El Papa acepta la renuncia de otros dos obispos chilenos por los escándalos de abusos sexuales

Ya suman siete los religiosos que pierden sus cargos, producto de una histórica limpieza a la jerarquía de la Iglesia católica chilena

Rocío Montes
Santiago de Chile, El País
Cuatro meses después de que todo el episcopado chileno pusiera sus cargos a disposición del papa Francisco, en medio de la histórica limpieza al clero del país sudamericano por los escándalos de abusos sexuales contra menores, Francisco ha aceptado este viernes la renuncia de otros dos nuevos obispos: Carlos Pellegrín, de Chillán, al sur de Santiago de Chile, y Cristián Contreras, de San Felipe, al norte de la capital. Con estas nuevas remociones, son siete los obispos que desde mayo han salido de la jerarquía, de un total de 34. Se suma el caso del sacerdote Cristián Precht, un cura simbólico de la lucha contra la dictadura de Pinochet, al que el Papa expulsó del sacerdocio el fin de semana, por nuevos casos de abusos informados a la Congregación para la Doctrina de la Fe.


"Los obispos delincuentes se van de a poco y una nueva Iglesia va surgiendo. Grandes laicos y laicas y ojalá buenos pastores. #CriminalesALaCárcel", escribió en Twitter el periodista Juan Carlos Cruz, una de las víctimas del sacerdote Fernando Karadima, que fue recibido en abril por el Papa en su residencia en medio de la crisis.

Pellegrín, que hasta este viernes era líder de la Iglesia católica de Chillán, a unos 400 kilómetros al sur de Santiago de Chile, fue el primer obispo investigado en Chile por delitos sexuales. Se le indaga en paralelo por posible encubrimiento. Contreras, en tanto, del obispado de San Felipe, a unos 100 kilómetros al norte de la capital, es investigado por la Fiscalia por "delitos contra el orden de las familias, la moralidad pública y contra la integridad sexual". En 2003, emisarios de la Congregación para la Doctrina llegaron a Chile para indagarlo por casos de abusos contra menores, pero finalmente no fue sancionado. Tanto Pellegrín como Contreras, a su vez, tenían dentro de sus respectivas diócesis a sacerdotes investigados penal y canónicamente por delitos sexuales contra menores.

De acuerdo al último reporte del Ministerio Público, actualmente hay 119 investigaciones abiertas en el país por abusos contra niños y niñas cometidos por miembros de la Iglesia. De los 167 imputados, siete son obispos. Junto con Pellegrín y Contreras, otro de los indagados es el líder del catolicismo chileno, el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, al que el Papa no ha reemplazado pese a haber cumplido la edad de retiro y haber puesto su cargo a disposición junto al resto de la jerarquía. Imputado por encubrimiento, su defensa pidió el sobreseimiento definitivo por la arista de Óscar Muñoz, un colaborador del arzobispo y canciller de la Iglesia hasta enero, que fue arrestado por abuso sexual reiterado contra menores y estupro. El tribunal lo decidirá el próximo 5 de octubre.

La Nunciatura Apostólica ha comunicado que el Papa nombró como administrador apostólico a Sergio Pérez de Arce Arriagada en Chillán y a Jaime Ortiz de Lazcano en San Felipe.

La Iglesia católica chilena está sumergida en una crisis profunda: escándalos sexuales explotan en todo el país y la Fiscalía, gracias a los allanamientos a las oficinas de la institución, sigue engrosando sus investigaciones. Junto con las siete renuncias aceptadas, sin embargo, el Papa solo ha expulsado del sacerdocio a Precht, que había sido suspendido entre 2012 y 2017 por "conductas abusivas con menores y mayores de edad". Aunque había cumplido la sanción, nuevas denuncias fueron informadas en agosto a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Fue el propio Papa el que determinó su salida, pero no se conocen hasta ahora los detalles que llevaron a Francisco a tomar esta decisión.

El sacerdote Raúl Hasbún, que fue defensor canónico de Precht en la investigación de 2012, anunció el martes que se buscaría anular la sentencia: "Fue condenado sin que se le haya instruido un proceso", indicó en una carta al diario El Mercurio. Pero el oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Jordi Bertomeu, cerró el paso a una posible anulación. "Estamos ante un acto del Santo Padre inapelable", indicó el presbítero al mismo periódico.

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