Kobal se sentirá cómoda en el Vicente Calderón. Allí actúan desde hace un par de décadas Gil Marín y Enrique Cerezo, maestros de ceremonias de un lamentable teatrillo que ha llevado al Atlético de Madrid a convertirse en un club endeudado y de segunda fila, con la venta de sus mejores activos (Torres, Agüero, De Gea) y la llegada de jugadores mediocres. De hecho, el Atlético ocupa el octavo puesto en la clasificación histórica de la Liga en los últimos 15 años. Una situación indigna para un club con una de las mejores aficiones del mundo.
El consuelo que les queda a los atléticos, al menos a los que están hartos del Gilifato (gracias, maestro Uría), es que si giran el cuello del campo a la grada, aunque sea para sacar el pañuelo al palco, tal vez se encuentren con la bella mirada de Sinem Kobal, la novia de Arda Turan, ajena a la historia del club. No ayudará a meter goles, pero sí a que olviden por unos instantes su preocupante situación. Bienvenida, señora Kobal.