domingo, 2 de julio de 2017

El rival a vencer

Alemania confirmó su poderío a nivel mundial: campeón en Brasil 2014, conquistó la Copa Confederaciones sin la mayoría de sus titulares y también se consagró en la Euro Sub 21. Una hegemonía producto de un proyecto que incluyó un cambio de estilo.

Vicente Muglia @VicenMuglia
vmuglia@ole.com.ar
A poco menos de un año para el Mundial, emerge un Brasil que con Tité recuperó su estilo histórico y se posicionó ya como candidato; resurge una España que con su generación dorada más la inclusión de algunos jóvenes apunta a cerrar un ciclo tan exitoso como memorable; aparece una Italia a la que nunca hay que subestimar; se perfila una Francia con un plantel de calidad y cantidad como para pegar el salto; y se ve a una expectante Argentina que, con Sampaoli, renovó sus ilusiones para lograr la Copa que le falta levantar a Messi. Todos ellos más los que se clasifiquen para Rusia 2018 tendrán un duro escollo en su camino hacia la ansiada Copa: Alemania. Imponente, con aires de imbatible, en estos últimos tiempos ratificó su enorme poderío. Los germanos, está claro, no van a ir de paseo a la próxima Copa del Mundo sino que tendrán el objetivo de revalidar lo hecho hace cuatro años en Brasil. Si queda alguna duda, la reciente Copa Confederaciones y la Euro Sub 21, obtenidas con apenas unos días de diferencia, confirmaron que la temible Mannschaft será el gran rival a vencer en territorio ruso.


En 1990, en pleno Mundial de Italia, el ex delantero inglés Gary Lineker citó una frase que se hizo famosa para destacar tal hegemonía: "El fútbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11 y siempre gana Alemania". Obviamente que el dato no es riguroso pero se acerca a la idea de que los alemanes siempre son protagonistas de toda competencia futbolística en la que participen. En los últimos años, de la mano de Jürgen Klinsmann y de Joachim Low, se profundizó un notable cambio de paradigma. La Alemania de los Panzers del 54, del fútbol-físico, de los nueve grandotes, de Beckenbauer, del temperamento y tesón sin claudicar en busca del triunfo sufrió una transformación en su estilo. Pasó a ser la Alemania sin un 9 clásico, la del fútbol-conceptual y la del buen juego al servicio del resultado. No dejó de ganar pero modificó la forma. Notó que con la fuerza no le alcanzaba para dominar y cambió en el momento justo, cuando el fútbol mundial, con el Barcelona de Guardiola como musa inspiradora, comenzaba a enfilar hacia un juego más conceptual y técnico. Por eso el proyecto integral que lideraron ambos entrenadores y que contó con la aprobación y acompañamiento de la Federación Alemana incluyó la capacitación de directores técnicos, el trabajo específico en las divisiones inferiores y la apertura mental para adquirir conocimientos de distintas ideologías. Por algo el Bayern contrató a Pep y ese equipo fue la base de la Alemania campeona en Brasil 2014. Con esta sustancial modificación en el juego, la actual Alemania, paradójicamente, pareciera tener sus raíces en la Hungría del 54 y en la Holanda del 74, justo dos selecciones vencidas por la vieja Alemania. Toda una evolución contracultural.

En esta Copa Confederaciones, Löw se dio el lujo de darle descanso a la mayoría de los titulares (Neuer, Boateng, Hummels, Khedira, Kroos, Müller, Ozil) para que los que vienen pidiendo pista tuvieran sus minutos en el más alto nivel. La calidad del recambio se aprecia al repasar el equipo alternativo: Ter Stegen, que es titular en el Barcelona; Kimmich, una más que interesante aparición que vino como anillo al dedo para reemplazar a Lahm; Hector, confiable lateral izquierdo seguramente titular en el 11 de gala; Stindl, un 9 de los que saben tirarse atrás; Draxler, posible extremo izquierdo titular en la Alemania A y otros que demostraron estar a la altura, como Goretzka, Werner, Mustafi y Rudy. Por si le faltara plantel, en la Sub 21 que se coronó recientemente tras vencer en la final a España, también asoman varias figuras como para garantizar que la selección germana siga peleando todo lo que juegue.

A aquella exagerada célebre frase de Lineker, al "siempre gana Alemania", ahora habría que agregarle "y siempre juega bien". Sí, el rival a vencer.
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