Europa pierde visibilidad internacional

Andreu Missë, Bruslelas, El País
A muy pocos meses de que se cumpla el primer aniversario de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, la Unión Europea sigue perdiendo visibilidad internacional. Uno de los principales objetivos del nuevo Tratado era lograr una voz única en la escena mundial. La realidad es que no se ha avanzado en la voz única mientras que la lista de escenarios o encuentros en los que no participan ninguno de los nuevos mandatarios de la UE, establecidos por el Tratado, empieza a ser inquietante. En el único campo en el que Europa está haciendo en parte sus deberes es en la reforma financiera y en la coordinación de medidas adoptadas para afrontar la crisis económica, donde la discreta labor del presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, ha sido determinante para encontrar "soluciones europeas".

Pero la imagen exterior de la UE sigue desvaneciéndose en un periodo en que nuevas potencias emergentes como China, ya segunda potencia mundial, India y Brasil, principalmente, pugnan por hacer valer su peso económico real en los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI). La realidad es que ninguno de los nuevos dirigentes de la UE participa en las conversaciones de paz sobre Oriente Próximo abiertas en Washington. La Alta Representante, Catherine Ashton, confió la representación europea al ex primer ministro británico, Tony Blair, representante del Cuarteto (EE UU, ONU, Rusia y UE) para Oriente Próximo. La UE es, sin embargo, el principal contribuyente de la ayuda a los palestinos.

Ashton tampoco participó en la reunión de Naciones Unidas donde se decidió la estrategia de ayuda a Pakistán por las inundaciones, al no haber logrado la autorización previa de la Asamblea. Para esta representación se designó a Steven Vanackere, ministro de Asuntos Exteriores en funciones de Bélgica, que ocupa la presidencia de turno de la UE aunque aún no tenga nuevo Gobierno. La Unión ha perdido también peso político en las negociaciones con Irán con el relevo de Javier Solana. El político español ostentaba la representación internacional del Grupo de los Seis (EE UU, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania) en las relaciones con Teherán. En teoría, Ashton cuenta con la misma confianza, pero en la práctica no parece muy probable que EE UU vaya a encomendarle la misión si el clima político mejorara.

A estos antecedentes se suman ahora las incógnitas sobre la representación de la UE en la próxima Asamblea General de Naciones Unidas, del 20 al 23 de septiembre. La decisión está pendiente de una resolución de la ONU, que debe permitir la intervención de Van Rompuy en una sesión en la que sólo participan jefes de Estado. A Nueva York también podría asistir el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso.

Consciente del desafío creciente que supone el mayor peso económico y político de los países emergentes, Van Rompuy ha convocado un Consejo Europeo especial para el próximo día 16 en el que los jefes de Estado o de Gobierno de los Veintisiete debatirán qué estrategia debe tener la Unión con China, India, Corea del Sur y Brasil. Con varios de estos países están previstas cumbres bilaterales en los próximos meses.

En el curso que empieza, la UE seguirá inmersa en su mundo de centenares de reuniones, pero seguirá sin resolver la falta de liderazgo y la ausencia de un gran objetivo para seguir avanzando en la construcción europea como ocurrió con el mercado interior, el euro, la ampliación o el propio Tratado de Lisboa. La defensa del modelo social europeo, que inspira al presidente Barack Obama, podría haber sido una bandera pero en una UE dominada por la derecha nadie se atreve a enarbolar.

Marco Incerti, investigador del Centre for European Policy Studies (CEPS), señala que "el problema es que los avances que se han logrado en materia institucional con el Tratado de Lisboa no han resuelto el problema de fondo de Europa que es la falta de voluntad de los Estados miembros para adoptar posiciones comunes". Incerti considera que "el Tratado es un pequeño avance que requiere sobre todo tiempo para su aplicación". En su opinión, "lo más importante ahora es un papel no escrito en el que se definan claramente las funciones y competencias de cada uno de los cuatro principales mandatarios: los presidentes de la Comisión Europea, el Consejo Europeo y Parlamento Europeo y la Alta Representante". "La cuestión está", añade, "en quién redactará este texto".

La resistencia de los Estados miembros a ceder poder político y representación a las instituciones comunitarias es patente en sus relaciones con el FMI. Los países europeos están frustrando la iniciativa de EE UU que persigue conceder a las potencias emergentes el peso que les corresponde en el Consejo del FMI. El pasado mes Washington bloqueó los planes para que los europeos mantengan su representación. Alemania, Francia y Reino Unido tienen sus propios sitios en el Consejo, pero otros países como Bélgica, Holanda, España, Italia y Dinamarca lo comparten con otros. La incapacidad de las autoridades europeas para hacer entrar en razón a los Estados ante unos hechos tan evidentes como que Bélgica no puede seguir haciendo sombra a China, revelan la debilidad del proyecto europeo.

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