Yo creo, ¿creo?

La esperanza de Argentina en la Copa América se derrumbó con problemas de arrastre

Buenos Aires, Espn

La canción que ganó por cansancio y provocó un efecto contagio terminó por convertirse en tediosa. Nada tiene que ver Diego Torres con esta situación. Después de la eliminación del equipo de Batista, los argentinos intentan escuchar lo menos posible sobre un torneo llamado Copa América, que se juega justamente en su tierra.

Si superar una mediocre primera ronda significaba "empezar otra Copa", los cuartos de final se transformaron en el principio del fin. Un desenlace prematuro, por la expectativa de romper en casa la sequía de éxitos, pero no tanto teniendo en cuenta las decisiones que afectaron en los últimos tiempos a la Selección.

Aunque no son la única explicación del fracaso, sobran causas futbolísticas. Es un error pensar que sólo dependió de un penal. Se ganó un partido de cuatro, ante el rival más accesible, y se levantó un nivel pobrísimo recién en las últimas dos presentaciones. En el duelo decisivo se desaprovechó la ventaja numérica durante 50 minutos. En un supuesto candidato brilló el arquero Romero. Burdisso y Milito jamás ofrecieron seguridad, por deficiencias propias y poca colaboración del resto. Aunque cumplió ese rol en Inter, Zanetti no siente la banda izquierda. Lavezzi y Di María chocaron más de lo que desequilibraron. En el marco de un bajo nivel general, se destacaron Agüero, Gago e Higuaín, quienes llegaron desde el banco.
Carlos Tevez
APTevez erró un penal clave en Argentina

Además quedaron expuestas las grandes contradicciones de Batista. Mucho se habló de la semejanza con Barcelona, utópica en la teoría y en la práctica. La idea era poner como a centrodelantero al distinto Messi, quien terminó convirtiéndose en el mejor asistidor y lejos de la zona donde más lastima. Y atado a esto, el emblemático caso Tevez.

De no entrar en los planes iniciales por ser "9" (y quizás otras razones), Carlitos culminó dentro de la convocatoria y titular como atacante por afuera. Un puesto en el que el propio jugador dijo y mostró no sentirse cómodo. Por cuestiones estríctamente futbolísticas, el goleador de la Premier no podía quedar fuera de los 23. Lo cierto es que la presión popular pudo más que la convicción del técnico. Y el penal errado por el de Manchester City terminó siendo un doble cachetazo para el Checho.

Hay más: a Rojo la banca le duró 90 minutos. Banega pasó de socio estratégico de Messi a suplente con Uruguay. La opción de cambio fue Biglia. Eso no es contradictorio: el mediocampista de Anderlecht es la apuesta del DT.

Podríamos seguir, pero es injusto seguir cayendo en individualidades porque nunca apareció el equipo. Por haber tenido tiempo de trabajo, es responsabilidad del técnico, por supuesto, y también de los intérpretes que no lograron corregir el rumbo en la cancha.

Muchos piden la cabeza de Batista. Se coincidirá en que no asumió por su currículum. ¿Pero alguien cree realmente que será echado luego de esta eliminación? Despedirlo implicaría asumir el error de haberlo designado como interino hace casi un año y haberlo oficializado hace ocho meses. Y digamos que la palabra autocrítica no suele figurar en el diccionario de Julio Grondona. Los técnicos capaces de hacerse cargo, contados con los dedos de una mano, poseen tantos pergaminos como personalidad. Rasgo incompatible en la convivencia con el presidente de AFA.
APBatista quedó bajo la lupa tras la eliminación

Insisto, los errores fueron notorios, pero este plantel y cuerpo técnico no son responsables de las casi dos décadas sin vueltas olímpicas. Los problemas vienen de arrastre. Salvo en la renovación de Marcelo Bielsa, nunca se mantuvo coherencia en la elección de cuerpos técnicos de Selección mayor. Se desarmó el exitoso proyecto de juveniles a cargo de Pekerman. Se le dio la posibilidad a la "Generación del 86" y los resultados están a la vista.

Mientras tanto, por estas horas se reclama que el mánager Bilardo hable más de fútbol con Batista. Un déjà vu de lo vivido con Maradona. Parece que no aprendimos nada. En octubre comienzan las Eliminatorias. Es un error creer que se pasarán de taquito. La angustiosa clasificación en Montevideo y el nivel de los rivales en esta Copa América deberían servir para abrir los ojos.

Quizás lo mejor sería bajarse del caballo. Ceder el rótulo eterno de candidato. Pensar partido a partido y no en "cuatro finales", como declaró Batista antes de Costa Rica. Creer que no alcanza solamente con el nivel propio, porque los otros también juegan. Trabajar para conformar un verdadero equipo que explote sus individualidades.

Mientras tanto, en Argentina le quieren poner mute al "Yo creo" de Diego Torres. Aunque se conserva la esperanza por contar con Messi, se quiere volver a creer que es posible recuperar el prestigio perdido. Es una pena que se haga todo para que no suceda.

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