Damasco reduce la violencia pero no retira el Ejército de las ciudades

La oposición denuncia tres muertes y convoca manifestaciones masivas para el viernes. Annan pide la retirada de tropas y el despliegue de observadores internacionales

Damasco, El País

Siria amaneció en medio de una calma desconocida desde hacía meses. Ejército, milicias progubernamentales y grupos rebeldes armados respetaron en buena medida el alto el fuego pactado con el enviado internacional Kofi Annan, y que entró en vigor a las seis de la mañana hora local. Damasco no retiró sin embargo las tropas de las ciudades, lo que supone la violación de uno de las principales exigencias del llamado plan Annan. Por eso y porque la comunidad internacional ha visto cómo el régimen del presidente Bachar el Asad ha incumplido sistemáticamente sus promesas, el frágil alto el fuego fue recibido con grandes dosis de escepticismo. Varios incidentes violentos pusieron además en entredicho la tregua a lo largo del día.

Los grupos opositores convocaron marchas pacíficas de protesta y a favor de reformas democráticas en el país para el viernes. Con la llamada a manifestarse después de la oración, pondrán a prueba la supuesta mano tendida del régimen sirio y envían de paso una señal inequívoca de que una posible tregua no implica ni mucho menos el fin de la primavera siria. La respuesta del Gobierno no se hizo esperar. El Ministerio del Interior sirio indicó que cualquier manifestación debe ser previamente autorizada. El choque de declaraciones de ambas partes auguran nuevas tensiones en las próximas horas.

París y Washington pidieron a Damasco que “respete escrupulosa e incondicionalmente sus compromisos con el plan [de Annan]”. La jefa de la diplomacia estadounidense, Hilary Clinton, consideró la nueva calma “un paso importante”, pero también instó al régimen de El Asad a cumplir los seis puntos del plan Annan, porque dijo, no se trata de un “menú de opciones”, del que se pueda “elegir” qué parte cumplir y cuál no. Annan, mediador designado por Naciones Unidas y la Liga Árabe, comunicó al Consejo de Seguridad en Nueva York que Siria había cumplido solo parcialmente su compromiso de alto el fuego. Que aún debe retirar los tanques y las tropas de las calles, según indicaron fuentes diplomáticas a la agencia Reuters. En un comunicado estimó, sin embargo, que “Siria está experimentando un momento de calma excepcional”.

Annan pidió además autorización para desplegar una misión de observadores que evalúe el cumplimiento del alto el fuego. El enviado ruso ante la ONU anunció que este viernes podría aprobarse una resolución que permita el despliegue inmediato de observadores, eso sí, desarmados. Moscú, uno de los principales valedores del régimen de El Asad, ha apoyado el plan de paz de Annan, pero ha evitado junto a Pekín que el Consejo de Seguridad aprobara hasta ahora una declaración de condena a Damasco.

Sobre el terreno, varios incidentes quebraron el delicado alto el fuego. Los activistas agrupados en los comités de coordinación local cifraron en una veintena el número de víctimas mortales el jueves. La mayoría de las víctimas se produjeron por disparos de metralla y por los ataques de francotiradores en distintos puntos del país. La agencia oficial de noticias Sana indicó que un atentado contra un autobús militar mató a un soldado e hirió a una veintena de uniformados y civiles en Alepo, al norte del país. Otra persona habría muerto en Deraa, al sur tiroteada cuando salió a comprar el pan, según las mismas fuentes que atribuyen los ataques a “grupos terroristas”. El régimen de Bachar el Asad niega que las manifestaciones y deserciones del Ejército reflejen un descontento popular y atribuye los actos de protesta y los ataques de los rebeldes a terroristas manejados y financiados desde el extranjero.

El precario alto el fuego es el resultado de una intensa actividad diplomática, ejercida a través de los principales aliados sirios. Annan ha visitado Rusia, China e Irán, para convencer a los gobernantes de esos países de que presionen al régimen sirio para que ponga fin a la sangrienta represión que dura ya algo más de un año. Más de 9.000 personas han muerto en las campañas militares con las que Damasco ha querido aplastar el levantamiento democrático que recorre el país.

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