domingo, 28 de mayo de 2017

El penal que puede cambiar la definición del torneo

Agustín Rossi le cometió una infracción a Daniel Montenegro. Y Alejandro Romero Gamarra le dio a Huracán el empate ante Boca.

Clarín
Ya no quedaba tiempo para casi nada. Apenas para ese impulso final, para ese suspiro. Entonces, llegó la pelota al área de Boca, las dudas de la defensa, la torpeza del arquero Agustín Rossi y la viveza de Daniel Montenegro para transformar una infracción leve en un penalazo que reclamó todo el Palacio Ducó. Boca -con muy poco- le ganaba a Huracán 1-0 y se llevaba de Parque de los Patricios tres puntos relevantes en nombre de su deseo de ser campeón. El árbitro Darío Herrera sancionó la pena máxima. Entonces, mientras todo Boca protestaba y mientras el contorno esperaba con toda la ansiedad de tanto tiempo de padecimientos frente a los xeneizes, Alejandro Romero Gamarra -22 años, formado en La Quemita, más de 100 partidos en el club, dos títulos- agarró la pelota y se hizo cargo de la circunstancias. Era su remate y el final. Era el grito del desahogo o la victoria ajena. La pelota pesaba como toda una historia:Huracán no le convertía un gol a Boca en el Ducó desde 1998. Sí, casi dos décadas. Entonces, Kaku se paró frente a Rossi, pateó de zurda al palo derecho del arquero que fue hacia el otro lado. Uno a uno.


Esa escena final -ese gol que le pone más suspenso a la resolución del campeonato- terminó siendo el retrato de las consecuencias. Visto con los ojos de Huracán: un gol valioso para consolidar su continuidad en Primera. Visto con los ojos de Boca:una preocupación por el resultado que le permite a River quedar a tiro y una preocupación incluso mayor a consecuencia de su juego escaso.

Más allá del 1-1, el desarrollo dejó una sensación clara: Huracán -necesitado en la lucha por la permanencia- no fue menos que Boca -puntero de punta a punta- en casi ningún tramo. Yeso no habla maravillas del equipo de Juan Manuel Azconzábal, pone bajo la lupa las dificultades que está teniendo Boca. Se repite una verdad que también cuentan los números: Carlos Tevez, que jugó su último partido en diciembre, es una ausencia que se siente. Hay otra verdad en idéntico sentido:cuando no está Ricardo Centurión en el equipo, a Boca le falta capacidad para desequilibrar.

A Huracán le alcanzó con astucia y con orden para controlar a un Boca que en todo momento pareció a la expectativa de algún error local. Mariano González cerca de Fernando Gago; los laterales contra los extremos; la búsqueda del mano a mano por las bandas. Nada demasiado novedoso. Lógica pura al servicio de mantener a Boca lejos de Marcos Díaz. Le faltó, eso sí, la otra falta del libreto: la de atacar con profundidad y, sobre todo, la de definir. El dato es elocuente: desde la partida de Wanchope Abila, en junio del año pasado, ningún futbolista de Huracán convirtió más de dos goles en partidos del torneo.

Así, entre ese Boca con dificultades creativas y ese Huracán sin profundidad suficiente se armó un partido feo, con fricciones, más cerca de la mitad de la cancha que de las área, despojado de figuras. Pero siempre con una sensación latente: en cualquier momento, con una maniobra individual Boca lo emboca y se termina la historia.

Cuando al partido le quedaba un cuarto de hora, Darío Benedetto aprovechó un rechazo defectuoso de Fernando Cosciuc -en su único error en el día del estreno en Primera- y construyó él solito un golazo que mucho se parecía al parte de defunción para Huracán. Se notaba en cada uno de los costados:parecían todos convencidos de que se repetía la historia de los partidos ante Newell’s y San Lorenzo. Esa de merecer otra cosa y quedarse sin nada. Pero no. Esta vez no. Llegó esa última jugada, ese destello final, ese penal. Ese empate que el tiempo dirá si modifica o no el desenlace del torneo...
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