domingo, 21 de mayo de 2017

El tratado comercial con el Pacífico sigue adelante sin Estados Unidos

Los once países restantes acuerdan explorar opciones para resucitar el acuerdo de libre comercio “de forma expedita”

Paloma Almoguera
Xavier Fontdeglòria
Singapur / Pekín, El País
Las economías de la cuenca del Pacífico han decidido no esperar a Estados Unidos. Mientras la primera potencia mundial se repliega en el ámbito comercial, los once países que aún forman el megatratado comercial conocido como TPP (por sus siglas en inglés) han decidido sacarlo adelante cuatro meses después de que el presidente Donald Trump lo dejara en estado comatoso al retirarse del pacto nada más llegar a la Casa Blanca. Los titulares de comercio del resto de naciones, incluidas México o Japón, abogan por explorar opciones que garanticen la continuidad del pacto lo antes posible.


“Los ministros están de acuerdo en el valor de alcanzar los beneficios del TPP, y, con ese objetivo, acuerdan iniciar un proceso (...) para que el acuerdo (…) entre en vigor de forma expedita”, reza el comunicado suscrito hoy por los máximos representantes de comercio de los once países miembros (Japón, Canadá, Australia, México, Perú, Chile, Nueva Zelanda, Singapur, Malasia, Brunéi y Vietnam), tras un encuentro mantenido en los márgenes de una reunión ministerial del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Hanoi (Vietnam).

La meta, añade el comunicado, es que dicho proceso concluya antes de que vuelvan a reunirse con motivo de otro encuentro de la APEC previsto en Danang (Vietnam) los próximos 10 y 11 de noviembre. Un periodo en el que no descartan que se unan nuevos países -"que acepten los altos estándares del TPP”, enfatiza el texto-, y con el que dejan claro “nuestra contribución a mantener los mercados abiertos, fortalecer las reglas comerciales del sistema internacional, aumentar el comercio mundial y elevar el nivel de vida de la población”.

Un mensaje contundente que supone en cierta medida un aviso a navegantes a Estados Unidos, país que algunos de los máximos propulsores del TPP, como Japón o Australia, todavía confían en que regrese. “Es importante dejar la puerta abierta a Estados Unidos. Aunque ahora puede que (el TPP) no se adapte a los intereses de EE.UU., las circunstancias pueden cambiar en el futuro”, aseveró el ministro de Comercio, Turismo e Inversión australiano, Steven Ciobo, desde Hanoi.

Pero hay pocas esperanzas de que eso ocurra. “Estados Unidos se retiró del TPP y no va a cambiar esa decisión”, declaró este domingo el representante de Comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, desde Hanoi. Sin cambios a la vista, su asistencia a la cumbre de Vietnam se consideró al menos una rama de olivo tras los desplantes de Trump. “(La participación de Lighthizer) sí nos ha ofrecido algo más de claridad sobre cuál es la posición de Estados Unidos. Les preocupan las reglas. No sugieren que se ralentice el comercio, sino que se asegure un tablero de juego más equilibrado”, indica a este periódico Allan Bollard, director ejecutivo del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), presente en Hanoi.

Lightizer mantuvo varios cara a cara con socios clave, entre ellos los ministros de Canadá y México, en línea con el interés de Trump de reforzar los acuerdos comerciales bilaterales y dejar a un lado los megatratados.

Pero la retirada de Estados Unidos del TPP fue y sigue siendo un mazazo para muchas de las economías participantes. No solamente por perder el acceso preferencial al mercado estadounidense, sino también porque el tratado en sí comportaba la apertura a la inversión extranjera o eliminaba subsidios a sectores protegidos. Si bien en un principio algunos países como Japón aseguraron que un TPP sin Estados Unidos carecía de sentido, más adelante se suavizaron las posturas para intentar sacar provecho de unas negociaciones que se alargaron durante más de una década.

“Sin Estados Unidos, que suponía el 60% del PIB total de los 12 miembros originales, los beneficios económicos globales serán mucho menores. Pero para las economías asiáticas del TPP, las ganancias podrían ser bastante sustanciales. El tamaño de este impulso económico dependerá también de en qué medida los países restantes se atengan a sus compromisos de eliminar barreras no arancelarias”, asegura Gareth Leather, economista sénior para Asia de Capital Economics, en un comunicado. De hecho, tanto Malasia como Vietnam -los que hubieran obtenido más beneficios con la entrada de Estados Unidos y que aceptaron hacer amplias reformas en sus mercados internos- ya han mostrado su disposición de cambiar algunos de los términos del acuerdo.

La revitalización del TPP es también, indirectamente, un órdago a China. Con Trump y su “America First”, el gigante asiático se ha erigido como el nuevo baluarte del libre comercio (aunque en su territorio siga habiendo fuertes restricciones para hacer negocios o a la libre circulación de capitales). Ante el futuro incierto del TPP, Pekín vio la oportunidad perfecta para promover sus propuestas de libre comercio, especialmente la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés). Este acuerdo comercial abarca solamente a los países asiáticos y, a diferencia del TPP, no obliga a unos estándares comunes en materia de propiedad intelectual o protección del medio ambiente.
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