jueves, 22 de junio de 2017

La alcaldesa de Roma y símbolo del Movimiento 5 Estrellas, un año en caída libre

Virginia Raggi, imputada por abuso de poder y falso testimonio, suspende en casi todas las facetas 12 meses después de ser elegida con casi el 70% de los votos

Daniel Verdú
Roma, El País
Una gaviota levanta el vuelo junto a la cúpula del Panteón y un grupo de turistas miran al cielo horrorizados. Lleva en el pico un roedor muerto que, se veía venir, termina precipitándose entre el tumulto. Dos militares se apartan espantados. Tres japonesas gritan y el pájaro intenta recuperar penosamente la cena del día. La grotesca escena no es nueva en una ciudad que atraviesa graves deficiencias en el servicio de recogida de basuras. Pero es solo uno de los problemas que la alcaldesa, Virginia Raggi, en quienes muchos vieron hace un año la réplica italiana a Ada Colau o Manuela Carmena, no ha logrado solucionar en el primer tramo de su mandato.


Hoy ya nadie le concede el beneficio de la duda. Los comentarios en off the record son despiadados. Fuera y, a veces, dentro de su partido. Raggi, una abogada de 38 años experta en derechos de autor y nuevas tecnologías, arrasó hace 12 meses con casi el 70% de los votos. La ciudad necesitaba aire fresco. Acababa de descubrir que ya no era una isla en la galaxia mafiosa italiana, sino la estrella polar donde se amañaban los concursos públicos más suculentos. Y el viento había cambiado, proclamó ella con lágrimas en los ojos. El Movimiento 5 Estrellas (M5S) iba a demostrar cómo se pasa de la protesta a las propuestas. Pero la alcaldesa, como señala la decena de analistas, auditores, exalcaldes, políticos y técnicos consultados para este reportaje, no ha mejorado la situación. Ni ella ni nadie de su equipo, sin embargo, ha contestado a las repetidas peticiones de este periódico para recabar su versión.

El 70% de los ciudadanos, según un sondeo de La Repubblica, rechaza la gestión de Raggi, a punto de ser procesada por abuso de poder y falso testimonio en un rocambolesco caso de intrigas municipales. La deuda (12.200 millones de euros, de los que el Estado paga desde 2008 el 80%) y los elevados salarios públicos siguen comprometiendo las inversiones que necesita la ciudad, el transporte es caótico (300 averías diarias y caída del 6% de la venta de billetes). Los ciudadanos se quejan de la proliferación de vendedores ambulantes y el déficit de infraestructuras ha convertido un simple trayecto del Campidoglio hasta el Quirinale en una arriesgada etapa del París-Dakar. Pero no todo es culpa de Raggi, que estos días ha puesto un 7,5 a su primer año.

Roma es una ciudad prácticamente ingobernable desde hace 20 años. A veces incluso parece que bastaría con que el alcalde que llegase no lo hiciese peor que el anterior. Lo malo es que la gestión de la alcaldesa, más allá de abstracciones ideológicas, se puede ver y oler. La ciudad produce 5.000 toneladas diarias de residuos, pero no sabe qué hacer con ellas. El anterior regidor, el cirujano Ignazio Marino, cerró la planta de Malagrotta, cuyo cese exigía la UE por razones medioambientales, y elevó la recogida separada al 47% para compensar. Hoy ha bajado un punto porcentual y no se ha construido ninguna factoría. Raggi, como para el resto de asuntos, pide "tiempo" para llevar a cabo "los cambios que requiere la ciudad".

La AMA, una empresa pública que gestiona los residuos con 8.000 trabajadores, ha tenido ya dos directores generales y cuatro administradores en un año. Daniele Fortini fue uno de ellos y dimitió por las presiones y la disparidad de criterios. “Empezaron a negar la necesidad de tener recintos industriales, encomendándose exclusivamente a la recogida diferenciada por una cuestión ideológica. Han expuesto a la ciudad a continuas emergencias. Esta ha sido la más larga: comenzó en Pascua y seguirá un tiempo más”, señala por teléfono.

Roma todavía exporta el 80% de los desechos que produce cada día. Los manda a Bulgaria, Austria o Portugal y a ocho regiones italianas. Se trata de 1,2 millones de toneladas al año que cuestan 170 millones de euros. Falta dinero, como recuerda la jefa de la oposición Michela di Biase (PD). Pero no hay un plan. “Más allá de su propaganda electoral, no hay nada concreto. Lo que hay es una petición de 1.200 millones de euros al gobierno, pero sin aportar nada. Esto no es un balance de 90 días. En un año tendría que haber sentado las bases de un trabajo sólido”, señala.

Las críticas también llegan desde dentro de su organización y del partido, que esperaba que Roma fuera el trampolín definitivo para las elecciones generales. “El principal problema que tiene es el de gobernar los procesos administrativos”, señala un asesor cercano a la alcaldesa. “¿La Colau italiana? Pero si acaba de negarse a que Roma acoja a más refugiados”, denuncia un exponente del M5S en referencia a la carta que Raggi mandó la semana pasada a la delegación del Gobierno pidiendo una moratoria en la acogida.

Su antecesor, Ignazio Marino, tuvo que marcharse por dos mentiras —una por pasar como gastos de representación alguna comida familiar— que a la luz de lo que pasaba en la ciudad podrían parecer menores. Hoy, con la perspectiva de aquellos años, cree que el actual equipo tiene algunos déficits democráticos y no está contando con toda la sociedad para gestionar una ciudad que, de otro modo, es ingobernable. “Solo es posible si se entienden los aspectos económicos de una ciudad como Roma y se hace con la voluntad de compromiso colectivo de toda la clase dirigente. También las fuerzas del orden, la magistratura, los emprendedores, intelectuales... Si lo único que reúne es al poder, será muy complicado que salga de este agujero”.
Un hombre disfrazado de centurión pasea cerca del Coliseo.
Un hombre disfrazado de centurión pasea cerca del Coliseo. A. N.

Su sintonía con otros sectores como los vendedores ambulantes o los taxistas, sin embargo, es buena. Además, ha mantenido promesas como firmar la paz con los 23.000 funcionarios públicos, rechazar los Juegos Olímpicos de 2024 o sentar las bases del nuevo estadio de la AS Roma.

La productividad de la Junta es un elemento importante para valorar el mandato, como señala Giovanni Orsina, profesor de sistemas políticos en la Universidad Luiss Guido Carli, Y hoy está muy por debajo de las administraciones de Gianni Alemanno, Walter Veltroni o Marino si se tienen en cuenta las ordenanzas de la alcaldesa (dos tercios tienen que ver con nombramientos). Una tendencia que habla también de la desprofesionalización general de la política y que puede dar claves a nivel nacional. “Lo que pasa en Roma tiene efecto nacional, pero el mecanismo de protección de la realidad que tienen los votantes de M5S es fuerte. Todas las noticias contrarias al partido son falsas; ella lo hace mal, pero los demás lo hicieron peor... Por eso no será inmediato”, apunta. La prolongada paciencia de los romanos podría no ser tan flexible pasado el primer año.
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