martes, 27 de junio de 2017

Rusia deja muchas dudas a solo once meses del Mundial 2018

La Confecup era un examen para saber si Rusia estaría preparada el Mundial. Un test que ha dejado quizás más dudas y que certezas.

Leopoldo Iturra
As
Moscú nos recibió con el día más frío de la primavera en 136 años. Seis grados, cielos amenazantes y mucho trámite, demasiado, en el gran y gris aeropuerto de Sheremetievo. Una recepción mejor que la que tuvo Diego Sáez, periodista de la radio ADN de Chile: el taxi le cobró en rublos el equivalente a 800 euros por el viaje al centro de la ciudad. Hizo la denuncia y dos días después, tras un operativo policial expreso, Sáez recuperó su dinero. Los agentes le invitaron al cuartel, lo carearon con el taxista, le grabaron y al día siguiente apareció en todos los telediarios. Un mensaje de eficiencia y honestidad para todo el mundo que, de paso, ayudó para que muchos rusos supieran que la Confecup se está jugando en casa.


Rusia tiene un objetivo prioritario: mostrarse como un país seguro de cara al Mundial del próximo año. Parece no preocuparles el retraso de las obras, los líos para los traslados, la escasez de infraestructura turística o que los taxistas siempre se quieran pasar de listos. El objetivo es erradicar el miedo al terrorismo, acabar con los mitos de la mafia rusa y anular la presencia de los ultras. Por cualquier lugar que transite en Rusia habrá un pórtico detector de metales: en el metro, en el hotel, en el centro comercial y en el estadio. Todos los aficionados y periodistas estarán total y absolutamente identificados.

Los taxis, mejor dicho, los taxistas son un problema, pero existe Über. Y el idioma también lo es. No tanto en Moscú o San Petersburgo, pero sí en Kazán, donde encontrar alguien que hable inglés motiva a comprar inmediatamente un billete de lotería. En los aeropuertos manda el ruso con alfabeto cirílico y los puntos de información sencillamente no existen. Los cuatro estadios que se han usado el torneo, Spartak de Moscú, San Petersburgo, Sochi y Kazán, son magníficos, pero los ocho restantes no están terminados. Samara promete un estadio imponente y magnífico para 63.000 espectadores. El problema es que no saben si lo terminarán a tiempo, aunque el primer ministro Dmitri Medvedev dijo que estará en marzo. Para ello han tenido que contratar a 2.000 trabajadores extras.

El apurar las obras conlleva otros problemas. En San Petersburgo descubrieron el empleo de norcoreanos ilegales. El emblemático estadio Luzhniki, escenario de la final, luce rodeado por un armatoste de andamios y grúas, y cientos de trabajadores que entregan una señal clara: están fuera de los plazos y remodelan con apuro extremo. Este examen llamado Copa Confederaciones 2017 deja dudas y certezas de cara al Mundial del año que viene. Quizás más de las primeras que de las segundas.

El VAR, como todo lo que tenga que ver con lograr que el mundo sea un lugar más justo, es noble. Pero el videoarbitraje necesita arreglos. El Chile-Camerún fue un ejemplo: un gol anulado tres minutos después de marcado, con coreografía de celebración desperdiciada, y otro tuvieron que esperar dos minutos antes de gritar.

El alfabeto cirílico complica los viajes

Llegar a Moscú no es difícil pero el traslado entre las sedes será complejo. Por ejemplo, no hay vuelo directo entre Sochi y San Petersburgo. Otra dificultad es el idioma. En los aeropuertos predomina el ruso con su alfabeto cirílico. El inglés hablado en los altavoces poco se entiende y no existen puntos de información, ni en las grandes estaciones.

Las entradas más caras de la historia de los Mundiales

La falta de ambiente fue uno de los puntos que ha quedado en evidencia durante la Confecup. Sólo se vendieron un 40% de las entradas, lo que demuestra que los precios de las entradas son prohibitivos para los rusos. Y en Mundial el panorama no será diferente. Durante la fase de grupos, la entrada más económica costará 95 euros y desde ahí en adelante irán subiendo: 105 euros en octavos de final; 160 en cuartos; 270 en semifinales y tres categorías para la final en el estadio Luzhniki: 440, 690 y 1.000 euros.

Los estadios, a contrarreloj

Los estadios de la Confecup aprobaron con distinción máxima. La gran duda es, ¿qué pasa con los ocho escenarios restantes? El Luzhniki, imponente estadio de la final, luce a medio construir rodeado de andamios y grúas. Lo mismo pasa en al menos tres más, como el de Volgrogado, sin fecha para terminar.

Control absoluto de la policía

La seguridad está en todos lados. El que viaje a Rusia deberá acostumbrarse a los detectores de metal. No sólo en el aeropuerto. En el metro, hotel y en las entradas de los estadios. Además, les harán encender el móvil y el portátil donde estés. El control será total y absoluto, como nunca antes se vio en un Mundial.
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