sábado, 10 de junio de 2017

Irlanda del Norte, de nuevo daño colateral

La inesperada decisión de los británicos de abandonar la Unión Europea abrió heridas en Irlanda del Norte que el fiasco del adelanto electoral de May ha agravado

Pablo Guimón
Crossmaglen, El País
Para Tommy McKearney, la frontera es un reguero de muerte. Su hermano Pádraig fue uno de los ocho miembros del IRA abatidos a tiros por soldados británicos en Loughgall en mayo de 1987. Su hermano Sean murió en 1974 cuando una bomba que estaba colocando en una gasolinera cerca de Dungannon explotó antes de tiempo. Otro hermano, Kevin, y su tío John, que no formaban parte del IRA, murieron en un ataque de los paramilitares a la carnicería familiar, en Moy, en 1992. El propio Tommy fue condenado a cadena perpetua por la muerte de un reservista del Regimiento de Defensa del Ulster en 1976. Cuatro años más tarde, pasó 53 días en huelga de hambre y, según un médico que lo atendió, se encontraba a apenas unas horas de la muerte cuando el mando del IRA ordenó terminar la protesta. Todo aquello quedó atrás. La muerte y, también, la frontera. Tommy McKearney salió en libertad en 1993. Es periodista, sindicalista y autor del libro El IRA provisional. De la insurrección al Parlamento.


“Esta frontera era el escenario de un cruento conflicto civil, era una tensión permanente”, explica, en una atalaya desde la que se divisan las verdes colinas atravesadas por esa línea que hoy solo existe en los mapas. “No creo que volvamos a ver aquello. Después de 20 años de paz, no hay apetito de conflicto. Tras el Brexit, para evitar la libre circulación de personas, habría que sellar esta frontera, levantar un muro, y eso es impensable”.

La decisión de Reino Unido de abandonar la UE alteró el delicado equilibrio en el que vive Irlanda del Norte desde la firma del Acuerdo de Viernes Santo que, en 1998, puso fin a 30 años de conflicto armado. La frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda es uno de los puntos calientes en las negociaciones de salida de Reino Unido de la UE que están a punto de arrancar. Dejarla como está, borrada, abriría un colador de 400 kilómetros para la libre circulación de personas y mercancías entre la UE y Reino Unido.

Un 56% de los norirlandeses votaron por la permanencia. En las regiones de la frontera, más del 65%. Pero el partido mayoritario, el DUP, unionista y profundamente conservador, defendió el Brexit.

Las elecciones británicas del jueves han complicado aún más la situación. Los conservadores de Theresa May perdieron la mayoría absoluta, y resulta que los 10 diputados del DUP son su única llave al Gobierno. EL DUP, un partido marginal y casi exótico en Westminster, será el gran aliado de la primera ministra británica y la llave para la gobernabilidad del país. Mientras tanto, toda la región de la frontera votó al Sinn Féin, que ni siquiera ocupará sus siete escaños en el Parlamento.

“Es casi como si toda una parte de Irlanda del Norte hubiera retirado su consentimiento a ser gobernada por Reino Unido”, explica McKearney. “El Sinn Féin no reconoce la autoridad del Parlamento de Londres, por eso deja vacíos sus escaños. Podían haber votado, como han hecho en otras ocasiones, por candidatos republicanos que sí ocupan sus escaños, pero han optado por el Sinn Féin. Es decir, toda la mitad sur de Irlanda del Norte carece de representación parlamentaria en Londres. Es la gran historia de estas elecciones en Irlanda del Norte. De un lado, la población nacionalista ha optado por no estar representada en las instituciones británicas y, de otro, los unionistas han optado por alinearse totalmente con el Gobierno. Eso no es bueno para el futuro de Irlanda del Norte como entidad”.

Termina el mercado agrícola en la plaza de Crossmaglen, un pueblo de la frontera. Los granjeros recogen el género, separan las libras de los euros, tiran unos hacia un país y otros, hacia otro. Ya no está el cartel en la plaza que, durante los Troubles (conflicto norirlandés), advertía al visitante de que había un “francotirador trabajando”.

Uno podría pasar horas en Crossmaglen sin saber con certeza en qué país está. Todas las banderas que se ven son irlandesas y, si uno entra en la penumbra del pub Keegan, la camarera lanzará automáticamente la mano al tirador de Guinness. Pero le cobrará en libras. “Caímos en el lado equivocado de la frontera”, explica un parroquiano acodado en la barra.
Kilómetros o millas

Siguiendo la frontera invisible unos cuantos kilómetros —o millas, según el tramo de la carretera— se llega al negocio de muebles de cocina de los hermanos Fearon. Declan Fearon ejercita la memoria. “Mirabas por esta misma ventana y siempre veías al menos tres helicópteros”, explica. “En ellos traían a los soldados, porque las carreteras las habían cortado con explosiones que dejaron todo sembrado de cráteres. Todo estaba lleno de torres de vigilancia con soldados armados, justo allí, pegada a la casa de mi madre, había una. Hablamos de 3.000 soldados en una población de 24.000. Esto era zona de guerra”.

Declan Fearon forma parte del colectivo Comunidades de la Frontera Contra el Brexit. Desde el fiasco del referéndum, tratan de explicar a la gente las consecuencias negativas que tendría para la región una ruptura radical con Europa. “Somos víctimas del Brexit”, defiende. “Tenemos miedo de que vuelva la frontera, sabemos a lo que puede llevar: a la resurrección del conflicto. Necesitamos un trato especial porque tenemos una situación especial. Deben permitir que Irlanda del norte siga como miembro o región de la UE”.

El problema es que el DUP no quiere oír hablar de eso. Y ahora son el principal socio del Gobierno de May en las negociaciones del Brexit, lo cual agudiza la sensación de abandono. “Hemos tenido reuniones en Bruselas, en Dublín, todos están con nosotros”, asegura Fearon. “Pero para el Gobierno británico es como si no existiéramos. Somos solo el 3% del PIB de su país, no les importamos. Dicen que no quieren que haya frontera y tampoco quieren libre circulación de personas, pero eso es incompatible. Y cerrar esta frontera reactivaría las guerras del pasado. Lo creo firmemente. ¿Qué legado dejaríamos a nuestros nietos si permitimos que eso suceda otra vez?”.
El fantasma de la unificación

La idea de la unificación de Irlanda ha sido recuperada del baúl de las causas perdidas. El SDLP, formación republicana minoritaria, llevó en su programa la celebración de una votación al respecto. Al sur de la frontera, el Fianna Fáil, hoy en la oposición pero en el Gobierno hasta 2007, elaboró hace tres meses un documento con la ambición de servir de guía ante una eventual unificación.

Tras el referéndum del Brexit, el Sinn Féin propuso sin éxito celebrar un referéndum. Pero la posibilidad volvió a surgir tras las elecciones a la Asamblea de Irlanda del Norte el pasado marzo, que depararon una subida sin precedentes del movimiento republicano. Las fuerzas protestantes perdieron la mayoría simbólica en la Cámara y el Sinn Féin se quedó solo a mil votos y un escaño del DUP.

El DUP fue creado por Iain Paisley en 1971 con el casi único objetivo de defender la pertenencia de Irlanda del Norte a Reino Unido. La competencia para convocar un referéndum corresponde al Gobierno británico, si constata un cambio notable en la opinión de los votantes de la región. La condición del DUP de aliado clave del Gobierno de May aleja la posibilidad de un referéndum.
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