martes, 4 de julio de 2017

Washington y Seúl responden al desafío de Corea del Norte con un ejercicio conjunto de misiles

EE UU confirma que Pyongyang probó el lunes un proyectil intercontinental. Tillerson pide "una respuesta global a una amenaza gobal".

Jan Martínez Ahrens
Washington, El País
Estados Unidos respondió este martes de forma contundente a las “acciones desestabilizadoras e ilegales” del régimen norcoreano. En un ejercicio conjunto con Corea del Sur, ambos ejércitos pusieron a prueba sus propios misiles. Los lanzamientos, efectuados en la costa oriental, fueron presentados por el alto mando estadounidense en el Pacífico como un recordatorio del "inquebrantable compromiso" de Washington por defender a su aliado frente a cualquier amenaza.


El lunes, Corea del Norte lanzó con éxito un misil balístico intercontinental. El proyectil, un Hwasong-14, alcanzó una altura de 2.802 kilómetros y recorrió en 39 minutos 933 kilómetros. Fue la mayor altitud lograda nunca en un ensayo norcoreano y, según los expertos, mostró por primera vez que Pyongyang tenía capacidad para atacar territorio estadounidense, concretamente Alaska.

El lanzamiento, efectuado la víspera de la fiesta del 4 de julio, fue jaleado por la propaganda norcoreana como un paso histórico. En plena euforia, el líder supremo, Kim Jong-un, afirmó que el misil tenía capacidad albergar cabezas nucleares, algo que los expertos ponen en duda, y lo presentó, según la agencia estatal de noticias, como "un regalo para los bastardos americanos" en el Día de la Independencia. Tras esta burla, manifestó no estaba dispuesto a negociar la retirada de su programa balístico hasta que Estados Unidos “abandonase su política hostil” hacia Corea del Norte.

En un principio, el Pentágono puso en duda el éxito balístico de Pyongyang. Pero a medida que analizaba los datos acabó reconociendo que se trataba de un misil intercontinental. Una confirmación que agudiza la tensión en la zona y muestra el fracaso de las presiones ejercidas por Estads Unidos para frenar la alocada carrera armamentística norcoreana.

El propio presidente Donald Trump había considerado públicamente este tipo de proyectiles una línea roja que no iba a permitir cruzar. Para evitarlo buscó el apoyo de Pekín y desplegó su músculo militar en aguas coreanas. Ninguno de los dos pasos han surtido efecto. China, que absorbe el 90% del comercio norcoreano, ha rechazado presionar a Pyongyang y ha formado con Rusia un frente equidistante que pide tanto la desnuclearización de la península como la retirada de las tropas estadounidenses.

En esta línea, el secretario de Estado, Rex Tillerson, consideró la prueba “una nueva escalada en la amenaza contra Estados Unidos, sus aliados y socios en la región y el mundo”. “Se requiere de una acción global para enfrentarnos a una amenaza global. Jamás aceptaremos una Corea del Norte con armas nucleares. Cualquier país que acoja a trabajadores norcoreanos, permita cualquier beneficio militar o económico o falle en el cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad está ayudando y tolerando un régimen peligroso”, afirmó Tillerson.

Sus palabras vinieron acompañadas con los ejercicios conjuntos con Corea del Sur. En estas operaciones Estados Unidos empleó su sistema de misiles tácticos y Seúl proyectiles Hyunmoo II. En ambos casos se trata de misiles guiados de alta precisión y fácil despliegue.
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