viernes, 23 de junio de 2017

Corea del Norte: “Nosotros tampoco sabemos por qué murió Warmbier”

El régimen de Pyongyang parece reconocer que el estudiante sufrió un paro cardiaco durante su cautiverio

Macarena Vidal Liy
Pekín, El País
Por qué exactamente murió Otto Warmbier, el estudiante al que Corea del Norte detuvo durante 16 meses y al que devolvió en coma seis días antes de que falleciera, es aún una incógnita. Y el régimen de Kim Jong-un no parece exactamente dispuesto a resolverla. Según ha declarado su Ministerio de Exteriores en un comunicado, ellos también desconocen la razón del trágico desenlace.


“El hecho de que Warmbier muriera de repente en menos de una semana inmediatamente después de su regreso a EE UU en su estado de salud normal también es un misterio para nosotros”, indica el comunicado, en el que Pyongyang arremete contra la anterior Administración estadounidense, del presidente Barack Obama, para responsabilizarla del sino del joven.

“Warmbier es una víctima de la política de paciencia estratégica de Obama, que se obcecó en la mayor hostilidad y negación contra la República Democrática Popular de Corea (nombre oficial de Corea del Norte) y rechazó mantener un diálogo con ella”, sostiene el comunicado recogido por la agencia de noticias KCNA.

Otto Warmbier, de 22 años, fue detenido en enero del año pasado mientras visitaba Corea del Norte en un viaje turístico organizado. Según el régimen, la noche antes del momento previsto para su partida, el estudiante de la Universidad de Virginia (este de EE UU) intentó robar un cartel de propaganda en uno de los pisos reservados para personal norcoreano en el hotel donde se alejaba.

Tras un juicio televisado en el que no se le permitió defenderse, fue condenado en marzo a quince años de trabajos forzados. No se le volvió a ver hasta una semana antes de su muerte, cuando Corea del Norte lo devolvió “por razones humanitarias”. Llevaba en coma más de un año, desde poco después de su juicio y por razones desconocidas. Según Corea del Norte, el estudiante había caído en ese estado tras contraer botulismo y tomar una pastilla para dormir.

Los médicos que le trataron en Estados Unidos no encontraron indicios de que hubiera padecido botulismo. Tampoco de violencia física. Sí afirmaron que padecía un “daño neurológico grave”, causado aparentemente por la falta de riego sanguíneo al cerebro a raíz de un paro cardiaco durante un tiempo indeterminado.

El comunicado norcoreano parece confirmar ese extremo. Los médicos estadounidenses que viajaron a Pyongyang para repatriar al estudiante “le examinaron e intercambiaron observaciones sobre él con nuestros médicos. Reconocieron que sus indicadores de salud como pulso, temperatura, respiración y los exámenes de pulmón y corazón eran todos normales”. También —asegura el régimen— “le proporcionamos tratamiento médico y le trajimos de nuevo vivo cuyo corazón (sic) casi se había detenido”.

Pyongyang rechaza tajantemente que en algún momento torturara o maltratara a su rehén o que se le pueda responsabilizar de la muerte. “Tratamos a los detenidos de acuerdo con los estándares y las leyes internacionales”, asegura.

La declaración norcoreana se ha producido en el mismo día en el que en Wyoming (Ohio, EE. UU.), su ciudad natal, se celebraba el funeral por el joven, un muchacho que debía haberse graduado de Comercio este curso y que, de carácter afable y curioso y de una inteligencia brillante, hubiera debido tener un futuro prometedor.
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