domingo, 21 de mayo de 2017

El combate más arriesgado de Édouard Philippe

El nuevo primer ministro de Francia es un aficionado al boxeo y escritor de novelas políticas

Silvia Ayuso
París, El País
Todavía no ha revelado si ha encontrado cerca de Matignon, la oficina del primer ministro en París, un gimnasio que le permita mantener su rutina de entrenar tres veces por semana su deporte favorito, el boxeo. Pero lo que sí ha dejado claro Édouard Philippe, el nuevo primer ministro de Francia, es desde qué lado piensa parar los golpes. “Soy de derechas”, afirmó nada más asumir el cargo, justo después de que su predecesor socialista, Bernard Cazeneueve, le traspasara los poderes del puesto político más importante en Francia tras la presidencia.


Con su figura alta y espigada —con su 1,94 de altura ya ostenta el récord de ser el primer ministro más alto de la historia moderna de Francia—, Philippe, de 46 años, es un boxeador atípico. También es un jefe de Gobierno inusual en un gabinete, el de Emmanuel Macron, empeñado en hacer tambalear el sistema tradicional de partidos en Francia. Como cuando nombró a un primer ministro de un partido ajeno, el conservador Los Republicanos, sin que lo hiciera obligado por las urnas.

Pero si hay alguien dispuesto a moverse en el cuadrilátero, ya sea el del gimnasio o el de la política, ese es Philippe. La política es “como en el boxeo, hay que saber pasar del pie derecho al pie izquierdo”, decía a sus colaboradores en 2014 durante la campaña para ser reelegido alcalde de Le Havre, su bastión hasta que fue llamado a Matignon. Lo cuenta el documental Édouard, mon pote de droite (Eduardo, mi amigo de derechas), del realizador Laurent Cibien, un amigo de la escuela que lo siguió durante diez años. Laurent “es un izquierdista, de verdad, de los buenos. Y hasta ecologista. Pero es simpático”, bromeaba en la cinta el propio Philippe. Y es que el nuevo primer ministro es famoso por su capacidad para llevarse bien más allá de las filas del partido propio. Aunque su formación, Los Republicanos, lo repudió nada más conocer que había aceptado entrar en el Gobierno de Macron, a quien los partidos tradicionales ven como su gran amenaza existencial.

Pero las intrigas del poder no son algo que sorprenda a este político de formación clásica —pasó por Sciences Po y por la Escuela Nacional de Administración (ENA), la fábrica francesa de políticos donde estudiaron presidentes como Macron, François Hollande, Jacques Chirac o Valéry Giscard d’Estaing y cinco primeros ministros más— y escritor aficionado de thrillers políticos.

Navegar entre la izquierda y la derecha es algo que además aprendió pronto. Nacido en una familia de profesores de francés en Rouen, Philippe, casado y padre de tres niños, creció en un entorno “más bien de izquierdas, donde se votaba socialista”. Tras estudiar parte de la secundaria en Alemania, donde su padre estuvo destinado varios años, el joven normando regresó a Francia para iniciar sus estudios superiores, donde tomaría contacto por primera vez con el mundo político. Durante dos años, los que pasó en la reputada facultad de Ciencias Políticas de París, Sciences Po, Philippe militó, con carné, en el Partido Socialista. Lo hizo atraído por una de sus figuras más carismáticas, el reformista Michel Rocard, su primer referente político.

Pero su verdadero mentor ha sido Alain Juppé, el hoy alcalde de Burdeos y referente del ala moderada de Los Republicanos, para el que aspiró a ser candidato presidencial en las primarias que acabaron coronando al mucho más conservador François Fillon. Desde 2002, de la mano de Juppé, para quien Philippe ha tenido numerosas palabras de reconocimiento en su primera semana al frente del gobierno de Macron, el nuevo primer ministro conoció de primera mano la política nacional en la que ahora es una figura central.

Aunque Philippe, abogado de profesión, ha pasado brevemente por el sector privado, como cuando fue director de relaciones públicas de Areva, el gigante nuclear francés, la política siempre fue, desde niño, su gran pasión. Lo cual no le ha impedido cultivar otras aficiones, como la escritura. Además de cronista asiduo durante la campaña del diario de izquierdas Libération, Philippe, cuyo personaje literario favorito es Cyrano de Bergerac, al que considera el “el héroe más francés” de la literatura, es a su vez coautor, junto con otro político cercano a Juppé, Gilles Boyer, de dos novelas políticas centradas en las intrigas de campañas electorales.

Fan de Bruce Springsteen, admirador de Sean Connery, obseso de El Padrino, película que dice haber visto “al menos cincuenta veces” e imitador aficionado —se le da bastante bien, dicen, imitar a los expresidentes Giscard d’Estaing y a Nicolas Sarkozy— Philippe comienza ahora su propio thriller político, en el que él es el protagonista real.

En su primera novela, L’heure de verité (La hora de la verdad), Philippe definía Matignon, su nueva oficina, como “una forma de infierno. Una forma [de infierno] dorada, codiciada por muchos y satisfactoria para el ego. Pero es un infierno”. Aun así, no ha dudado en aceptar el desafío. Al fin y al cabo, un boxeador nunca quiere tirar la toalla.
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