domingo, 13 de agosto de 2017

Cristiano, golazo y expulsión

El jugador portugués marca un golazo y se va a la calle tres minutos después por enseñar el torso en la celebración y, supuestamente, simular un penalti

Pablo Pérez
Barcelona, El País
La presencia de Cristiano Ronaldo en la Supercopa de España fue tan decisiva como efímera. Se prolongó durante 25 minutos en Barcelona y se explica solo en los tres últimos, 180 segundos en los que el astro portugués eclipsó a Isco, el mejor de la noche, y se convirtió en el epicentro del terremoto que se desató en el Camp Nou. Primero lo fue por anotar un golazo que adelantó al Madrid y fulminó a los de Valverde cuando atravesaban su momento del partido; instantes después por irse a la calle acusado de simular un penalti. Era la segunda amarilla para Cristiano. La primera la vio al enseñar su portentoso torso en un intento de emular la celebración de Messi en el último clásico liguero. La que se presumía como la primera gran aparición de Cristiano terminó rápido y mal, con el jugador abandonando el campo entre empujones al colegiado y jugándose una sanción de larga duración que ponga en peligro su participación en el inicio de la competición. De Burgos Bengoechea apuntó en el acta que el portugués le empujó “levemente en señal de disconformidad”. El acto de rabia del madridista le puede acarrear una fuerte sanción de partidos, igual que a Simeone en 2014. En aquella ocasión, el técnico del Atlético, también en una Supercopa, fue expulsado por dar un toque en la cabeza al cuarto árbitro. El castigo fue de ocho partidos.


Como ocurriese en Macedonia, el plan de Zidane no contemplaba exponer demasiado a su estrella. Incorporado hace apenas ocho días, el portugués repitió entre los suplentes, pero anticipó su aparición. Si ante el Manchester United el técnico optó por darle algo menos de diez minutos, ayer la idea era que jugase en torno a 30. Fue llamado a filas a la hora de partido y solo necesitó 20 minutos para hacer su primera demostración de potencia y remate de la temporada. Cristiano certificó que no necesita demasiado para poner a punto sus mejores virtudes. Recibió a campo abierto un balón de Isco, encaró a Piqué, le amagó hacia fuera, le salió por dentro y se sacó un latigazo lejano directo a la escuadra de Ter Stegen. Era cuando más apretaba el Barcelona y apareció él. Su gol volvió a adelantar a un Madrid que atravesaba sus momentos más delicados de la noche.

El escenario, el momento y la ejecución invitaron a Cristiano a sacar su vena más narcisista. Con la alargada sombra de la denuncia de Hacienda sobre él y sin terminar de poner fin a todos los rumores sobre su deseo de abandonar el Madrid, vio la ocasión perfecta para reivindicar su condición de estrella y poner todos los focos del mundo del fútbol sobre él. Lo hizo a su estilo, con una celebración tan egocéntrica como innecesaria. Cristiano marcó, enfiló un lateral de la grada del Camp Nou, y, a mitad de camino, se frenó, se quitó la camiseta y lució figura. Retador, levantó su zamarra con el 7 a la espalda y se la mostró al público, emulando el gesto que Leo Messi le dedicó al Bernabéu hace solo unos meses cuando ganó el último clásico con un gol en el descuento.
Amarilla por simular

Un acto de reivindicación provocativo que le costó muy caro a Cristiano. La escena, que se resolvió primero con una amarilla, terminó siendo decisiva para que su momento durase solo 180 segundos. Fue el tiempo que transcurrió entre su celebración y el momento en el que árbitro volvió a amonestarle y le enseñó la roja al acusarle de simular un penalti en un forcejeo con Umtiti.
La decisión del colegiado encendió al portugués hasta el punto de propinarle un leve empujón que si es entendido como agresión puede dejarle fuera del inicio de competición liguera. “La segunda tarjeta a Cristiano es fuerte”, aseguró Zidane, que defendió a su estrella tras el partido. Él, frustrado, abandonó el césped entre protestas, consciente de que su primera gran aparición en forma de golazo había quedado regalada a un segundo plano. Enseñar el torso nunca le costó tan caro a un Cristiano que en el Camp Nou marcó, vio la roja y se mantuvo, un día más, en silencio.
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