sábado, 3 de junio de 2017

¿Es la salida de Trump del Acuerdo de París como la de Bush de Kioto?

Hay similitudes pero divergencias de calado con el discreto anuncio de 2001

Joan Faus
Washington, El País
Es junio de 2017, pero podría ser perfectamente el de 2001. La Casa Blanca pareció retroceder el jueves 16 años. Es fácil encontrar paralelismos, en los motivos invocados y en la condena internacional, en la salida de Donald Trump del Acuerdo de París contra el cambio climático y la de George W. Bush del de Kioto.


Ambos son dos republicanos aislacionistas en política exterior que cuestionan el impacto del cambio climático y justifican la salida de un pacto internacional principalmente en razones económicas en Estados Unidos. Lanzan críticas a China y a Europa, y desatan una tormenta de reprobaciones en todo el mundo que parece importarles poco. Y proponen, con escasa convicción, impulsar un nuevo pacto que sea supuestamente menos dañino para EE UU.

“Tendría un impacto económico negativo, con despidos de trabajadores y aumentos de precios para los consumidores”. La frase es de Bush en 2001 sobre el Protocolo de Kioto, pero la podría haber pronunciado perfectamente el jueves Trump. “Trabajadores y contribuyentes estadounidenses absorberían el coste en términos de empleos perdidos, bajaría salarios, cerraría fábricas y mermaba enormemente la producción económica”, dijo el presidente actual sobre el Acuerdo de París.

Sin embargo, hay diferencias mayúsculas. Una innegable es en las formas. Trump anunció la salida de París en un acto solemne en la Casa Blanca, que vistió con aires de celebración y orgullo nacional. Mientras que Bush notificó la retirada de Kioto sin pompa y a través de funcionarios técnicos.

Las dos principales razones detrás de la decisión de Bush eran que Kioto excluía a los países emergentes, como China e India, y que EE UU sufría un retroceso económico y escasez energética. A diferencia de Kioto, París incluye a todos los países del mundo, excepto tres si se incluye ahora a EE UU, y no fija compromisos vinculantes de cada país sino voluntarios. Y la primera potencia vive ahora un boom en la producción energética y una economía en auge.

El futuro de Kioto, además, siempre fue mucho más incierto. Lo firmó el gobierno de Bill Clinton, el predecesor de Bush, pero para entrar en vigor tenía que aprobarlo el Senado, algo que no iba a ocurrir por falta de consenso. Bush también admitió el impacto del hombre en el calentamiento global y se comprometió a reducir las emisiones contaminantes. Trump no lo ha hecho, hasta hace pocos meses describía como un “engaño” al cambio climático y no ha revelado si cree en la contribución humana al aumento de las temperaturas.
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