Un nueva explosión sacude la central nuclear de Fukushima

El estallido se ha producido en el reactor número tres y es similar al registrado hace dos días en el número uno a causa del terremoto del viernes en Japón.- Las autoridades aseguran que el reactor no ha sufrido daños.- Hay nueve heridos.- El primer ministro advierte de que la planta sigue en un estado "alarmante".- La de Tokai, a 120 kilómetros de Tokio, continúa con problemas de refrigeración

Tokio, El País
Un nuevo estallido ha sacudido este lunes la central nuclear de Fukushima I, la más afectada de Japón por las averías derivadas del terremoto y el tsunami que sacudieron el país el viernes. Si el sábado fue el reactor número uno el que sufrió una explosión de hidrógeno, esta madrugada se ha registrado otra similar en el número tres. Una gran columna de humo blanco emerge a estas horas de las instalaciones de la planta, pero según la empresa operadora el reactor ha quedado intacto. Nueve personas han resultado heridas en el incidente.

El portavoz del Gobierno japonés, Yukio Edano, afirma que existe la posibilidad de que se hayan producido importantes fugas de radiactividad. Por ello, según la agencia Kyodo, las autoridades han pedido a 600 residentes que no habían sido evacuados en un perímetro de 20 kilómetros alrededor del recinto que no salgan de sus casas hasta nueva orden.

Fukushima I entra así en su tercer día de emergencia nuclear con graves problemas en dos de sus reactores por un fallo en el sistema de refrigeración y el temor a que haya empezado la fusión del núcleo. Poco antes de la explosión en el reactor tres, el primer ministro japonés, Naoto Kan, admitía que esta planta sigue en un estado "alarmante", tras detectarse una nueva subida en los niveles de radiación por encima de los límites de seguridad (751,2 microsievert por hora, cuando lo normal son 500), el primer ministro

Mientras se trabaja para atajar el sobrecalentamiento de los reactores, las autoridades luchan para que las cámaras de contención resistan la presión y los efectos de la nueva explosión para evitar una fuga descontrolada de radiactividad como sucedió en Chernóbil en 1986.

Frente atómico

Pero el frente atómico no se ha quedado en Fukushima. En la tarde de ayer, la central de Tokai (a solo 120 kilómetros de Tokio) anunció que también tenía problemas de refrigeración en su reactor número dos. "Una bomba de agua alimentada por un generador diésel se paró por el tsunami, declaró a France Presse un portavoz de la eléctrica dueña de la nuclear, Atomic Power Company. Aun así, siempre según la empresa, estaban consiguiendo reducir de forma constante la temperatura del reactor.

Un nuevo frente de preocupación se abrió para las autoridades japonesas cuando se detectaron aumentos en los niveles de radiactividad en otra central nuclear, la de Oganawa, 70 kilómetros al norte de Sendai. Pero las autoridades descartaron problemas en la planta y aseguraron que el aumento de las emisiones se debió a la llegada de partículas de Fukushima, que está a unos 100 kilómetros. A las 22.00 (hora peninsular española), Tokio comunicó al Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) que los niveles habían retornado a la normalidad.

Ante esta cascada de alertas, Kan se dirigió ayer por televisión a la nación para hacer un dramático llamamiento a la unidad de sus 120 millones de ciudadanos. El primer ministro reconoció que la suma del terremoto, el tsunami y el peligro nuclear ha desatado "la peor crisis desde el final de la II Guerra Mundial".

Temor a una fusión del núcleo


Aparte de los problemas de refrigeración en las centrales de Fukshima y Tokai, el Gobierno japonés admitió ayer que una fusión del núcleo en los dos reactores más afectados de Fukushima I era algo posible. La planta -a 240 kilómetros al norte de Tokio- tiene seis reactores, el más antiguo de los cuales abrió en 1971.

Cuando una nuclear tiene problemas de refrigeración y la temperatura se descontrola, el uranio que utilizan como combustible y los elementos metálicos que lo sustentan se pueden llegar a fundir para formar en un magma radiactivo. Eso ocurrió en Harrisburg (Estados Unidos) en 1979, el claro precedente de Fukushima.

Si la fusión del núcleo había llegado a darse o no fue objeto de discusión y de informaciones contradictorias. "Es muy difícil diagnosticar en estas circunstancias la situación del núcleo. Parece que ha empezado a haber deformaciones", explicó María Teresa Domínguez, presidenta del Foro Nuclear, el lobby que agrupa a las nucleares españolas.

A partir de 2.000 grados de temperatura, las vainas metálicas de cuatro metros de alto y en cuyo interior están las pastillas de uranio comienzan a combarse y ese es el inicio de la fusión. La agencia de noticias Kyodo sí afirmó que se habían fundido al menos parcialmente los núcleos de los dos reactores afectados. El reactor 1 estaría en ese estado desde el sábado y el 3 habría comenzado la fusión ayer, según fuentes citadas por Kyodo.

Los expertos consultados insistieron en que, llegado este punto de grave accidente nuclear, no era lo más relevante si se había fundido o no, sino si aguantarían las barreras de seguridad alrededor del núcleo. El ingeniero industrial y experto nuclear Antoni Tahull señaló que "si se ha iniciado el proceso de fusión metálica se crea un magma activo de uranio y de metal que debe quedar dentro de la contención. En Chernóbil no había contención".

El trabajo siguió como en el día anterior. Para bajar la temperatura, refrigeración de emergencia con agua de mar, prueba de lo desesperado de la situación, ya que el uso de agua salada descarta el uso de la central en el futuro. Y para reducir la presión en el interior de la contención, las autoridades mantuvieron -como mal menor- la emisión al exterior de gases radiactivos de los dos reactores. A las 08.33 de ayer (medianoche del sábado) la radiación medida fuera de la central fue de 1.204 microsievert -según el portavoz del Gobierno japonés, Yukio Edano-, cuando la natural en esa zona es de 0,07.

Golpe para la industria

El accidente ha sido calificado inicialmente como nivel 4 en la escala internacional de sucesos atómicos, que va de 0 a 7. El nivel 4 es "accidente con consecuencias de alcance local". Pero el sector considera probable que la calificación sea revisada al alza. "Un Chernóbil parece descartado, pero está dentro de lo posible que suba a nivel 5 o 6", declaró Tahull. Harrisburg fue un nivel 5 -"accidente con consecuencias de mayor alcance"- y Chernóbil un 7 -"accidente grave"-. Es frecuente que los incidentes se clasifiquen inicialmente de forma conservadora y, con los detalles, se eleve su gravedad. La propia presidenta del Foro Nuclear admitió que el incidente podía acabar reclasificado como más grave aún. "Nivel 4 es lo mínimo. Si se revisa será al alza. Menos no lo veo".

Si el incidente recibe una categoría mayor, el golpe para la industria nuclear en el mundo sería mucho peor. Harrisburg paró durante tres décadas el programa nuclear en EE UU, y los ecologistas y los contrarios a la energía nuclear van a utilizar Fukushima como prueba de que es imposible generar suficientes barreras de seguridad ante una tecnología con un potencial tan destructivo. Los ingenieros del sector -generalmente defensores de la nuclear y por tanto mucho menos críticos que los ecologistas con la energía atómica- insisten en la dura prueba que supuso para las centrales un terremoto de magnitud nueve seguido de un tsunami.

Tahull recuerda cómo Japón optó por la energía nuclear pese a estar en la zona más sísmica del planeta: "California y Japón debatieron mucho si debían tener nucleares con tantos terremotos. Japón asumió el riesgo y nadie les puede enseñar nada sobre cómo se construyen las centrales". Para la tercera economía del mundo, con una gran densidad de población y sin petróleo ni carbón, la opción nuclear fue considerada como un camino casi inevitable. En 2010 produjo el 29% de la electricidad del país. Ayer, después de que 11 de sus 54 reactores pararan por el terremoto, Japón anunció apagones selectivos.

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