jueves, 11 de mayo de 2017

Los kurdos toman una ciudad clave para la conquista de la ‘capital’ del ISIS

Milicias apoyadas por EE UU arrebatan el enclave de Tabqa y su estratégica presa al Estado Islámico

Juan Carlos Sanz
Corresponsal en Oriente Próximo
Jerusalén, El País
La alianza rebelde Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), una coalición dominada por las milicias kurdas y apoyada por Estados Unidos, ha tomado la ciudad de Tabqa, a unos 50 kilómetros al oeste de Raqa, la capital del Estado Islámico, según confirmó este jueves el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, una ONG con informadores sobre el terreno. Después de seis meses de batalla a los yihadistas, las Unidades de Protección del Pueblo (YPG, en sus siglas en kurdo) y sus aliados de la insurgencia suní han arrebatado al ISIS el enclave y su estratégica presa sobre el río Éufrates, que embalsa la mayor reserva de agua de Siria y tiene una importancia para el país equivalente a la de Asuán en Egipto. Poco después de que Washington anunciara que va a rearmar a los combatientes kurdos, la caída de Taqba en la noche del miércoles abre la puerta a la conquista de Raqa, el bastión desde donde el ISIS planifica sus acciones de terror en todo el mundo.


"Nuestras fuerzas se han apoderado de la presa y de la ciudad de Tabqa", aseguró a su vez Nasser Mansur, portavoz de las Fuerzas Democráticas Sirias. Desde noviembre de 2016 la coalición de milicias kurdas y árabes avanza en dirección a Raqa, que contaba con unos 250.000 habitantes en 2011, un censo que se ha reducido hasta 75.000 en más de seis años de guerra civil. Tras la conquista de la urbe por el ISIS en 2014, unos 10.000 yihadistas se instalaron junto con sus familias en el bastión del califato en Siria.

EE UU ha respaldado el avance del FDS con su aviación de combate y el despliegue sobre el terreno de cerca de un millar de miembros de sus fuerzas especiales. Una operación aerotransportada norteamericana situó a los milicianos kurdos en la ribera del Éufrates para poder lanzar el asalto final contra Tabqa, donde los yihadistas se habían hecho fuertes con campos minados, vehículos bomba y drones armados.

Las dudas suscitadas sobre la integridad de la presa y su central hidroeléctrica tras los bombardeos detuvieron los combates durante semanas. Ingenieros sirios tuvieron que reparar y abrir sus compuertas para evitar que el colapso de la estructura causara una catástrofe aguas abajo. La ONU advirtió de que podría producirse una inundación que llegaría hasta Deir Ezzor, a unos 150 kilómetros.

La capital siria del ISIS se encuentra ahora al alcance de las milicias rebeldes del FDS apoyadas por Washington. Previsiblemente, Raqa será sometida a un prolongado asedio en una nueva batalla barrio por barrio como la que se libra en Mosul, la gran capital del califato en el norte de Irak donde los yihadistas aún mantienen sus últimos reductos.

EE UU autorizó el lunes envío directo de armas a los combatientes de las YPG para acelerar el avance hacia Raqa, una decisión que ha provocado la oposición frontal de Turquía. El Gobierno de Ankara tachó de inaceptable la entrega de armamento a las milicias kurdas porque considera que se pone en riesgo su seguridad, debido a la estrecha relación de ese grupo con la guerrilla separatista del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que se alzó en armas contra el poder central turco en 1984 y está considerado una organización terrorista por la Unión Europea y EE UU.

El Gobierno de Washington ha suministrado armas y material logístico a las milicias kurdas de Siria desde 2014, aunque se trataba de armamento ligero. Posteriormente comenzó a suministrar vehículos blindados a las unidades árabes suníes de la coalición FDS. Ahora todos los miembros de esa alianza insurgente van a recibir "muy rápidamente", según un portavoz militar norteamericano, ametralladoras pesadas para responder a los vehículos bomba que lanza el ISIS contra sus filas, así como morteros, equipos para la detección de minas y transportes blindados. La Administración de Donald Trump no ha vacilado en rearmar a los kurdos de Siria pese a las advertencias del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. EE UU ha replicado a Ankara que se ha calibrado cuidadosamente el tipo de armamento entregado para que no suponga una amenaza para un país aliado en la OTAN.
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