sábado, 10 de junio de 2017

Farage amaga con un retorno al frente del UKIP para defender el 'Brexit' duro

El Partido por la Independencia del Reino Unido se ha quedado reducido a menos de 594.000 votos y estará ausente del Parlamento

Patricia Tubella
Londres, El País
Nigel Farage no ve “otra elección” que regresar al ruedo de la política británica si acaba convencido de que el Brexit —un Brexit duro, según sus términos— “está amenazado” tras el desenlace de las legislativas británicas. El fundador y en las últimas dos décadas sinónimo de un partido al que propulsó como tercera fuerza del país, el antieuropeo y xenófobo UKIP, acaba de ver hecha trizas a su criatura en las urnas. El Partido por la Independencia del Reino Unido, acicate del referéndum del año pasado sobre la salida de la UE, se ha quedado reducido bajo el nuevo liderazgo de Paul Nuttall a menos de 594.000 votos (frente a los 3,8 millones de la anterior liza). Y, como consecuencia, estará ausente del Parlamento de Westminster.


El resultado ya era previsible cuando los sondeos del inicio de campaña auguraban un paseo a lo grande de los conservadores de Theresa May, dispuestos a fagocitar el euroescepticismo rampante del UKIP. El panorama político que se dibuja tras las generales subraya, sin embargo, la debilidad tanto de la primera ministra en funciones como de sus inflexibles postulados con respecto a Europa, encabezados por la negativa a aceptar el mercado único. Ahí se apunta el retorno a la escena de Farage, un político cuyo olfato le condujo a abandonar las riendas del UKIP tras el plebiscito del pasado junio sobre la adhesión a la Unión Europea, y a sabiendas de que a partir de entonces sería May quien rentabilizaría en beneficio propio el famoso lema de “Brexit significa Brexit”. Pero que ahora vuelve a detectar un nicho de votantes entre la aprensión de los más acérrimos brexiters (partidarios de una ruptura a secas con Europa) ante los tiempos inciertos que se avecinan.

En cualquier partido al uso la pérdida de cinco sextas partes del electorado en una sola legislatura invitaría, cuanto menos, a un debate profundo. Pero el UKIP es un movimiento nacido únicamente sobre una difusa noción antieuropea que la emprende contra los inmigrantes, y que en su momento consiguió arrastrar tanto al electorado ultranacionalista como a las clases más desfavorecidas que se sienten víctimas de la globalización (y, por ende, de las políticas contemporizadoras de Bruselas).

Tras la salida de Farage su partido se vio sumido en el caos, evidencia de la falta de estrategia y del oportunismo de sus cuadros dirigentes. Su primera sucesora, Diane James, apenas duró dos semanas y media en el liderazgo, seguida en el puesto por Paul Nuttall, quien ayer dimitió a la vista de la debacle electoral. La conclusión de las últimas convulsiones es que no hay UKIP sin Farage, y que este baraja ahora abandonar su nueva vida como conferenciante de lujo y amigo personal de Donald Trump para enarbolar la bandera más ultranacionalista del Reino Unido. Todavía no ha dado el paso, a la espera de quién y cómo se encaja el nuevo panorama político desde el bando tory.
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