martes, 16 de mayo de 2017

En México “no basta con contar los muertos, hay que contar sus vidas y sueños”

México, Noticias24
De esta manera Javier Valdez Cárdenas, el prolífico periodista mexicano asesinado ayer, encabezó en marzo su columna Malayerba, que publicaba en su semanario Riodoce. Este periodista era el corresponsal del diario mexicano La Jornada, en Culiacán, estado de Sinaloa.
Este título, profético, lo había escrito con la bronca que produce saber que se enfrentaba a un enemigo maldito, el narcotráfico y su protector, el poder político mexicano. La complicidad entre criminales y la burocracia pública y en particular la policía, devenida en brazo armado de la mafia, eran el objetivo permanente de su denuncia. Esta actitud valiente le costó la vida.


Javier Valdez Cárdenas engrosa la larga lista de periodistas que han pagado con su vida su honestidad y su compromiso con la verdad. Es el sexto periodista que ha sido asesinado este año en México.

Ayer, cuando caminaba por las calles de Culiacán, su ciudad natal, fue tiroteado desde un vehículo en marcha. Su sombrero de panamá, que le caracterizó durante sus cincuenta años de vida, quedó a su lado, como incompleta libreta de anotaciones, como testigo mudo de este crimen que como tantos otros quedará impune, gracias a la red de complicidades de ese estado mexicano que los líderes del PRI y el PAN quieren tornar en fallido.

Su esposa, Griselda Triana, sus dos hijos y su nieto, conocieron la terrible noticia y lloraron, de rabia, de dolor, de miedo y de convicción que esa muerte inútil no será la última que deberá pagar el periodismo mexicano serio, que no teme investigar ni comprometerse.

El asesinato no fue la única ocasión que enfrentó la muerte. Su semanario había sido objeto de ataques, a balazos y con explosivos. Las amenazas de muerte le llovían con frecuencia, pero su obligación de periodista y los reconocimientos internacionales que había recibido, le suponían cierto blindaje. No era un periodista cualquiera. El gobierno sabía que cualquier daño que sufriese, lesionaría aún más la maltrecha imagen de Peña Nieto.

El asesinato de una colega, Miroslava Breach Velducea, corresponsal del diario La Jornada en Chihuahua, le golpeó fuerte y no escatimó los señalamientos acerca de la autoría intelectual. En twitter escribió: “A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena por reportear este infierno. No al silencio”.

Javier Valdez Cárdenas fue un escritor valiente. De sus manos surgieron libros de la contundencia de Narcoperiodismo, Levantones, Con una granada en la boca, Miss narco y Huérfanos del narco, que apuntaban al mismo propósito: destacar como el narco había penetrado todas las instancias del poder y de qué manera su connivencia con el poder político, devenía en fuerza grotesca y criminal que se imponía en base al miedo y la corruptela, generando un silencio a punta de bala o de dinero.

El gobierno estatal de Sinaloa designó al fiscal estatal, Juan José Ríos Estavillo, para que inicie los peritajes. Este fiscal dijo a los medios que la labor periodística de Valdez sería una línea de investigación de este caso y anunció que la Fiscalía Especial para la atención de los Delitos contra la Libertad de Prensa enviará un equipo para participar en las pesquisas.

Ayer mismo había empezado la línea de desinformación, al correr la especie que Javier Valdez Cárdenas había sido víctima de un atraco por dos delincuentes que le habían disparado en cuatro oportunidades cuando se negó a entregar su vehículo. El poder del dinero y el narco es grotesco e inmisericorde.
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