Pity Martínez, la figura, con Alario y Driussi muy cerca

El análisis individual de River en el Superclásico

Augusto Batalla (5): Como si cargara con el karma del Superclásico anterior cuando cometió aquel error grosero en el grito de Tevez en el Monumental, esta vez puso en partido a Boca justo cuando terminaba el primer tiempo y River estaba por irse al descanso con dos goles de ventaja. Calculó mal el tiro libre de Gago y, cuando quiso retroceder, ya era tarde. Luego, aunque cortó bien un centro amenazante de Peruzzi para Benedetto, no pudo escaparle a las dudas lógicas ante semejante falla. Eso sí, en el epílogo estuvo bien parado para responder ante los dos remates de Bou y de Peruzzi que paralizaron a River y que a él le sirvieron para no quedar otra vez como un villano Superclásico.



Jorge Moreira (5): Sufrió en la marca, tanto cuando se proyectó Fabra (en una, el colombiano quedó cara a cara con Batalla y pateó alto) como cuando debió cerrar (miró cómo Benedetto cabeceaba solo por arriba en el segundo tiempo). Al ataque pasó con claridad.

Jonatan Maidana (8): El marcador central ideal para cualquier situación y en especial para este tipo de partidos. Experiencia, fortaleza, presencia. Una columna para sostener a River desde atrás sacando y sacando, de arriba y de abajo.


Lucas Martínez Quarta (7): Su momento en el Superclásico fue un sensacional despeje en la línea, equivalente a un gol propio, ante un toque de Benedetto sin arquero. Al rato, también llegó justo para cortar un centro atrás de Fabra cuando Barrios sólo debía empujarla. Además, estuvo seguro de arriba y de abajo.


Milton Casco (-): El que peor la pasó: una dura falta de Gago en el primer minuto lo dejó sin Superclásico.


Ignacio Fernández (7): Claridad para manejar la pelota en el primer tiempo desde el medio y verticalidad para pisar el área. Casi convierte con un remate que se le fue apenas afuera. Tampoco se escondió cuando Boca, en el segundo período, con su entusiasmo no se rendía y, en el epílogo, tuvo la justeza para asistir a Driussi con un pase entre tres adversarios.


Leonardo Ponzio (7): El jefe de la mitad de la cancha, con la personalidad habitual. Muy valioso su aporte en un escenario más que caliente y adverso. En uno de sus cortes nació el primer gol de River.


Ariel Rojas (6): No pesó como otras veces, pero tampoco desentonó. Expuso despliegue y ubicación para colaborar en el equilibrio del equipo.


Gonzalo Martínez (9): Gozó el Superclásico consagratorio que le faltaba. Impactante para sacar el latigazo de aire en el primer gol; claro para poner a compañeros en situaciones nítidas de definición (por ejemplo, asistió en el segundo a Alario); imparable cada vez que encaró a Peruzzi. El mejor en un equipo de elevados rendimientos individuales. La figura.


Sebastián Driussi (8): Voló por todo el frente de ataque. Merecía ese cierre con grito eufórico en el tercer gol, tras un resolución perfecta contra un palo. Antes había estado cerca un par de veces y había metido el centro exacto para la pintura del Pity Martínez en el 1-0. Cada vez más jugador. Cada vez más goleador.


Lucas Alario (8): El peso específico que suele ofrecer un centrodelantero de élite. Expuso de entrada las dificultades de Vergini y de Insaurralde. Desequilibró con sus desplazamientos hacia afuera y con sus movimientos en diagonal. Así, por ejemplo, dejó una vez a Driussi solo de cara al gol. Y cuando le tocó definir, no perdonó. Un "9" colosal.


Camilo Mayada (5): Reemplazó a Casco y pasó por el Superclásico sin coronar aciertos trascendentes, pero también sin cometer errores decisivos tanto cuando en el primer tiempo lo atacó Pavón como cuando en el segundo fue Peruzzi quien más se soltó por su banda.


Rodrigo Mora (5): Sustituyó a Pity Martínez, pero no trascendió en los minutos que estuvo en cancha.


Carlos Auzqui (-): Entró por Alario y jugó menos de 20 minutos. Así como Batalla le dio vida a Boca, el ex Estudiantes tuvo en sus pies la chance de liquidar al puntero con el mano a mano que cualquiera sueña, pero la tiró afuera. Si Batalla no dibujaba la doble tapada del final, ¿qué se hubiera dicho de Auzqui? Había entrado por el exhausto Alario para tapar la banda por la que lastimaba Fabra.

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