sábado, 10 de junio de 2017

Un reforzado Corbyn acalla al ala pragmática de su partido

El veterano socialista logra 29 escaños que los obtenidos en las últimas elecciones generales

Patricia Tubella
Londres, El País
“Hemos cambiado el rostro de la política británica”, proclamaba un eufórico el líder laborista, Jeremy Corbyn, tras confirmarse los resultados electorales que han desafiado los pronósticos de hace sólo siete semanas sobre la casi aniquilación del laborismo bajo su liderazgo. En aquel arranque de la campaña, su partido estaba 20 puntos por debajo de los conservadores de Theresa May. Hoy los laboristas se reivindican como los vencedores morales de la liza que se ha traducido en un Parlamento sin mayoría absolutas y con la gran rival, May, tremendamente debilitada.


La demanda de Corbyn de que May se retire de la escena, junto a la propia disponibilidad para intentar formar una coalición arcoíris, difícilmente llegará a buen puerto. Pero por primera vez desde que arribara en unas primarias al liderazgo laborista, hace dos años, este socialista irreductible acaba de presentarse como una alternativa real de gobierno. Y lo hace con un programa enfrentado a la ortodoxia económica en tiempos de austeridad que defiende el grueso del centroizquierda europeo. Con propuestas como la nacionalización parcial de algunos servicios públicos (ferrocarriles, eléctricas…) o un sustancial aumento de la inversión pública en los sectores de la salud y la educación, gravando a las rentas más altas, frente a uno de los anatemas de sus antecesores desde Tony Blair: “Más impuestos, mayor gasto”.

¿El fin del Nuevo Laborismo? Por el momento, más bien se trataría de un repliegue o de una suspensión del debate sobre el alma del partido que ninguno de los numerosos rivales de Corbyn, a sus 68 años un socialista de la vieja escuela, quiere suscitar cuando su liderazgo se ha visto reforzado. Muchos pesos pesados del partido que hasta hace poco lo tildaban de “inelegible”, y de bomba de relojería que iba a conducir a una debacle, están cerrando filas con él. La magia, o en realidad el posicionamiento táctico, está en ese aumento de 29 escaños (hasta un total de 261), ganados a base de ofrecer “esperanza” con un mensaje “positivo, optimista, honesto y dinámico que ha movilizado al electorado joven”. La declaración responde a Owen Smith, quien encabezara una fallida rebelión del grupo parlamentario laborista contra el líder, al año de ser éste elegido gracias al aplastante apoyo de la juventud y los sindicatos. Desde el desembarco de Corbyn, en 2015, el partido ha doblado el número de afiliados hasta el medio millón.

“Estaba equivocado, me quito el sombrero”, manifestó Smith la noche electoral en línea con tantos otros dirigentes moderados y algunos antiguos conspiradores contra Corbyn, como la exministra Yvette Cooper, que ayer daba un giro copernicano: “En el Partido Laborista convocamos elecciones al liderazgo, y Jeremy ganó la última de forma limpia. Estoy a su servicio”. Tanto a ella como al vicelíder del partido, Tom Watson, o al blairita Chuka Umunna (todos ellos exigieron el año pasado la renuncia de Corbyn) les pilló en falso, en el tramo final de la campaña, la capacidad de Corbyn de movilizar al electorado; de llenar sus mítines con votantes primerizos y, sobre todo, de entusiasmar a base de una extraña combinación entre el viejo socialismo y el idealismo de los jóvenes. La participación en las elecciones generales ha rozado el 70%, la más alta de los últimos cinco lustros.

Pero Corbyn y su tibieza europeísta no pueden apuntarse el tanto del voto decisivo de aquellos contrarios al Brexit que querían vengarse de May. Tampoco sus postulados económicos seducen a muchos electores de centroizquierda que, sin embargo, decidieron votar al laborismo para evitar una marea conservadora, una vez convencidos (por los sondeos) de que Corbyn nunca llegaría a dirigir el Gobierno. El ala pragmática del Labour sabe que representa a esos sectores y está a la espera de tiempos mejores. Porque la escena de hoy pertenece a Corbyn, un veterano que para su propia sorpresa tomó las riendas del partido cuando su ambición no iba más allá de generar un debate sobre el futuro de la izquierda.
Publicar un comentario