. Sin más. Pero no lo hubo. O lo hubo menos de lo necesario al principio. España llegó al área un buen puñado de veces pero Cesc, Xavi o Iniesta, el mejor del partido con Pirlo, se atascaron en el área tanto como se frenaba el balón. Al contrario, Italia asustó seriamente. Cassano disparó cruzado, al límite del poste. Y Casillas, eterno talismán, salvó una falta de Pirlo y, especialmente, un cabezazo de Motta al borde del descanso. Un paradón a la altura de los que le han hecho leyenda. Es extraordinario lo de Iker.

Creció Italia e intentó crecer España, que salió como un cohete en los cinco primeros minutos de la segunda partido. Iniesta, otra vez, rozó el gol. En la primera parte con un intento falido de vaselina. Y ahora, con un zurdazo cruzado precioso que Buffon esperaba y salvó al límite. Aunque el que alteró de verdad los corazones fue Ramos, con una pérdida ante Balotelli. La conducción del excéntrico delantero se hizo eterna, tanto que a Ramos, bravo, le dio el tiempo justo a rectificar. A Prandelli le gustó tan poco la falta de generosidad de Balotelli que llamó a Di Natale, viejo rockero, otro que se sabe el libro del fútbol y que siguió con maestría una conducción mágica de Pirlo, que desbordó a Busquets y le dio una asistencia al alma-mater del Udinese. Di Natale la puso en el rincón. 0-1.

Pero España es campeona por algo. También para la determinación. Sin tiempo para masticar el golpe, para pensar en la situación tan delicada que le dejaría, encontró una combinación de las que le han convertido en única. Iniesta encontró a Silva y éste a Cesc, que justificó la decisión de Del Bosque y ganó el debate. Porque si él era el nueve, el nueve hizo el gol. Y ahí España se lo creyó. Y se lanzó a por el triunfo. Sólo tuvo un susto con otro remate de Di Natale, pero se hizo con el protagonismo definitivo del partido. Con Navas, un buen puñal en la derecha. Su producción fue excelente. Inquietud en la defensa de Italia, un centro a Jordi Alba y una asistencia perfecta a Torres, que falló el mismo mano a mano que hizo a la Selección campeona de Europa Luego, cuando se acercaba el final, el Niño, bien en los movimientos y mal en la definición, tuvo una más sencilla. Con Xavi crecido, unos metros más adelantado, encontró un balón al espacio. Torres hizo bien la pausa, se quitó al defensor del encima. Pero no dio el pase definitivo a Navas e intentó una vaselina que no llegó a buen puerto. Al final, 45 millones de españoles se colgaron a lomos de Iniesta por si había milagro. Hubo un empate que anuncia un camino sinuoso. Ojalá, que hacia la gloria.

España: Casillas; Arbeloa, Sergio Ramos, Piqué, Jordi Alba; Busquets, Xabi Alonso, Xavi, Iniesta, Silva (Navas, m.65); y Cesc (Fernando Torres, m.74).

Italia: Italia juega con: Buffon; Giaccherini, Chiellini, De Rossi, Bonucci, Maggio; Marchisio, Thiago Motta (Nocerino, m.89), Pirlo; Cassano (Giovinco, m.65) y Balotelli (Di Natale, m.56).

Goles: 0-1, m.60: Di Natale. 1-1, m.64: Cesc.

Árbitro: Viktor Kassai (de Hungría). Amonestó a Jordi Alba (67) y Arbeloa (84) y Torres (84) por España; y a Balotelli (37), Bonucci (67), Chiellini (79) y Maggio (89) por Italia.

Incidencias: encuentro correspondiente a la primera jornada del Grupo C, disputado en el estadio Arena Gdansk, ante la presencia de 39.000 espectadores. Estuvieron en el palco de honor los Príncipes de España, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, el presidente de Uefa Michel Platini y el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) Ángel María Villar, entre otras personalidades.

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