viernes, 2 de diciembre de 2016

La policía interroga a la esposa del primer ministro israelí por desvío de fondos

Sara Netanyahu declara durante horas en la brigada antifraude por gastos indebidos en sus residencias

Juan Carlos Sanz
Jerusalén, El País
Los casos por abuso laboral de sus empleados o por el uso indebido de los fondos estatales en la residencia oficial –y en la particular– se acumulan contra Sara Netanyahu. La esposa del primer ministro israelí ha declarado este jueves durante varias horas ante la brigada antifraude de la policía por el supuesto desvío de partidas de gastos públicos para fines privados. Los agentes de la comisaría central de Tel Aviv la interrogaron a la luz de los nuevos datos recabados en la investigación, según informaron los medios de comunicación israelíes.


La fiscalía de Jerusalén ordenó a la policía que ampliara la investigación sobre la adquisición de comida y la contratación de cocineros, con cargo a los fondos de representación del primer ministro, para actos de carácter privado o familiar. Las pesquisas también se dirigen a averiguar si los pagos a la cuidadora del padre de Sara Netanyahu, que vivía con ella en la residencia oficial, se repercutieron a las arcas del Estado. Por último, los agentes antifraude indagan la supuesta violación de las normas sobre incompatibilidades en la contratación de un militante del Likud (el partido del primer ministro) para trabajos en su residencia particular de los Netanyahu en Cesarea, a orillas del Mediterráneo.

La esposa del jefe del Gobierno israelí ya había sido interrogada en diciembre de 2015 tras ser acusada de que los muebles de jardín adquiridos para la residencia oficial en Jerusalén acabaron finalmente en su chalé particular de la costa. El pasado mes de febrero, un tribunal laboral falló que Sara Netanyahu había sometido a abusos, malos tratos verbales y acoso en su trabajo al mayordomo de la residencia oficial, Meni Naftali, quien recibió tras ser despedido una compensación de 170.000 shekels (unos 41.000 euros) por parte del Estado, en calidad de empleador efectivo. Las nuevas pistas sobre la investigación, según informó el canal 10 de la televisión israelí, surgieron precisamente tras la declaración que prestó el antiguo empleado Naftali el pasado 1 de noviembre ante la brigada antifraude de la policía.

El primer ministro Netanyahu había dejado escrito el miércoles en su página en Facebook una larga reflexión sobre el acoso que cree sufrir por parte de los medios de comunicación de su país. “Mediante el diario lavado de cerebro de la audiencia y el descrédito sistemático de mi reputación y la de mi familia, esperan poder alejar la atención del público sobre los asuntos centrales del debate político en Israel”, exponía el mandatario su visión sobre las críticas mediáticas. “En su obsesiva guerra diaria todo es kosher [está permitido]: desde el reciclado de botellas [su mujer fue acusada de quedarse con el monto del depósito al devolver cientos de envases de bebidas servidas en actos oficiales] hasta submarinos [en relación con la investigación por la compra de sumergibles a Alemania, en la que intervino su abogado persona]. Todo vale”, se quejaba Benjamín Netanyahu antes de augurar que los casos en su contra se desinflaran como globos. “Quienes deciden son los ciudadanos en las urnas”, advertía finalmente a los medios. “Ya hemos visto en las recientes elecciones en Estados Unidos que las difamaciones de la prensa no contribuyen a persuadir al público”.
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