viernes, 30 de junio de 2017

La Súper-21 fue Alemania

España se arrugó en la primera mitad y no supo sacar partido a su reacción en la segunda. Un gol de Weiser hizo justicia.


Luis Nieto
As
Los goles, que son veredictos en el fútbol, también asoman a veces como ilusiones ópticas. Escondida tras un enorme cantidad de ellos ha vivido esta España Sub-21 (Súper-21 hasta la final), con mejores futbolistas que arquitectura. Alemania, siempre Alemania, más estructurada y más ambiciosa, la apartó del título con justicia. El equipo de Kuntz mandó de salida, tuvo más personalidad, no se ahorró kilómetros y soportó la acometida final de España, que fue un artificio: Pollersbeck sólo fue exigido en una ocasión.


Tiene Alemania una bien ganada fama de selección irrompible. La de antes, construida de fibra y empuje que desfilaba por los partidos al paso de la oca, y esta, refundada en 2009, mutirracial, inspirada en el modelo español, más inclinada a la tenencia lícita de la pelota y con más seda que esparto. Ese cambio climático, partiendo de un título continental Sub-21, le llevó a ser campeona del mundo en sólo cinco años. Se lo hizo saber a una España hundida en su campo de salida, que abdicó de la presión y que lo fio todo al efecto sorpresa. No hubo más plan que esperar y robar. La reserva natural del fútbol español camina a ratos en dirección contraria al modelo que nos ha traído hasta aquí. Una verticalidad extrema que choca. Una selección que ha girado sobre sí misma como un planeta.

El plan le fue mejor a Alemania que a la Rojita. Agrupada en torno a Arnold, un centrocampista maduro, con experiencia en la Champions y en la Bundesliga, y muy expandida hacia las bandas, gracias al carácter extensible de sus laterales (magníficos Toljan y Gerhardt) y a la versatilidad de Gnabry, fue coleccionando ocasiones: un centro-chut de Gerhardt, un cabezazo potente y lejano de Meyer al palo, un disparo ajustado de Arnold, un remate cercano de Gnabry adivinado por Arrizabalaga... Un escenario inesperado atendiendo al trayecto del equipo de Celades y al presunto debilitamiento de los germanos, porque con la decisión de Löw de dar vacaciones a sus intocables, los ocho mejores Sub-21 fueron reclutados para la Copa Confederaciones. Corrió el escalafón sin que ni una ni otra selección sufrieran un rasguño.
El gol de Weiser

España apenas salió. Algún arranque de Asensio, siempre muy cerrado por la banda izquierda, y el burbujeo habitual de Deulofeu no intimidaron a los alemanes. Saúl disimuló los pulmones y los misiles, Ceballos no fue el jugador dominante de semifinales y Sandro anduvo desaparecido. Alemania no sólo pareció copiar el modelo sino también el talento, aunque acabara llevando al marcador su superioridad en un lance del antiguo régimen: ascensión y centro del lateral Toljan y cabezazo cruzado y parabólico de Weiser inalcanzable para Arrizabalaga. Ese gol se llevaba por delante lo único que había resistido al avance alemán: la defensa.

El partido esperado apareció tras el descanso. Durante unos instantes, breves, mandó España, a su modo, desde el perímetro con sus exteriores y se protegió a tornillazos Alemania, como había prometido en la víspera. Defendió en manada y, por momentos, al otro lado del reglamento. Y también supo leer que la necesidad obligaba a España a desabrigarse. Así que un zurdazo lejano de Saúl desviado por Pollersbeck tuvo una doble respuesta germana: un disparo cruzado de Gnabry que Arrizabalaga rechazó con la bota y un cabezazo cruzado de Kempf. Gnabry, a estas alturas, había dejado pruebas de que es un futbolista magnífico con y sin espacios. El Bayern se lleva una joya.

Las ocasiones alemanas le permitieron restablecer el orden en el partido y minimizar la reacción de España, que quiso armar el brazo izquierdo con Gayá y que retrasó a Asensio para arrancarse de lejos. Un jugadón de Ceballos culminado con un remate que rozó el palo y otro de Deulofeu que corrió igual suerte, pudieron devolver a España al partido. Fue el comienzo de un largo asedio, al que se sumaron Williams y Mayoral, con Alemania ya definitivamente acorazada que tuvo muy poco efecto práctico. La Selección dio muchos rodeos y apenas disparó a la meta de Pollersbeck, que ya tenía ganada la gloria antes del torneo. La España que viene necesita repasar.
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