jueves, 11 de mayo de 2017

La presencia de un fotógrafo del gobierno ruso en el Despacho Oval dispara las alarmas

La Casa Blanca vetó a los medios estadounidenses en la reunión de Trump con el ministro de exteriores de Vladímir Putin

Cristina F. Pereda
Washington, El País
Fue la imagen del día y puede marcar también toda la presidencia de Donald Trump.

Los personajes. El mandatario republicano, de pie, charlando sonriente en el Despacho Oval con el ministro de exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, y el embajador de ese país en Washington, Sergei Kislyak.


El momento. La reunión tuvo lugar horas después de haber fulminado la carrera del director del FBI, responsable de la investigación sobre la posible cooperación entre la campaña electoral de Trump y operativos del Kremlin en los ataques informáticos a la sede demócrata.

El autor. Un fotógrafo del gobierno ruso. El responsable de la fotografía puede haber creado una crisis de seguridad en la Casa Blanca, ya que se permitió entrar en la principal sala de reuniones del edificio presidencial a empleados del Kremlin.

El contexto. Kislyak está detrás de la caída del general y ex asesor de seguridad de Trump, Michael Flynn, por mentir sobre sus reuniones con él, así como del fiscal general Jeff Sessions, que ocultó haberle recibido dos veces en el Senado y que se vio forzado a apartarse de la investigación de la trama rusa en el Departamento de Justicia.

“¿Fue una buena idea dejar que un fotógrafo oficial del gobierno ruso entre con todo su equipo en el Despacho Oval?”, escribió en Twitter Colin Kahl, que fue asesor de seguridad nacional del vicepresidente demócrata Joe Biden. Kahl obtuvo pronto la respuesta de David Cohen, subdirector de la CIA durante la Administración Obama: “No, no lo fue”.

Además de los posibles problemas de seguridad —EE UU descubrió grabadoras en la sala del Departamento de Estado donde se reunía Madeleine Albright en los 90— la inusual situación ha provocado que publicaciones estadounidenses como el diario The New York Times lleven en portada este jueves una fotografía con la firma de la agencia de noticias rusa. La imagen retrata, además, una ocasión muy poco frecuente: la bienvenida a un ministro de asuntos exteriores de otro país en el Despacho Oval. Menos frecuente aún es que se trate de un país enemigo.

Otros medios, según una recopilación elaborada por POLITICO, deliberaron sobre cómo transmitir a su audiencia el hecho de que la imagen provenía de la cámara de un funcionario ruso y no de las principales agencias de noticias, ni siquiera de la fotógrafa oficial de la Casa Blanca. El Times lo ha calificado de “una especie de golpe de Estado de relaciones públicas” y ha servido para que el Kremlin tenga una prueba histórica de cómo dos altos cargos del gobierno de Putin estrecharon la mano al presidente de Estados Unidos, en la Casa Blanca, dentro del Despacho Oval.

La Casa Blanca defendió este jueves que el equipo ruso atravesó los mismos controles de seguridad que cualquier otro periodista que entra en el recinto presidencial. Fuentes anónimas han declarado también a varios medios que la Administración Trump fue “engañada” porque desconocían que el fotógrafo ruso “también enviaría las imágenes a la agencia de noticias estatal”. Es decir, pensaban que solo quería registrar el momento para el recuerdo. La Casa Blanca publicó este jueves, más de 24 horas después de la reunión, una serie de imágenes en su página de Flickr.

La intención de los rusos, sin embargo, quedó clara desde el momento en que esta agencia empezó a divulgar las escenas de la reunión en el Despacho Oval a través de sus cuentas en redes sociales y en Flickr. Cuando empezaron a circular, los periodistas de la Casa Blanca fueron invitados por sorpresa a entrar en la sala presidencial. Pero una vez dentro no encontraron a Lavrov junto a Trump. Tampoco estaba el embajador ruso, investigado en la trama de las elecciones. El presidente estaba sentado con el ex secretario de Estado de Richard Nixon, Henry Kissinger.
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