jueves, 25 de mayo de 2017

Los presupuestos de Trump chocan con los territorios que le catapultaron

Los fuertes recortes propuestos desatan críticas entre los demócrata y también algunos republicanos

Amanda Mars
Washington, El País
El fuego amigo cae y caerá sobre los primeros presupuestos de Donald Trump. No solo los demócratas han prometido batalla contra unas cuentas que revelan un giro radical por parte de la nueva Administración estadounidense, sino que muchos de los congresistas conservadores los rechazan, ya que los recortes que plantea contra la América rural, por ejemplo, perjudican a sus votantes. La bendición a los presupuestos federales se antoja complicada, pese a la mayoría republicana en las cámaras, y el debate no ha hecho más que empezar.


Nada más presentar los presupuestos, el martes, varios analistas llamaron la atención sobre el error de doble contabilidad que recorre las cuentas: se apunta un incremento de ingresos públicos de dos billones de dólares gracias un mayor crecimiento económico que estaría espoleado por la prometida rebaja de impuestos de Trump. El pero es que la Casa Blanca ya había argumentado que la rebaja fiscal que plantean no pasaría factura a las arcas públicas porque quedaría compensada por la mayor actividad económica y sus consiguiente ingresos fiscales de más. Así que esos dos billones se cuentan dos veces.

Pero mientras economistas como Larry Summers (exsecretario del Tesoro estadounidense) clamaban al cielo por las matemáticas de Trump, en las cámaras legislativas de Washington había otros cálculos que preocupaban más: los cálculos electorales. Las elecciones legislativas de 2018 se ciernen sobre las negociaciones en torno al presupuesto federal de dicho año. Si salieran adelante tal y como están ahora redactadas, las cuentas de la nueva Administración americana se cebarían en una parte importante de la base de votantes que aupó a la presidencia a su autor.

La promesa menos impuestos y menos Estado sonó a música celestial en el tradicional votante conservador a lo largo de la campaña electoral, pero aplicado con dureza y traducido en dólares contantes y sonantes, puede causar un terremoto en los territorios más trumpistas. Un buen ejemplo en Kentucky, donde el empresario neoyorquino aplastó a Hillary Clinton, sacando el doble de votos que la demócrata. “Los recortes que proponen son draconianos, no son simples ahorros, son recortes muy muy profundos”, dijo el republicano Harold Rogers, congresista por ese estado, quien advirtió de que “aún no hemos visto cómo [los votantes de su distrito] reaccionarán a esas propuestas presupuestarias”.

Algunos distritos de Kentucky se verían gravemente afectados por el tijeretazo del presidente republicano a muchos programas sociales (el plan calcula un ahorro de 4,09 billones de dólares a lo largo de 10 años). La gran cifra tiene consecuencias muy concretas en el territorio, como un fondos de 146 millones de dólares que se usaban para reciclar profesionalmente a mineros desempleados, entre otras medidas.

A este ejemplo de Kentucky, se suman otros estados que catapultaron a Trump serían grandes damnificados de los presupuestos, por ejemplo, Georgia, Texas o Alabama en el capítulo de ayudas a la alimentación de los pobres. Ha habido más crítica conservadoras. También inquieta la repercusión de los ajustes en la atención médica a los desfavorecidos, que puede afectar a 10 millones de ciudadanos.

El senador republicano de Nevada Dean Heller calificó las cuentas de “anti-Nevada” y el senador Lindsey Graham aseguró que "han ingresado cadáver" en la Cámara. El líder de la mayoría republicana, Mitch McConnell, se mostró frío: “Tendremos en cuentas las recomendaciones del presidente, pero no serán determinantes”, dijo, aunque otros bendijeron la rebaja fiscal. Obama no pudo sacar adelante su presupuesto de 2017 como tal y se fueron pasando partidas. Nunca es fácil en EE UU. Los demócratas han enseñado las uñas. Su líder, Chuck Schumer, les lanzó una puya especial: “[A los republicanos] les disgusta casi tanto como a nosotros”.
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