Trump congela su plan de trasladar la embajada de EE UU a Jerusalén

El presidente de EE UU evitará la polémica promesa electoral en su viaje por Oriente Próximo

Amanda Mars
Washington, El País
Cuando lo anunció, en el fragor de la batalla electoral, sonó a barrabasada marca de la casa. Cuando se reafirmó en ello, con la presidencia ya ganada, puso a Oriente Próximo en alerta naranja. Pero no hay mudanza a la vista: Donald Trump ha decidido congelar sine díe su idea de trasladar de Tel Aviv a Jerusalén la embajada de Estados Unidos en Israel. Descarta así, al menos por el momento, lanzar esa bomba diplomática por lo que tiene de provocación para los palestinos, ya que supone el reconocimiento de la ciudad como capital israelí, cuando se trata de un territorio disputado y objeto de negociación.


La promesa electoral empezó a enfriarse en los últimos días y este miércoles, a punto de comenzar el primer viaje internacional de Trump como presidente, que le llevará a Israel, se ha dado por finiquitada, según fuentes de la Administración citadas por Bloomberg. Otras fuentes, citadas por CNN o Reuters, también confirmaron que no habrá anuncio incendiario precisamente en medio de esa gira, si bien añaden que el plan no está enterrado para siempre. La realidad de la política internacional amortigua los excesos del neoyorquino, que se ha topado con la preocupación -en privado- de los propios israelíes por las consecuencias que pudiera tener semejante mudanza.

“No creemos que sea inteligente hacerlo ahora”, dijo la citada fuente, “hemos dejado muy claro cuál es nuestra posición”, añadió, pero “no queremos provocar a nadie cuando todo el mundo se está comportando muy bien”. La del traslado de la embajada, aunque polémica, no era una promesa inédita entre los candidatos americanos, el demócrata Bill Clinton también lo planteó en el pasado, pero nunca cristalizó. Queda por ver si Trump lo da oficialmente por muerto en algún momento lo deja en suspenso indefinidamente.

El republicano ha llegado a la Casa Blanca con un mensaje de mayor proximidad con Benjamin Netanyahu frente a su predecesor, Barack Obama. En el primer encuentro como presidente que mantuvo con el primer ministro israelí a mediados de febrero, el americano se alejó del compromiso de crear un Estado palestino -la llamada “solución de los dos Estados”- , pero tampoco defendió, al menos en público, su incendiaria propuesta sobre la embajada. A primeros de mayo también recibió al líder palestino, Mahmud Abbas, y anunció el inicio de un proceso de diálogo en busca de un acuerdo de acabe con este interminable conflicto.

En su gira, Trump se reunirá por separado con Netanyahu y con Abbas. Aunque la agenda no está confirmada, se espera que vea al primero en Jerusalén y al segundo en la ciudad cisjordana de Belén. Es una visita plagada de simbología y de sus consiguientes riesgos para un territorio turbulento desde hace décadas. El viaje del republicano también incluye una visita al Muro de las Lamentaciones, enclave sagrado para el judaísmo y también el Islam, anexionado a Israel en la guerra de 1967 y que los palestinos reclaman.

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