La policía pide refuerzos en Hamburgo porque los disturbios continúan

Las autoridades aseguran que al menos 196 policías han resultado heridos en los disturbios de los últimos dos días

Ana Carbajosa
Hamburgo, El País
Hamburgo ha vuelto a arder este viernes, primer día de la cumbre que reúne a los líderes de los 20 países más industrializados y emergentes del planeta. La policía de Hamburgo ha informado de que han sido arrestadas 70 personas desde el inicio de las operaciones este jueves y que al menos 196 policías han resultado heridos. La policía, que ha desplegado cerca de 20.000 agentes, ha tenido que pedir el viernes refuerzos ante la violencia ejercida por un pequeño grupo de los llamados militantes autónomos, dispuestos a hacer arder la ciudad.


Los manifestantes han intentado bloquear el acceso a la Filarmónica de Hamburgo, donde los mandatarios han sido invitados a un concierto, pero la policía los ha rechazado con cañones de agua. 22 activistas de Greenpeace han sido interceptados y recogidos por la policía tras alcanzar la zona restringida a nado a través del río Elba. La mayoría de las cerca de 10.000 personas que han participado en las marchas el jueves y el viernes lo hacen de forma pacífica.

La cita era a las siete de la mañana de este viernes junto al puerto. Riadas de manifestantes recorrieron desde primera hora de la mañana el centro de Hamburgo, después de una noche de violencia. El objetivo declarado era bloquear los puntos de acceso a la cumbre del G20 que se reúne hoy y el sábado en la ciudad con el primer cara a cara entre Trump y Putin como plato fuerte además de tratar los grandes temas globales: libre comercio, cambio climático o seguridad.

Grupos de jóvenes vestidos de negro, muchos con capucha o con máscaras desfilaban en torno a las ocho y media por la mañana por una de las calles del centro. Un grupo desfilaba vestidos de payasos. “Hemos venido porque hay que decirle a los líderes del G20 que no estamos de acuerdo con sus políticas”, explicaba un joven, venido desde Suiza con su pareja. Unas manzanas más allá, en otra esquina, un grupo de universitarios llegados de distintas ciudades alemanas se dirigía hacia el frente de la manifestación. “Hay que estar aquí”, decía convencida una chica rubia con el rostro perforado con pendientes.

Según la agencia de noticias DPA la esposa de Donald Trump, Melania, no pudo salir de su residencia por las manifestaciones y se perdió una visita programa de la ciudad con los conjugues de lo mandatarios.

El G20 de Hamburgo se ha convertido para la izquierda radical europea en una cita simbólica para un movimiento de protesta que busca un nuevo despertar. Donald Trump, Vladímir Putin o Recep Tayyip Erdogan son algunos de los invitados y bestias negras de los manifestantes que piden acuerdos globales más justos y un reparto más equitativo de la riqueza.

La ciudad amaneció de nuevo tomada por la policía y desierta. El sonido de las hélices de los helicópteros es omnipresente. Hileras compuestas por decenas de furgones policiales se acumulan en las inmediaciones del recinto ferial en el que se celebra la cumbre y junto a los hoteles en los que se alojan los mandatarios. Las medidas de seguridad no han impedido el estallido de choques violentos.

Una nube negra se cernía por la mañana. El humo de la quema de coches y mobiliario urbano se mezclaba con los gases lacrimógenos formando una nube tóxica. El temor a que las protestas acaben por desbordarse o a que haya víctimas mortales como sucedió en Génova en 2001 está muy presente.

En uno de los accesos a la cumbre, decenas de jóvenes libraban un pulso con la policía protagonizando una sentada. De los altavoces de los manifestantes emanaba hip hop a todo volumen con letras en contra de “la autoridad” y “el capitalismo”. En otra esquina, observando con una parsimonia sorprendente, una pareja de jubilados echaba el rato. “No nos imaginábamos que esto fuera a terminar así. Pero es muy importante que se celebren estas cumbres; la economía internacional las necesita”, explica este antiguo comercial de pelo blanco.

Ya dentro del recinto de la cumbre, de una cárcel próxima a la sala de convenciones, salía sonriente Christian Ils. Este joven berlinés había sido detenido una hora antes y según su versión liberado por falta de espacio en el centro de detención. Las autoridades de Hamburgo han habilitado en las últimas semanas una cárcel provisional para alojar a los detenidos de la cumbre. “Nos han quitado nuestros escudos de protección y nos han soltado”, explicaba Ils, licenciado en derecho, con una bolsa de tela al hombro en la que había pintado “No G20”, una de las consignas de los manifestantes. Esta noche dormirá con otros amigos venidos desde Berlín junto a una iglesia.

La gran prueba de fuego llegará mañana sábado, para cuando está programada la gran manifestación de clausura, a la que se espera que acudan unas 100.000 personas.

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