Fútbol cochabambino: Wilstermann fue muy superior ante un inexpresivo Bata
José Vladimir Nogales
La nítida superioridad con la que Wilstermann abrumó a un tímido Bata, no se expresó en cifras. El 3-1, bastante angustioso en la progresión y tiempo de los goles, no hace justicia al desarrollo.
Wilstermann fue mucho más en tiempo de posesión, calidad de manejo y cantidad de situaciones, que su acorralado adversario, pero no supo trasladar esa supremacía a las redes. Claro, si tanto control del pelota no se traduce en goles, la posesión resulta baldía, reveladora de carencias ofensivas, de índices de ineficacia que rozan niveles de alarma.
Es cierto que los palos escupieron el balón en un par de ocasiones, que hubo despilfarro de las situaciones generadas, que la defensa de Bata, hermética durante gran parte del desarrollo, se multiplicó para apagar los incendios; pero, pese a todo, la realidad del desarrollo señala que a Wilstermann le costaba anotar, que su delantera carecía de potencia. Erick Rojas y Oliver Fernández (los dos atacantes del 4-4-2, con los volantes en línea, que presentó Chazior) son arietes que viven del suministro, que no participan de la elaboración ni exhiben condiciones para fabricarse una situación a base de habilidad y potencia. Y como el equipo, con escasa profundidad en la provisión del juego, no ofrece un suministro asiduo y calificado, los dos atacantes quedan desamparados.
Ante Bata, con los cuatro volantes acomodados en una línea (incluido Javier Guzmán, ubicado sobre la izquierda), Wilstermann no tuvo un eje generador definido. Hizo rodar mucho el balón y casi nunca consiguió profundidad. En el primer tiempo, entregó lo necesario para descansar en ventaja. Recuperó la pelota con rapidez (en este rubro fue fundamental la regularidad de Víctor Hugo Melgar) y buscó alternativas ofensivas por afuera, fundamentalmente por el sector izquierdo, donde Guzmán desequilibró con su habilidad, pero por ráfagas. Como Melgar no se desdobló lo suficiente para asumir el control del eje, a Wilstermann le costó mucho vulnerar el tejido defensivo que presentó Bata, consecuentemente difícil resultó arribar con nitidez al pórtico rival. Bata no existía ofensivamente. Esbozó algún contragolpe aplicando velocidad para cazar algún pelotazo náufrago. La solidez del fondo borró cualquier insinuación.
Cerca del final de la etapa, cuando el marchito dominio de balón parecía perpetuarse en un cero gélido como la noche, Bengolea sacó un disparo colocado que superó la posición del golero y cayó a sus espaldas. Con la ventaja en la bolsa, apareció la faceta riesgosa de los rojos. Cayó en una modorra conformista que casi lo condena.
A la segunda mitad, los rojos acudieron con un exceso de parsimonia. Conscientes de la superioridad expresada en la hegemónica tenencia de pelota, obviaron los riesgos y acentuaron la improductividad de su posesión, mezclando desaciertos en las entregas con escasez de puntería en el área. Y si bien el ingreso de Amilcar Sánchez le dio a Wilstermann mayor limpieza en el manejo, no ganó profundidad ni agresividad. La lentitud del juego parecía explicarse a partir de la paciencia del tránsito para visualizar una grieta explotable, esa que, una vez encontrada, era desperdiciada por la lentitud de las evoluciones o la imprecisión en las entregas. De tanto dilapidar goles, lógico resultaba que, en algún momento, Bata embocara alguna de las escuálidas situaciones que el cotejo le ofrecía. Más aún, ante un Wilstermann adormecido por la lentitud de sus movimientos. Un doble error en la salida posibilitó el empate de Bata.
Hubiera sido un castigo excesivo, pero tras el cachetazo, Wilstermann salió con una actitud renovada. Tuvo más soltura para desnudar las indisimulables carencias del cuadro azul. Amilcar Sánchez y Víctor Melgar mostraron más continuidad en sus apariciones y los puntas ya no padecían de soledad. El 2-1, anotado por Rojas, llegó de inmediato. La fórmula de desequilibrio por los costados y pelota al vacío, tenía sus manifestaciones más eficaces. Siempre con la colaboración de una defensa descoordinada y lenta. En un contragolpe, con Bata jugado al ataque, con toda su inocencia y carencias a cuestas, Wilstermann anotó el tercero con disparo cruzado de Oliver Fernández. Después, y hasta el final, los rojos danzaron ante un rival que no exhibía más que reacciones inexpresivas. El tic-tac del equipo de Chazior generaba aplausos. Tocaba y tocaba hacia los costados, mientras en las tribunas se observaban postales envueltas en ilusión. Claro, el desenlace ya tenía el punto final y su gente estaba embarcada en un sueño inobjetable. Volver a Primera.

